Con otra mirada
XXIII Feria Internacional del Libro en Guatemala
Esa fiesta cultural es producto de empresarios soñadores.
La semana entrante empieza la XXIII Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua), que con la premisa “Vamos por un país de más lectores”, invita a la población a sumarse a la fiesta cultural. Lugar: Fórum Majadas, zona 11 capitalina, del 7-19Jun2026. Estará dedicada a la doctora Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de la Paz 1992, a la conmemoración de 30 años de la firma de los Acuerdos de Paz y a Alemania, país invitado.
Reconozco a la Premio Nobel y a la mujer que me representa; y celebro a las instituciones que la enaltecen.
Esa fiesta cultural es producto de empresarios soñadores aglutinados en la Gremial de Editores de Guatemala (GEG), que en el año 2000 crearon la figura Filgua, instituida junto al Ministerio de Cultura y Deportes. Ante su éxito y deseo de ampliar la difusión de la lectura, en 2023 idearon una versión para el resto del país con el sugerente título Libro al Viento; el pasado mes de mayo tuvo lugar la IV feria, para el Suroccidente, celebrada en Retalhuleu. La XXIII Filgua contará con 840 actividades, 214 presentaciones de libros; encuentros con autores, comentaristas y especialistas en diversos temas que serán abordados en intensas jornadas, a lo largo de 13 días.
En palabras de la embajadora de la República Federal de Alemania en Guatemala, Friederike Hellner: “La Filgua este año está dedicada a la Dra. Rigoberta Menchú. Ella dijo: ‘La paz es hija de la convivencia, de la educación y del diálogo’.
“Con estos elementos en mente, hemos elegido como tema de nuestra participación en la Filgua 2026: ‘Historias que construyen puentes’. Las historias construyen puentes que cruzan océanos, conectan pueblos, superan diferencias y generan entendimiento. Nos conectamos a través de las narrativas.
“En esta Filgua, nuestros tres temas centrales nos permitirán acercarnos aún más: la democracia y el Estado de derecho, la memoria histórica, y la presencia de los alemanes en Guatemala”.
Por aparte, cabe destacar la figura de la doctora Mechú Tum, líder k’iche’, defensora de los derechos humanos y, en particular, derechos de los pueblos indígenas; actuar que le valió ser nominada para el Premio Nobel de la Paz en 1992, que le fue otorgado, en un contexto social, político local y mundial, que en Guatemala no fue comprendido y sigue siendo despreciado a propósito. La causa, el racismo estructural implantado desde la misma llegada de Pedro de Alvarado al territorio nacional en el lejano 1542, cuando el 12 de febrero tuvo el encuentro con los guerreros k’iche’, comandados por Tecún Umán, uno de los Señores de la ciudad de Utatlán.
Racismo que sigue presente y manifiesto desde entonces.
Atanasio Tzul y Lucas Aguilar supieron en 1820 que la Constitución de Cádiz otorgaba a los indígenas los mismos derechos que a españoles y ladinos; aprovecharon para cortar los impuestos eclesiásticos y el tributo. Acción que alertó a los criollos sobre su liderazgo y que optaran por independizarse de su “madre patria”. La élite actual, que se considera su heredera, adoptó el racismo y la discriminación como insignia de dominación que expone en cada paso: niega la educación al pueblo, ignora la historia e inventa su falsa imagen. Lacras que en 1992, al conmemorarse 500 años del “descubrimiento” de América, surgieron flagrantemente para descalificar la figura de Rigoberta Menchú.
Para su disgusto, el mundo entero la reconoció como símbolo de reconciliación nacional. Icono que hoy aplaude el guatemalteco ajeno a las malformaciones sociales y culturales de la explotación, racismo y ninguneo, y el 70% de la población que no vota por el Pacto de Corruptos.
Reconozco a la Premio Nobel y a la mujer que me representa; y celebro a las instituciones que la enaltecen.