Registro akásico
Formando buenos ciudadanos
El Liceo Guatemala, 70 años de construcción al servicio de la juventud
En 1956, en la zona 5 de la Ciudad de Guatemala, se nombró Liceo Guatemala al colegio marista. Se trataba de una orden religiosa fundada en 1817, por San Marcelino Champagnat, en Francia, después de los agitados tiempos napoleónicos. Las escuelas carecían de apoyo financiero y la educación estaba a la deriva por la restauración borbónica. La nota distintiva fue ocupar un puesto al lado del altar, como signo de humildad; es decir, aunque efectuaban votos, no serían sacerdotes. Se dedicarían a la instrucción de la niñez desfavorecida, con alta calidad académica, para contribuir a una ciudadanía virtuosa. El apego a la Virgen María, de larga data en el catolicismo francés, impulsada por San Bernardo de Claraval en la Edad Media, estaba presente.
Los maristas llegaron al país en 1932, durante el gobierno de Ubico (1931-34), que permitió escuelas a cargo de órdenes religiosas. Trabajaron inicialmente en el tradicional Colegio de Infantes, del Arzobispado, en las instalaciones al lado de la Catedral. En la década de 1950, al incrementarse el alumnado, se trasladaron a la zona 5. Las aulas tenían techo de teja y un gran campo dedicado al deporte. El arzobispo Mariano Rossell y Arellano, en 1952, decidió recuperar su centro de enseñanza. En 1956, adquirió el nombre de Liceo Guatemala, se graduaron bachilleres e inauguró su capilla. El pasado domingo hubo una celebración, con presencia de exalumnos y representantes de las diferentes agrupaciones y fraternidades.
Los Hermanos Maristas, orden religiosa, forman conciencia de servicio y altos valores ciudadanos.
En el siglo pasado, se impartía docencia solo por religiosos. Gran parte de ellos tenían altos estudios en matemáticas, química y psicología. Perviven los recuerdos del hermano Feliciano, cuando transmitía los descubrimientos de los manuscritos de Nag Hammadi, cuando causaba conmoción su reciente descubrimiento. En la década de 1960, algunos maestros alternaban su estancia docente con los seminarios de posgrado, como el hermano Juan Martín, estudiante de Psicología en la Universidad de París. Fue una suerte contar con ese profesorado de alto perfil académico para quienes se formaron en esos años. El compromiso con la calidad educativa se plasmó en un edificio con auditorios escalonados para clases y laboratorios para experimentación de física y química.
Los hermanos se caracterizaron por su labor misionera en el centro del África. Los alumnos contribuían con parte de los fondos para refacciones para patrocinar esos trabajos. Muchas de sus sedes fueron atacadas por grupos armados de las facciones en guerra en Ruanda, Burundi y el Congo. Entre 1993 y 1996, una docena de hermanos fue asesinada. Destacan los llamados mártires de Bugobe, quienes, a pesar de las amenazas, habían acudido a prestar ayuda en el campo de refugiados de Nyamirangwe. En nuestro país, también hay casos de agresiones contra hermanos que realizaban labor social. En la propia escuela marista de Jocotales fue asesinado el hermano Moisés Cisneros Rodríguez, en 1991. No obstante, no se abandonó la misión de apoyo a la juventud.
Después de 1998, el Liceo se convirtió en coeducativo. También se integraron maestras para impulsar la labor docente, culminando en 2009 con la primera promoción mixta de bachilleres. Los trabajos han crecido, la orden tiene varios colegios y un tecnológico. El enfoque pastoral está dirigido a formar una congregación con religiosos, laicos maristas y, naturalmente, las comunidades educativas. Los exalumnos formados en el siglo pasado mantienen el cariño y respeto por la labor de sus maestros, tal como se manifestó en la celebración de estos 70 años del primer colegio marista: el Liceo Guatemala.