Comunitario
|

Guatemala cambia y su población envejece: por qué educación, salud y empleo serán determinantes

El 64% de la población de Guatemala tiene entre 15 y 64 años y puede aportar al desarrollo económico del país. Esto representa una ventana de oportunidad, pero el bono demográfico se reducirá con los años.

Tomas panorámicas de la ciudad de Guatemala.

Fotografía Prensa Libre: María Reneé Barrientos Gaytan. 30-06-2024.

Guatemala experimenta cambios demográficos y las necesidades de su población evolucionan. Las políticas públicas deben anticiparse a esa transformación para aprovechar las oportunidades del país. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)atemala pasa por cambios demográficos que .

Guatemala tenía 9.1 millones de habitantes en la década de 1990. Cinco de cada 10 eran menores de 15 años, las mujeres tenían en promedio cinco hijos y la esperanza de vida era de 62 años. Desde entonces, el perfil demográfico del país ha cambiado.

Para el 2026, la población se duplicó, la tasa de fecundidad ha disminuido a 2.3, una de cada dos personas reside en áreas urbanas y seis de cada 10 guatemaltecos están en edad de trabajar —tienen entre 15 y 64 años—.

A esa población joven que puede contribuir al crecimiento económico de un país se le conoce como bono demográfico. Todos los países lo atraviesan en algún momento, pero Guatemala está en el inicio de la ventana de oportunidad para aprovechar esta etapa, que no durará para siempre.

“Guatemala aún es bastante joven, pero va a envejecer, eso es inevitable; ahora tiene entre 5% y 6% de población mayor. Hay países que ya tienen entre un 25% o 30%. Cuba y Uruguay ya tienen una población envejecida, con una tasa de fecundidad muy por debajo del nivel de reemplazo”, indica Sabrina Juran, asesora regional de Datos y Dinámicas de Población en UNFPA para América Latina y el Caribe.

Por ello, las inversiones que el país necesita hacer en este momento demográfico son muy diferentes de las que requiere Uruguay. Juran señala que Guatemala debe enfocarse en tres aspectos: educación, salud y empleo, a fin de que el Estado se prepare y construya políticas públicas más oportunas, con presupuestos suficientes, para atender las necesidades del mañana.

Agrega que el bono demográfico es la ventana de oportunidad que permite cosechar un bono económico. Esa ventana seguirá abierta por unas décadas, pero, según las proyecciones, la fecha de cierre se acerca y las inversiones deben hacerse ahora, pues la generación que sostendrá al país en un futuro cercano ya nació.

Para el 2050, la proyección es de 22.7 millones de habitantes; la población menor de 15 años se reducirá a dos de cada 10, mientras que los mayores de 65 años serán uno de cada 10, con una esperanza de vida que superará los 78 años.

Ante esa transformación poblacional en el país, con más adultos mayores y un descenso en la natalidad, Carlos Mendoza, titular de la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan), señaló durante el Foro Resiliencia Demográfica que este “fenómeno no debe abordarse desde el temor ni desde la improvisación” y que lo importante es ser resilientes para adaptarse, anticiparse y preparar el país que necesitarán las próximas generaciones. Por ello, se actualiza el Plan Nacional de Desarrollo K’atun con una perspectiva hasta el 2052.

Baja la natalidad

Actualmente, el promedio de hijos por mujer en Guatemala es de 2.3, aún por encima del indicador de 2.1 hijos para garantizar el reemplazo generacional. Es lo que se conoce como tasa de reemplazo. Sin embargo, se anticipa que el país llegará a ese límite antes del 2030.

Dicho comportamiento se observa en las pirámides de población, en las que la base —que representa a la infancia— se achica con el paso de las décadas, mientras la parte media —correspondiente al sector joven— se ensancha.

“En 1990 teníamos una población bastante amplia de niños —0 a 14 años—, hacia el 2026 tenemos menos niños por el descenso de la fecundidad. Para el 2050, la base se hace más pequeña, seguro estaremos por debajo del nivel de reemplazo, quizás un hijo por mujer, pero todavía tenemos una pirámide de población no tan envejecida como en otros países de América Latina”.

Damaris Amezquita, analista de datos para población y desarrollo en el UNFPA Guatemala

Detrás de la disminución en la tasa de fecundidad hay factores estructurales que llevan a las mujeres a tener menos hijos. “Si no tienes un empleo, seguridad financiera, vivienda, acceso a bienes, se piensa dos veces cuándo y cuántos tener. Por otro lado, si inviertes más en tu educación, postergas la maternidad, pero esto tiene un efecto automático: el ciclo biológico ya no lo permite”, dice Amezquita.

Aunque el crecimiento poblacional sea más lento e incluso negativo, habrá una inercia demográfica, es decir, el cambio no será abrupto, sino paulatino. De esa cuenta, a partir de los hijos que se tengan en el 2026, las proyecciones señalan que para el 2070 el país alcanzaría entre 22 millones y 25 millones de habitantes, agrega.

Estos cambios son los que el país debe anticipar. Por ejemplo, en el caso de Educación, en la década de 1990 la apuesta estaba en el nivel de primaria; ahora el esfuerzo y el presupuesto deben enfocarse en la secundaria, para que más jóvenes tengan una formación que les permita ingresar a la universidad. Pero la inversión también debe estar en salud y empleo, para que guatemaltecos sanos tengan un trabajo formal y puedan contribuir al desarrollo económico del país.

La cobertura educativa debe extenderse al nivel medio para atender a la población joven del país. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Apostar por la educación

Guatemala tiene una proporción importante de población en edad de trabajar; sin embargo, la posibilidad de que encuentre un empleo formal y bien remunerado se ve condicionada por el bajo nivel educativo que alcanza.

El problema está relacionado con el limitado acceso a cursar la secundaria, pues históricamente el enfoque de país ha estado en atender la enseñanza primaria: para el 2025, la tasa neta de población estudiantil en la primaria era del 94.5%, pero al pasar a básicos se redujo al 55.29% y descendió más en el salto a diversificado, que llegó al 27.52%, según datos del Anuario Estadístico de la Educación. La mejora oscila entre uno y dos puntos porcentuales en seis años, como revelan los datos oficiales.

Por otro lado, en el sector público hay una baja cobertura del nivel medio. El año pasado, el 38.7% de los establecimientos que impartían básicos pertenecían al sector oficial, y para diversificado era el 13.8%. La educación en este nivel descansa en el sector privado, lo que frena a los jóvenes de escasos recursos para continuar con sus estudios.

Damaris Amezquita, analista de datos para población y desarrollo en el UNFPA Guatemala, señala que la situación es más crítica en las áreas rurales. En Alta Verapaz, por ejemplo, la matrícula del 2025 en el nivel de básicos era de 3 mil 64 estudiantes y el 33% estaba en un establecimiento oficial. En el diversificado, se contaban 2 mil 422 estudiantes; el 14% pertenecía al sector público.

“No hay acceso a la educación, muchos jóvenes están fuera del sistema educativo y por lo tanto no tienen las mismas oportunidades laborales”.

indica Sabrina Juran, asesora regional de datos y dinámicas de población en UNFPA para América Latina y el Caribe

Pero ser mujer complica el panorama, pues la carga de cuidados en el hogar se relega a ellas e impide que continúen con su proyecto de vida y se incorporen al mercado laboral.

Se suma el embarazo adolescente, que es una de las causas de deserción escolar en mujeres. En el primer semestre del 2026, se registraron 30 mil 998 nacimientos de madres entre 10 y 19 años.

Con la finalidad de ampliar la cobertura educativa en el nivel medio, el Ministerio de Educación creó 500 institutos de secundaria en infraestructura ya existente, con prioridad en territorios históricamente rezagados.

“Hay que asegurar que los niños se queden en la escuela, y que se queden por más años. Pero también hay que aumentar la calidad de la educación, para optar a mejores empleos”, indica Juran, pues hay puestos que requieren un capital humano más capacitado, pero no hay quién los ocupe.

Guatemala atraviesa una transición epidemiológica en la que aumentan las enfermedades crónicas entre la población adulta. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Población sana

La transición demográfica también está acompañada de una transición epidemiológica. Las enfermedades que aquejan a la población cambian a través del tiempo y el sistema de salud debe adaptarse a esta realidad, según los expertos.

Años atrás, la prioridad era atender las enfermedades infecciosas y el presupuesto del sistema de salud se destinaba a tal fin. Ahora los padecimientos crónicos son más recurrentes entre la población adulta.

Sabrina Juran, asesora regional de datos y dinámicas de población en UNFPA para América Latina y el Caribe, indica que una persona de mayor edad tiene complicaciones de salud diferentes de las de un joven y los servicios de salud deben amoldarse a esta realidad, que se agudiza en el país.

“Para tener servicios adecuados en esta transición epidemiológica, tenemos que modificar el currículum de nuestros estudios de Medicina. No podemos pensar en cambiar los servicios si no tenemos a la gente capacitada”, agrega.

El Estudio epidemiológico de las enfermedades no transmisibles en Guatemala, realizado por la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa), analizó la evolución en el país de cuatro enfermedades: hipertensión, diabetes, insuficiencia renal crónica y cáncer, entre el 2010 y el 2019, y concluyó que en una década los casos se duplicaron.

Las enfermedades crónicas crean sobrecarga en el sistema de salud pública, en el Seguro Social y en la economía de los hogares, pues requieren tratamiento y cuidado prolongado —incluso de por vida—. También tienen un impacto en la economía del país, pues el rango de edad de los guatemaltecos con estos padecimientos oscila entre 20 y 70 años, quienes conforman la fuerza productiva del país.

Ejemplo de lo anterior es que solo en el 2026, hasta el 4 de julio, el Ministerio de Salud reporta 11 mil 558 casos de enfermedad renal. La tasa de prevalencia en la población entre 20 y 59 años es de 81.3 por cada 100 mil habitantes, cuando en el 2025 era de 57.3.

Guatemala tiene una alta proporción de población joven, pero para que pueda contribuir al crecimiento económico debe estar saludable, indica Juran. Por ello, las políticas públicas deben encaminarse hacia un sistema de salud que se anticipe al cambio epidemiológico que enfrenta el país, pues para el 2050 se espera que el 11.9% de la población tenga 65 años o más y requerirá mayor atención y cuidados.

Guatemala debe crear oportunidades de empleo formal para los jóvenes que conforman el bono demográfico. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Formalizar el empleo

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2023 (Encovi), siete de cada 10 guatemaltecos potencialmente productivos trabajan en la informalidad: no tienen contrato de trabajo, estabilidad laboral, prestaciones de ley ni protección social.

Las brechas entre la población son significativas, pues, al concentrarse en los jóvenes de 15 a 24 años, el 45.6% está en el área metropolitana, el 71.3% en el resto urbano y el 82.7% en el área rural.

“Un joven que no tiene oportunidades en su país, en su comunidad, muy probablemente migre o caiga en pobreza. Si hoy no tiene un empleo formal, hacia el 2050, que es un periodo intermedio que planteamos, vamos a tener menos oportunidades para aprovechar y cosechar ese bono demográfico”.

Damaris Amezquita, analista de datos para población y desarrollo en el UNFPA Guatemala

También se debe considerar que hay jóvenes que realizan trabajo no remunerado en los cultivos o negocios familiares y en el hogar, que no reciben un pago y tampoco tienen oportunidades de estudio. En ese universo, la mayoría son mujeres que realizan labores de cuidado.

Amezquita indica que solo uno de cada 10 jóvenes que trabaja aporta al seguro social, lo cual implica que no gozará de una jubilación cuando sea adulto mayor. La proyección para el 2050 es que la esperanza de vida llegue a 78 años, con lo que pasará más años sin una pensión.

La baja escolaridad y la escasa capacitación del recurso humano que exigen los empleadores alimentan el trabajo informal. De esa cuenta, Juran hace hincapié en invertir desde ya en formalizar el mercado laboral y en fortalecer el sistema educativo, para que los niños de hoy se conviertan en los jóvenes que sostendrán la economía del país cuando lleguen a una edad productiva.

“La generación para la cual ahora estamos planificando ya nació, y los proyectos, las inversiones, toman tiempo para madurar”, dice Juran, pues hay que fortalecer la capacidad del Estado para anticiparse al cambio demográfico que atraviesa el país; hay que se resilientes y prepararse a las necesidades de las próximas generaciones.

Actualmente, cerca del 5% de los guatemaltecos es mayor de 65 años, pero en 24 años aumentará al 11.9%, con una población más longeva. No hay que ver la vejez como una dependencia, pues esta población también puede contribuir a la economía, agrega.

Guatemala puede aprovechar plenamente su bono demográfico abordando también las brechas de género, ya que actualmente solo el 47.2% de las mujeres participa en el mercado laboral y ellas realizan el 81.2% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, según datos oficiales.

ESCRITO POR:

Ana Lucía Ola

Periodista de Prensa Libre especializada en temas comunitarios, con énfasis en Salud y Educación, con 17 años de experiencia. Reconocida con el Premio de Prensa Libre en categoría Reportaje, en 2019. Premio de la UPANA por Informar a la población guatemalteca sobre la realidad en nutrición y desnutrición en el país, en 2019. Diplomado El periodismo en la era digital como agente y líder de la transformación digital impartido por el Tecnológico de Monterrey.