Meta humanos
Fiscal García Luna, la nación lo observa
Su objetivo no puede ser la venganza ni el rencor; debe ser la justicia.
Hasta el 20 de abril de este año, el hoy fiscal general García Luna era un desconocido para la gran mayoría de los guatemaltecos, con cuatro rondas de votación a viva voz y bajo la mirada de un país que ya no quiere secretos ni atajos, la comisión de postulación integró los seis nombres que llegaron a manos del presidente Arévalo.
Veremos entonces si decide virar hacia la integridad o si, por comodidad, sigue la corriente que tanto daño nos ha hecho.
Esos días muchos de nosotros escuchamos su nombre por primera vez, hasta que el 5 de mayo, el presidente de la República anunciaba como el gran logro de su gobierno la elección del nuevo fiscal general y jefe del Ministerio Público, más bien fue un sistema constitucional sólido el que protegió este cambio.
Para el gobierno a partir de este momento se acaban las excusas y debería acabar esta pelea sin sentido por quien hace menos las instituciones públicas. Este es sin duda un momento trascendental para la historia reciente del país, en la que el Ministerio Público ha sido una institución más política que jurídica.
Las fiscales anteriores han sido marcadas por eso. Desde la orden de la Corte de Constitucionalidad de incluir a Consuelo Porras, lo que marcaba una predisposición política a seleccionarla. El nuevo fiscal tiene la carga de sus antecesoras, pero también conoce el sistema, su experiencia como juez de Paz y magistrado en Corte de Apelaciones, le dan conocimiento de causa.
Al igual que millones de guatemaltecos, y a pesar de mi condición como joven y abogado no lo conozco fiscal García Luna, está usted hoy al frente de una institución de la cual más del 65% de la población no tiene una opinión favorable, hoy le prestamos nuestra confianza, y le damos el beneficio de la duda, lo poco que sabemos de usted es por sus propias palabras, pero lo conoceremos por sus actos. Por cómo empuña el timón cuando la tormenta de la impunidad amenaza con voltear la nave. Veremos entonces si decide virar hacia la integridad o si, por comodidad, sigue la corriente que tanto daño nos ha hecho. Los puestos son prestados, las tormentas se calman y unos años después toca estar del otro lado.
Su objetivo no puede ser la venganza ni el rencor; debe ser la justicia. Que quienes incumplan la ley, reciban las consecuencias directas de su incumplimiento. Un cambio inmediato será que únicamente los casos de especial trascendencia y por seguridad pública sean puestos bajo reserva, por lo demás en todos los casos, todas las partes procesales deben tener acceso al expediente. Los cambios deben ser progresivos cuando se pueda e inmediatos los que se ameriten, que las acciones contundentes vayan más allá de eliminar las rejas que protegían al MP; que sean acciones concretas que permitan retomar el rumbo de la investigación y retomar la dignidad en el ejercicio del servicio público.
El Ministerio Público es titular de la acción penal pública en Guatemala, y no por eso podemos olvidar que es un sujeto procesal más dentro del proceso. Como guatemaltecos debemos tener presente que todo lo actuado anteriormente por el Ministerio Público fue permitido por jueces, el ministerio público puede hacer las solicitudes que quiera pero es un juez quien toma la decisión, los cambios no pueden hacerse a medias, jamás ganaremos el partido contra la corrupción mientras el árbitro esté vendido. Esta vez fue el Ministerio Público, el siguiente paso es reforzar el sistema judicial.
Fiscal García Luna, la nación lo observa. No con odio ni rencor, sino con la esperanza realista de quien ha sufrido demasiado. Lo conoceremos por sus actos. Y ojalá esos actos nos lleven a puerto seguro: una Guatemala donde la justicia sea el viento a favor y no la tormenta que nos hunde.