¿Cómo fue su niñez?
Fue bastante dura, mis padres se separaron cuando tenía 6 años y me tuve que ir a vivir con mi papá, pero él bebía demasiado y nos pegaba.
A los 12 años empecé a juntarme con pandilleros y, junto con eso, mi papá me truncó todos mis sueños. Primero corría, y él me dijo que nunca iba a lograr nada. Luego empecé a tocar guitarra porque quería ser un gran guitarrista, pero también me dijo que no servía para eso.
Vivíamos en San Pedro Sacatepéquez y alguien de la selección de futbol llegó a hacernos pruebas. Probé de portero y me dijeron que querían hablar con mi papá porque era bueno, pero él les dijo que no, que tenía que sobrevivir de otra manera.
¿Cómo fue su paso por las pandillas?
No me involucré directamente con ellos, pero sí estuve en contacto. Me mandaban a asaltar y robar, tenía un revólver calibre 38 a los 12 años, hasta que un día llegaron a ponerme una pistola en la cabeza.
Era un amigo que me dijo que lo habían mandado a matarme, pero me dijo que me desapareciera, que me fuera de ese lugar.
Mataron a muchos amigos míos, otros están presos. Me hundí en el alcohol, probé muchas drogas, sobre todo la cocaína. Me salí de mi casa y empecé a dormir donde cayera el sol, en un mercado, en una gasolinera, donde fuera.
¿Cómo salió de eso?
Un día estábamos tomando y drogándonos con una amiga que se llamaba Mónica, no sé si aún sigue viva, pero ese día hablamos con un desconocido, con quien estuvimos loqueando. Cerró un bar y me pegué una sobredosis de droga.
Al siguiente día nos fuimos al puerto y de regreso reaccioné y le pedí a Dios que me sacara de eso, que si llegaba bien a mi casa ya no iba a hacer esas cosas. Desde entonces tengo ocho años de no probar ninguna droga.
Miraba que muchos amigos salían en la prensa, enchachados o enjuiciados por hacer muchas cosas, y ahí dije que quería también salir en la prensa, pero por algo bueno, no por delincuente.
Siempre dije que quería ser alguien en la vida, me sentía desesperado porque no lo lograba, pero siempre tuve esa mentalidad.
¿Cuando empezó a cambiar su vida?
Mi mamá me buscó cuando tenía 21 años y ahí mi vida cambió.
Empezamos a vivir con ella y mi padrastro. Cuando llegué a la casa solo llevaba unos trastos y una escoba. Dormíamos como cayera, con cinco personas en un solo cuarto. Ahí mi mamá tenía refrigeradora y sus muebles, pero fui feliz desde ese momento.
¿Cómo se involucró en el deporte?
El esposo de mi mamá estuvo en la milicia y me obligó a correr. Tenía miedo de volver a fracasar, pero le hice caso y empecé a hacerlo.
Un día estaba corriendo en la avenida Bolívar y en la entrada de un restaurante se me atravesó un carro y cuando vi era —el futbolista— Gonzalo Romero. No me habló, solo se me quedó viendo y me dije que un día iba a ser igual o más famoso que él.
Seguí corriendo y regresé a mi casa pensando en eso, aunque nunca me imaginé que sería en la marcha en donde destacaría.
¿Cómo llegó la marcha?
Llegó a mi vida en el 2009. Conocí a Luis García Bechinie, quien era amigo del dueño de una maquila donde trabajaba.
Me fui a trabajar con él porque también tiene una pequeña maquila y empecé a practicar marcha en la madrugada y luego a trabajar, pero lo que ganaba era muy poco y tenía que ayudar en mi casa.
En febrero del 2010 tuve mi primera competencia en la Avenida de La Reforma y ocupé el último lugar de la prueba. Ahí pensé que el deporte no era para mí y tenía que dejarlo y buscar un trabajo mejor remunerado.
Me retiré y empecé a trabajar de nuevo en la primera maquila. Eso fue clave, porque el jefe de ese lugar me dio su puesto para participar en el Medio Maratón de Cobán y ahí una persona que me vio en la competencia de La Reforma me comentó que había un nuevo entrenador de marcha y que probara.
Me acerque a Rigoberto Medina y me dijo que le regalara un año de mis entrenamientos, pero sin paga alguna. Hablé con mi mamá y me dijo que me ayudaría, pero solo si creía que realmente podría sobresalir en la marcha.
Mi idea era entrenarme, sacar mi visa por alguna competencia en Estados Unidos y quedarme allá trabajando, pero nunca se dio la oportunidad.
Mucha gente me apoyó, como Maribel Palma —le compró su primer par de tenis—, quien me ayudó incondicionalmente y fue así como pude dedicarme cien por ciento a la marcha.
¿Cómo llegaron los resultados?
Fui a El Salvador y logré un segundo lugar en una Copa Centroamericana. Con los viáticos que nos dieron compré todos los periódicos de ese país, porque salí en todos y me puse a llorar de felicidad.
Cuando regresé a Guatemala mi mamá me dijo que estábamos en crisis financiera y que debía dejar la marcha y buscar un trabajo, pero luego de un par de días me dijo que mejor continuara en el deporte, aunque no se veía que tuviera mucho respaldo. Seguí y luego las cosas cambiaron, porque fui a competir a Europa y se tomó un nuevo nivel.
¿Dónde cambió todo?
Teníamos poca ayuda, hasta que fuimos a los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, donde gané bronce en los 50 kilómetros. Ese fue un antes y un después, porque el apoyo económico empezó a llegar y nuestra vida cambió. Pasé de ganar Q600 mensuales a una mejor cantidad.
Obtuvo el puesto 13 en los 20 kilómetros en el Mundial de Atletismo de Moscú. ¿Qué pasó por su mente en ese instante?
Mi entrenador no estaba de acuerdo con la posición, quería un mejor puesto, pero le dije que después de todo lo que había pasado en mi vida, de dormir en las calles, a la par de pegamenteros, pasar por el alcoholismo y drogadicción, había sido una bendición ese lugar.
Pensé en todo eso y sabía que todo lo que uno se propone se puede lograr, que no hay imposibles.
Orgullo de Mixco
Jaime DanielQuiyuch nació el 24 de abril de 1988, en la ciudad capital. Tiene 25 años. Sus padres son Delmy Castañeda y Jaime Quiyuch, quienes se separaron cuando él tenía 6.
Tiene ochohermanos: Jeremy —falleció en el 2012—, Byron, Alejandra, Brayan, Jackelin, Marcela, Ricardo y Daniela.
Antes de la marcha trabajó en un taller mecánico y en dos maquilas, pero de niño ayudó a su mamá a vender antojitos típicos en la ciudad.
Su esposa esla marchista Jamy Franco, con quien se casó a escondidas antes de los Panamericanos de Guadalajara 2011. Es católico y devoto de la Virgen de Guadalupe.
Actualmente esperan su primer hijo.
Uno de sus pasatiempos es la crianza de perros pitbull, además tiene una gran cantidad de mascotas en su casa, como gatos y periquitas.
Daniel está entre los mejores del área
El guatemalteco Jaime Quiyuch es de los líderes de la selección guatemalteca de marcha. Junto a Érick Barrondo ha logrado resultados positivos para el país en eventos mundiales.
Su mejor actuación fue en el Mundial de Atletismo de Moscú, Rusia 2013, cuando ocupó el puesto 13 en la competencia de los 20 kilómetros de marcha, que finalizó en el estadio Luzhniki, de la capital rusa.
El 11 de agosto terminó como el mejor latinoamericano, con un tiempo de 1:23.24.
Antes de esa actuación, Quiyuch participó en una gira europea, donde destaco en varias competencias.
Una de ellas fue en el Gran Premio de Rio Maior, Portugal, donde ocupó la cuarta posición, con un tiempo de 1:23:58 en los 20 kilómetros.
En otras pruebas fue descalificado, pero asegura que eso le sirvió para tomar experiencia y destacar en el Mundial de Rusia.
Su primera aparición en un podio fue en la Copa Centroamericana de El Salvador, en el 2010, y en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, México, en 2011, ganó la medalla de bronce en los 50 kilómetros, a la par de dos mexicanos a quienes les dio batalla de inicio a fin.
Este año no participó en los Juegos Centroamericanos de San José, a petición de su entonces entrenador, Rigoberto Medina. Ahora está preparado para participar en los Juegos Bolivarianos de Trujillo, Perú, que se realizarán del 15 al 30 de noviembre.