Alfred Kaltschmitt
Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.
NOTAS DE Alfred Kaltschmitt
En el tapete de nuestra realidad nacional en foros y encuentros se describe nuestra realidad en todos los ámbitos que impactan el futuro del país, tratando de demostrarnos una ruta en picada negativa, como si fuese un cometa a punto de desaparecer en la atmósfera dura, hostil de la resistencia al cambio.
En noviembre del 2016 —y con el apoyo de más de cien diputados— fue aprobada de urgencia la ley que implementa la utilización de brazaletes electrónicos a reos que califiquen para medida sustitutiva. Se suponía que el Ministerio de Gobernación debía modificar su presupuesto en el 2017 para implementar el dispositivo de control.
Cómo nos suele suceder a los periodistas que hemos escrito por décadas, es imposible no repetir la misma posición sobre determinados temas cuyo abordaje sobrepasa las coyunturas y se vuelve agenda permanente pendiente.
Regreso de una visita a Corea del Sur impresionado del desarrollo y la prosperidad alcanzada por este país que en 1960 tenía un PIB per cápita de apenas US$158 y que hoy sobrepasa los US$28,000. Dos Coreas, una sumergida en la miseria, la represión y el subdesarrollo y la otra pujante, libre y próspera. En el índice de libertad humana, Corea del Sur ocupa el puesto número 29.
En la contraportada del libro se lee “Los guatemaltecos no poseen hoy una verdadera seguridad social. El IGSS, creado en otra época y en el que tantas esperanzas se depositaron, no alcanza a proporcionar jubilaciones y pensiones dignas ni a brindar una efectiva atención en salud. Su historia es frustrante: a pesar de algunos intentos de administrarlo de una mejor manera, no ha logrado convertirse en el instrumento que Guatemala necesita para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿Es por los hombres que lo han dirigido o se trata de un fallo mas profundo, de lo errada de su misma concepción?
En estos momentos de alta crispación política quiero aportar a esta reflexión la palabra “encrucijada” Del Drae: 1. “Lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos 2. Ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza. 3. Situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir.”
Un enero con fríos intensos y aires de alta crispación política se inició en el 2018. El tema del combate de la impunidad prosigue su hoja de ruta, reducida, para lamentos de unos y alegría de otros, a aforismos simplistas de “pacto de corruptos, etcétera...” Viene a colación el aforismo de Gustave Flaubert cuando dice: “El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente”.
“Dos momentos: El primero cuando los rayos del sol se cuelan entre las ramas altas de los árboles, regalándole la sombra a los cafetales de esta hermosa hacienda antigüeña por donde camino temprano en la mañana. Olor a tierra mojada y hojas haciéndose abono para obsequiarle sus nutrientes a las matas de café, cuyas hojas se encienden y se apagan con los rayos solares mañaneros.
La mirilla telescópica pareciera apuntar contra el blanco de la corrupción y la impunidad. El círculo con la cruz está encima del blanco. Se aprieta el gatillo, pero el tiro sale por la culata. No solo no da en el blanco, sino dispara a blancos que no son realmente blancos genuinos, incluidos los blancos dentro de la descripción expresa del acuerdo original de “combate a la impunidad”. La práctica conforme ha pasado el tiempo se centra en blancos movibles, de alto perfil político, motivados por presiones e intereses. La palabra impunidad se torna poco a poco impune…
Mantras, misas, incienso y cohetes y el 2018 nos abre la puerta cargando las mismas penas y todo el bagaje sociopolítico que como sociedad hemos construido a partir de quienes somos, como pensamos y como vivimos como guatemaltecos en las varias guatemalas que se entrelazan. Vivimos en un mundo pluricultural y multiétnico. Cada una de nuestras culturas, alumbra de alguna manera a la otra. Nos entrelazamos como una trenza multicolor, indígenas, ladinos, todos viviendo en diferentes esferas, pero en un mismo país.