Deporte Nacional
Wilson Chonay: de pensar en el retiro a conquistar el podio de la Vuelta a Guatemala
A sus 23 años, estuvo cerca de abandonar el ciclismo por las caídas y las lesiones. La Vuelta le devolvió la confianza y confirmó su talento.
Wilson Chonay celebra su tercer lugar en la 65 Vuelta a Guatemala, donde fue el mejor nacional. (Foto Prensa Libre: Douglas Suruy)
Wilson Chonay Batz estuvo cerca de abandonar el ciclismo a principios del 2026. Las constantes caídas, las lesiones y las dificultades para recuperarse lo llevaron a cuestionar su futuro en este deporte. Sin embargo, a sus 23 años encontró motivos para continuar y la 65 Vuelta a Guatemala le devolvió la confianza: terminó tercero de la clasificación general individual y se convirtió en el mejor guatemalteco de la competencia.
El ciclista del equipo Hino-One-La Red-Suzuki registró un tiempo de 35 horas, 10 minutos y ocho segundos, a un minuto y 40 segundos del colombiano Jhonatan Chaves, campeón de la ronda nacional. Pero detrás de ese resultado hay una historia marcada por la perseverancia y la capacidad de levantarse ante las adversidades.
En el 2024, Chonay sufrió una caída durante el descenso de Alaska que le provocó una lesión en la muñeca y heridas en el brazo derecho. Tiempo después, fue arrollado por un vehículo en Zaragoza, Chimaltenango, accidente que le ocasionó una fractura de clavícula. A principios de este año, otra caída afectó su rodilla y debilitó su motivación.
“Este año casi era el que me iba a retirar, la verdad”, recordó.
En los momentos más difíciles encontró respaldo en su madre, Juana Batz Chonay, y en personas fundamentales para su carrera, como su amigo y entrenador Óscar Serech y Alfredo Ajpacajá, quienes confiaron en sus condiciones y lo animaron a continuar.
“Él me decía que no me desanimara, que yo podía lograr cosas. Me dijo que sabía de mis cualidades y que en esta Vuelta me iría bien”, contó sobre los consejos de Ajpacajá.
Una vida de sacrificios
La historia de Chonay también está marcada por el esfuerzo familiar. Cuando tenía alrededor de 13 años falleció su padre y tuvo que trabajar junto a su hermano en el cultivo de fresas para ayudar a sacar adelante a su familia.
Desde hace aproximadamente tres años se dedica de lleno al ciclismo, una oportunidad que ha conseguido gracias al respaldo de su equipo, que le ha permitido concentrarse en su preparación y en las competencias.
Su camino hacia la Vuelta comenzó después de los campeonatos nacionales de junio. Participó en la Vuelta a Colombia y en la Vuelta a Honduras, donde consiguió la victoria junto a su equipo. Tras esos compromisos, ajustaron las cargas de entrenamiento para llegar en buenas condiciones a la ronda guatemalteca.
Uno de los momentos más complicados llegó en la sexta etapa, con destino a San Marcos. Chonay sufrió una caída y tuvo que regresar al grupo de los punteros con una bicicleta que le prestó su compañero Víctor Tuiz.
La etapa reina, con llegada a Quetzaltenango, también tuvo un significado especial. El ciclista conocía el recorrido gracias a los campamentos que organiza su equipo en esa región. Además, recordó el respaldo de los aficionados, especialmente en Santa Apolonia y Tecpán Guatemala, Chimaltenango, donde lo esperaban pobladores, amigos y familiares.
Chonay destacó que la unión de sus compañeros fue determinante durante las 10 etapas, especialmente después de la caída en San Marcos. El préstamo de la bicicleta y el apoyo durante el abastecimiento le permitieron seguir en competencia.
Ese esfuerzo colectivo también dio frutos para el equipo Hino-One-La Red-Suzuki, que finalizó como segundo mejor conjunto de la Vuelta. Para Chonay, el tercer puesto individual y el reconocimiento como mejor guatemalteco representan mucho más que un resultado deportivo: son la recompensa de una temporada en la que estuvo a punto de rendirse.

