LA BUENA NOTICIA

Servir y servirse

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Es común ver en cursos de know how, en retiros, en escritos para la pared de la habitación la conocida frase de R. Tagore (1861-1941): “Soñé que la vida era felicidad; desperté y vi que era servicio, serví y encontré la felicidad”, y la misma es un buen comentario “para todo credo religioso o no” de la Buena Noticia de hoy: seguido “de cerca físicamente”, pero “a distancia en el corazón” Cristo sube a Jerusalén a dar el “servicio más grande de la historia de la Humanidad”: aquel servicio ya insinuado por Isaías, profeta seis siglos antes: “Mi siervo (=servidor) dará su vida por los demás”. Curiosamente la traducción de la frase hebrea (masar nafshú: dar su “néfesh” o alma o vida) coindice con lo dicho por el mismo Cristo en Juan 10, 11: “El buen pastor da su vida (en griego = psiquén títhesin) por las ovejas”. Aun cuando su “servicio redentor” es único e irrepetible, él da ejemplo de lo dicho por los santos a todos los jefes de familia, de Estado, de comunidad: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”: Teresa de Calcuta (1910 – 1997. Pero hoy, en el Evangelio, aquellos que “le siguen” no piensan como él: quieren los primeros puestos en la escala social (¡puede ser también la eclesial!, denuncia el papa Francisco): donde lo que desean es “servirse con la cuchara mayor” se dice en chapín; donde al contrario de la lógica elemental de la organización comunitaria, resulta que “los que están arriba —jefes— dominan y oprimen “como si fueran los dueños”, aclara el mismo Jesús.

El desencanto de los pueblos en un ejercicio tal de la autoridad, ha llenado los últimos siglos con protestas y “revoluciones” y, sin embargo, el fenómeno de mezclar “autoridad/poder/y “autoservicio” de aprovechamiento impiadoso de la “res pública” sigue siendo común en tantas naciones “democráticas”, donde para conservar el poder se justifican las argucias de la desinformación popular, la compra de voluntades, las alianzas estratégicas, etc.: todas recomendadas por N. Maquiavelo (1469-1527) en su manual de gobierno El Príncipe. Así, hay algo que no se tolera en el corazón de la sociedad y es allí donde no se alcanza aquel “mínimo acuerdo de obediencia” que señalaba Max Weber (1864-1920) para poder ejercer la autoridad: se cae en la ingobernabilidad. La Doctrina Social de la Iglesia ha indicado siempre que autoridad es “servir el ejercicio del poder con justicia” desde un orden moral también personal e imprescindible para ese servicio. Autoridad proviene del latín “auctoritas”: lo que hace crecer, lo que se tiene y se da para provecho de otro; en resumen, un vago pero acertado espejo de la actitud de Cristo: servir es darse, dar la vida en muchas formas, y no lo contrario: “servirse para la propia vida”. Dentro de ocho días se tendrá en Guatemala una “segunda ronda electoral”: esa elección deber ser de “servidores” antes que de autócratas (self-service “del poder”): que los mismos electores tengamos la mano en la conciencia sobre cómo servimos en la familia, en la comunidad y elijamos bien. Y que el Sínodo de la Familia, que culmina ese mismo día, invite a hacer de cada familia “escuela de servicio, de amor, de sacrificio para el otro” para que sea esa familia el fermento de una sociedad de servidores, según el ejemplo de María, Reina del Rosario, que se definió con las palabras de su Hijo Servidor: “He aquí la esclava (=servidora) del Señor”.

ESCRITO POR:

Víctor Hugo Palma Paul

Doctor en Teología, en Roma. Obispo de Escuintla. Responsable de Comunicaciones de la CEG.

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