Meta Humanos
Una reflexión frente a un momento crítico
Podemos elegir al doctor que nos diga lo que queremos escuchar. O podemos elegir al que nos diga lo que necesitamos escuchar.
Imagine que llega a la sala de emergencias. Le dicen que espere. ¿Cuánto tiempo? Pregunta. “Sea paciente”, le responden. Intenta pedir ayuda. Escribe en redes que es inaudito el tiempo de espera. Sin embargo, el curso de acción parece, y es, inevitable. Esperar.
Finalmente, llega su momento. Pero antes de pasar a sala, le preguntan: “¿Qué prefiere, un doctor sincero o un doctor amable?” “¿Acaso no se puede ambos?”. “No”, le dicen, de la forma más fría y directa posible. “¿Me puede hacer saber por qué la pregunta?”. El médico respira. Le explica que usted tiene gangrena. Que mientras esperaba, el tejido siguió muriendo. Que la situación es crítica, y que tanto el doctor sincero como el doctor amable van a admitirle esto. Lo que los diferencia no es el diagnóstico. Lo que los diferencia es lo que viene después.
El doctor amable le va a hablar del futuro. Le va a describir con detalle las posibilidades, la vida que le espera. Le va a decir lo que usted quiere escuchar. Pero hay algo que ese doctor no puede garantizarle: que ese futuro exista.
El doctor sincero también le va a hablar del futuro. Pero primero le va a decir cuán enfermo está. Le va a proponer decisiones que van a parecer radicales. Decisiones que van a incomodar. Pero son exactamente esas decisiones las que, tomadas hoy, le van a incrementar significativamente las posibilidades de tener un mañana.
Usted está sentado. Escucha. Y en ese silencio entiende algo: no se puede hablar cómodamente del futuro cuando el presente está gangrenado.
Los guatemaltecos llevamos mucho tiempo esperando en esa sala. Escribiendo en redes. Protestando con las palabras justas. Mirando el reloj. Y mientras esperábamos, el tejido siguió muriendo.
La salida de Consuelo Porras no es la cura. Es, quizás, el momento en que por fin nos llaman a sala. Y ahora estamos ahí, sentados frente al diagnóstico. La pregunta ya no es si estamos enfermos. Eso lo sabemos. La pregunta es si estamos listos para escuchar cuánto.
Podemos elegir hablar del futuro como si ya estuviera garantizado, o podemos elegir construirlo con las decisiones que el presente exige.
¿Estamos listos para que un doctor nos diga la verdad, aunque duela? ¿Estamos dispuestos a aceptar decisiones que se vean radicales, sabiendo que son las únicas que pueden garantizarnos un futuro? ¿O preferimos seguir hablando del futuro con la comodidad de quien no sabe, o no quiere saber, lo que está en juego?
Porque hay algo que este momento nos exige con urgencia: valentía. Sin perdernos en cómo llegamos aquí, enfocarnos en nosotros mismos. Sobre qué tipo de pacientes queremos ser. Sobre si estamos dispuestos a escuchar, y tomar las decisiones necesarias.
Y aquí está lo que a veces olvidamos: el paciente tiene poder. No el de negociar con la enfermedad. Pero sí el poder más importante de todos —el de decidir—. Elegir es, desde tiempos inmemoriales, el regalo más profundo que se le ha dado al ser humano. Y, hoy, Guatemala tiene ese regalo en las manos.
Podemos elegir al doctor que nos diga lo que queremos escuchar. O podemos elegir al que nos diga lo que necesitamos escuchar. Podemos elegir seguir esperando, o podemos elegir actuar. Podemos elegir hablar del futuro como si ya estuviera garantizado, o podemos elegir construirlo con las decisiones que el presente exige.
Esta columna es producto de una conversación entre dos guatemaltecos que viven fuera del país: una joven estudiante en Berlín y un empresario migrante en Nueva York. Dos generaciones. Una misma pregunta al otro lado del teléfono: ¿qué significa la salida de Consuelo Porras? Te invitamos a que te unas a la reflexión en redes sociales y etiquetes a @nuevanarrativaguate