Nota bene

Lecciones de vida, en un seminario

El Instituto Acton explora la fe y la libertad.

La semana pasada asistí a Acton University, en Grand Rapids, Míchigan, junto con alrededor de 900 personas provenientes de todo el mundo. Jóvenes estudiantes, monjas, sacerdotes, pastores, profesores, empresarios, abogados, filántropos, servidores sociales, políticos y más se dan cita anualmente, atraídos por la seriedad con la cual los organizadores contemplan cómo la virtud y la fe se entrelazan con los principios económicos sensatos. El Instituto Acton enseña que las estructuras económicas, políticas y morales correctas conducen al florecimiento humano, y abogan por una sociedad libre donde cada persona puede alcanzar su máximo potencial material y espiritual.


Esta edición de Acton University me recordó la importancia del diálogo respetuoso. El ethos de este seminario es contrario al griterío estéril típico de las redes sociales. En este evento no caben la burla, la humillación o la derrota del contrincante, ni vagos lugares comunes orientados a maximizar seguidores.


Con pausa y delicadeza se analizan temas vitales. Anticipamos que los demás expresarán ideas que quizás no hemos analizado. Conversamos desde la humildad, porque permanecemos abiertos al aprendizaje y buscamos la verdad; no la poseemos. Además, tenemos en cuenta la infinita dignidad y la valía intelectual de los demás.


Compartimos una poderosa convicción: la libertad es esencial, no solo para este clima dialogante, sino para mejorar la calidad de vida de nuestras sociedades. Es imperativo formular argumentos convincentes sobre las ventajas de la libertad. No podemos retirarnos del mundo ni conformarnos con habitar enclaves con quienes piensan igual que nosotros. Un conferenciante lo expresó así: esculpir un espacio de excepción para nuestras ideas y estilo de vida simplemente afianza la impresión de que la mentalidad iliberal merece retener una posición dominante. Debemos poder convencer a más personas sobre los beneficios de nuestra propuesta, también para quienes luchan por suprimir la libertad.

Un clima propicio para la empresarialidad


Otra lección de este seminario fue que en los ambientes de libertad económica se potencia la empresarialidad. Hasta un mecánico en una fábrica tiene madera de emprendedor, dijo un expositor. Él está siempre buscando innovar y crecer, y hacer su trabajo más eficientemente. Se esfuerza por servir mejor a los consumidores. Tendemos a subestimar el aporte del espíritu emprendedor al bienestar general. Además, es necesario cultivar actitudes emprendedoras fuera del mundo de los negocios: en el campo educativo, los servicios de salud, las artes, la investigación científica y más.


Los participantes en el seminario que deseaban participar en un servicio religioso madrugaban todas las mañanas. Me conmovió ver a decenas de sacerdotes cooficiar la misa católica, y escuchar al cantor entonar las melodías en latín que han inspirado a creyentes por dos milenios. La realidad adquiere brillo cuando nos sentimos llamados por Dios a una vocación laboral y personal.


Trabajamos no solo para acumular ganancias o prestigio, sino porque el Creador nos manda custodiar los bienes terrenales y darles un buen uso a los talentos recibidos. Por tanto, acometemos las tareas cotidianas con un sentido de integridad y atención al detalle, con excelencia, anticipando el impacto de nuestros actos en quienes nos rodean.


La fe en Dios nos da un sentido de propósito. Nos brinda una motivación sobrenatural para construir una sociedad respetuosa de los derechos concedidos por Dios; una sociedad centrada en la persona, que propicia la armonía y la cooperación voluntaria.

ESCRITO POR:

Carroll Ríos de Rodríguez

Miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES). Presidente del Instituto Fe y Libertad (IFYL). Catedrática de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).