Registro akásico

Una caduca institucionalidad convertida en botín

Ausencia total de propuesta para cambios institucionales en el gobierno

“No oigo, soy de palo” sirve para señalar a la actitud de hacerse el sordo. Su origen parece ser del siglo XVIII, como fue reflejado en el refranero español de José María Sbarbi en el siglo siguiente. Tiene equivalentes como hacerse el sordo. En nuestro país se le agrega: “Soy de hule y me rebota”. Se trae a cuenta porque existe una falta absoluta de propuestas de programas de mejoramiento institucional; apenas, alguna propuesta en asociaciones ciudadanas para cambios en el sector justicia, centradas en las comisiones de postulación, alargamiento de los plazos de ejercicio judicial, nombramientos escalonados en las cortes, etc.

La finalidad de la lucha electoral debería ser la discusión de programas de cambio institucional.

Gran parte de las propuestas obedece al hartazgo en la intromisión globalista, donde se busca anular las decisiones de funcionarios designados constitucionalmente. Rectores de universidades recelosos de formar parte de los calificadores, pues están sujetos a activistas pagados para descalificaciones amplificadas en medios de comunicación.

Los cotizantes al IGSS representan el 23% de la PEA local; por lo tanto, la mayoría de los trabajadores carece de servicios de seguridad social. A esto se debe indicar el arrastre de una deuda aproximada de Q29 mil millones por parte del Estado, por las cuotas impagas del pasado. Difícil solucionar ese desajuste. Existe un valladar constitucional para una reforma a la manera mexicana, donde existe una entidad pública para los trabajadores estatales y otra para los contratados en las empresas privadas; mucho menos separar los programas de salud de los financieros. Mientras crezca la economía, se olvida el tema.

El otro monopolio es la universidad pública. Su modelo, originado en la Colonia, no ha variado. Se incumplen los plazos de renovación de autoridades; los estatutos y reglamentos internos originados durante el enfrentamiento armado dividen al profesorado entre quienes tienen el control académico y financiero, frente a catedráticos sin seguridad laboral; las elecciones de autoridades son un desastre, como se prueba en la reciente del rector. La creación de nuevas unidades académicas al margen de la ley orgánica genera dos agrupaciones: unas pocas facultades consideradas en la ley, y los marginados de los centros universitarios.

El programa clientelar, surgido del aumento de impuestos sin límite y el gasto público desenfrenado, es compartido. Todos proponen: construir cárceles y comedores gratuitos; aporte económico al adulto mayor, pero sin promover las casas de ancianos; edificar escuelas, pero sin preocuparse por la calidad de la educación; hospitales gratuitos donde se descuida la especialización; explotar a los basureros y consentir el flujo de basura en los ríos. Los famosos neoliberales de la última década del siglo pasado se han convertido en keynesianos gastones.

No existe propuesta de reordenamiento institucional; en otras palabras, una ley del Organismo Ejecutivo donde se reduzcan las secretarías y ministerios. La duplicidad de atribuciones, la contradicción de acciones y los requisitos para limitar los derechos de la ciudadanía no interesan. Los asesores en el Ejecutivo crearán otra secretaría y hasta un ministerio. Conviene un recuento de los altos funcionarios presentes en los subsiguientes gobiernos. Ese es el verdadero partido oficial.

Será un proceso electoral con seguras interferencias judiciales en contra del Tribunal Supremo Electoral, con multiplicidad de partidos e intromisión de organizaciones y gobiernos extranjeros, para producir un resultado a su conveniencia. Naturalmente, bajo el aplauso y llamado de vendepatrias locales.

ESCRITO POR:

Antonio Mosquera Aguilar

Doctor en Dinámica Humana por la Universidad Mariano Gálvez. Asesor jurídico de los refugiados guatemaltecos en México durante el enfrentamiento armado. Profesor de Universidad Regional y Universidad Galileo.