Prosperidad ¿para quién?
Si bien es cierto, la donación parece estar destinada formalmente al fortalecimiento de la economía, seguridad y justicia de los países en general, realmente su propuesta es una reacción a la migración irregular incontenible, especialmente después del éxodo de menores de edad que alcanzó su pico a mediados del 2014, calificado por el mismo presidente Obama como una crisis humanitaria.
Tal como escribió recientemente el vicepresidente Biden en un reconocido medio escrito, la Casa Blanca propone esta donación como la forma idónea para alcanzar un objetivo primordial: detener la migración irregular, atacando el problema de raíz. De hecho, en
Washington el tema está siendo tratado como un tema de seguridad interna, además de uno de cooperación internacional.
Por su parte, Guatemala anunció que, de recibirse, concentrará la donación en 11 departamentos. Lo curioso es que el área geográfica beneficiada, según la declaración, está situada totalmente opuesta en el mapa nacional a los departamentos que, histórica y actualmente, han generado más migración interna y al exterior.
De amplio conocimiento es que los mayores focos de migración se encuentran en los departamentos del altiplano occidental. Basta con revisar la información publicada por la Guardia Fronteriza sobre la proveniencia de los niños que aparecieron en la frontera, para conocer que la mayoría afirmó venir de Huehuetenango, San Marcos, Quetzaltenango, Quiché y Totonicapán. Sin embargo, el plan guatemalteco propone beneficiar especialmente a Zacapa, Chiquimula, Jutiapa, Santa Rosa, Jalapa, El Progreso, Quetzaltenango, las Verapaces, Escuintla y Retalhuleu.
Tal como se ha planteado, el plan es difícil de comprender. Tremenda decepción podría tener el pueblo donante si espera desincentivar el viaje de un muchacho huehueteco poptí, por ejemplo, mediante la construcción de una maquila en Guastatoya, Gualán o Chiquimula.
En Washington, esta propuesta tiene un alto costo político para su presidente, por la fuerte oposición de quienes prefieren invertir en seguridad fronteriza y que además son reacios a confiar en la transparencia de nuestros gobiernos. No hay que olvidar al senador McCain, a quien el tropel en la frontera lo desbalanceó, llegando incluso a proponer la suspensión de toda cooperación hacia Centroamérica, hasta que nosotros mismos cerráramos el chorro humano.
La migración infantil no es cosa del pasado; más bien da muestras de no querer ceder. Según fuentes oficiales, solo en enero último, la deportación de niños desde territorio mexicano creció en un 165%, en relación con el mismo mes del 2014.
Es necesario que el Comisionado tome en cuenta a los sujetos de esta crisis. De lo contrario, sin consulta ni beneficio, serán esos menores y familias que aparecen hacinadas en las fotos de los albergues, quienes teñidos de sudor y sangre por su travesía hacia el norte, habrán pagado el precio de una jugosa fortuna que beneficiará al resto del país, menos a sus comunidades.
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