Fundamentos

¿Ser faro o atalaya?

Nuestro país necesita más de esa luz que ilumina y no la que ciega.

Hay dos imágenes que, a pesar de compartir ciertos elementos, representan realidades completamente diferentes. Imaginen por un momento la imagen de un faro que, construido a la orilla de la playa, está iluminando hacia el mar. Por otro lado, piensen en una atalaya o torreta de guardia, una de esas que se utilizaban en los campos de concentración para vigilar a los recluidos en esas instalaciones de la muerte. Ambas edificaciones son altas, tienen luz, están ubicadas en un espacio que divide dos realidades. Pero, aunque tengan semejanzas, ambas cumplen propósitos completamente distintos y evocan sensaciones en los seres humanos totalmente diferentes. La primera inspira armonía y paz por la forma en que se integra al paisaje; la segunda inspira miedo y represión.


La política y quienes la practican tienen precisamente que hacer esta escogencia cuando se deciden lanzar al ruedo. Saben que cuando trasladan mensajes, cuando promueven ciertas causas, cuando debaten en público están precisamente proyectándose como una de estas dos imágenes. Y en esa medida será la reacción que provocarán en su audiencia.


Cuando un faro arroja luz en plena oscuridad, lo que hace es inspirar esperanza. Da una guía a los marinos y les indica el camino para llegar a casa. Cuando la atalaya arroja luz en la oscuridad, lo que busca es inspirar miedo, quiere proyectar control. En la política sucede igual. Hay dos maneras de movilizar a la sociedad. A través del estímulo de una causa compartida o buscando hacer que las personas actúen a través de causarles miedo. Aquello logra resultados sostenibles, aunque sea a mediano plazo; esto solo logra un éxito de corto plazo para terminar en fracaso a la vuelta de la esquina.

El papa León XIV da las claves para comportarse como faros en el complejo mundo de la política.


La imagen de un faro convoca. Las personas se ven atraídas hacia su forma, la función que desempeñan, el lugar que ocupan. Cuando el político y la política se construye con respeto, coherencia, atención a los otros, el resultado es atraer hacia sí a mas personas. Por el contrario, cuando la política se hace con la descalificación, el insulto, la mentira, puede llamar la atención, pero termina provocando repulsión. Precisamente como lo hace una atalaya cuando un visitante llega a los antiguos campos de concentración.


La luz que arroja un faro alcanza lejos e ilumina en todas direcciones. La política que busca cohesionar hace exactamente eso. Reconoce que hay diferencias, pero prefiere construir sobre lo que nos es común a todos. En cambio, la luz de una atalaya llega a pocos. No los ilumina, los encandila. Es como la política que se hace culpando a unos; la que se hace descalificando a estos o a aquellos solo porque es “conveniente”. Esa política, la de la atalaya, envenena a las sociedades y las corroe por dentro.


El papa León XIV, en su visita a España, hizo un magnífico discurso en el Parlamento, precisamente dirigiéndose a políticos de distintas ideologías. Él daba precisamente las claves de cómo ser faro en el complejo mundo de la política. Decía León, “que las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos, pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”. También apuntaba que aquellos que tienen responsabilidades públicas tienen una obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje, porque la firmeza no exige desprecio y la discrepancia no conlleva humillación.


Hoy que el país se apresta a iniciar un período preelectoral, es oportuno recordar estas palabras. En la política como en la sociedad se requiere más luz de la que ilumina y no de la que ciega. Necesitamos más faros y menos atalayas.

ESCRITO POR:

Roberto Ardón

Es abogado y notario. Cuenta con un posgrado en Empresas y Derechos Humanos y ha realizado estudios en gerencia de organizaciones empresariales, resolución de conflictos, estrategia de oratoria y análisis político. Desempeñó un alto puesto ejecutivo en la dirigencia gremial desde 1994 hasta 2023. Actualmente se desempeña como Gerente de Asuntos Corporativos de Banco Industrial. Ha sido catedrático titular del Instituto Latinoamericano de Gerencia de Organizaciones Empresariales y en dos universidades del país. Formó parte del grupo promotor en la constitución del Consejo Económico y Social (CES), y es egresado del Central American Leadership Initiative (CALI). Es autor de los libros “Los debates políticos en Guatemala” publicado en marzo de 2015; “Triunviratos”, presentado el 10 de julio de 2019: “El Caso No. 21”, en mayo de 2021, y de “Rivalidades”, septiembre de 2023. Es miembro de la junta directiva de la AGG, fundador del Foro de Profesionales Landivarianos y conductor del podcast Generaciones en Contraste.

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