Carolina Vásquez Araya

NOTAS DE Carolina Vásquez Araya

Algunos seres humanos vienen con carga adicional desde antes de nacer.
Los parámetros en donde se inscribe la cultura patriarcal permanecen inmutables.
No hay peor ofensa ni dolor más profundo que cuando hablas y no te creen.
Somos maestros de la evasión, con la capacidad de abstraernos del mundo real.
El abuso de las potencias no es nada nuevo, han actuado así desde hace mucho.
En nuestra ignorancia celebramos imágenes cuya crudeza debería golpearnos.
La polarización de las sociedades constituye un obstáculo difícil de derribar.
Atentos a cualquier signo de debilidad, los corruptos esperan…
La democracia es como el amor: para conservarla es preciso trabajar por ella, consolidarla a diario en el respeto por las leyes y los derechos de los otros, participar como ciudadanos y cultivar ideales comunes en la búsqueda de la igualdad, con tolerancia por las ideas ajenas. Todo eso dentro de un ambiente de paz y armonía. Lindas palabras cuya realidad suele ser incompatible con la naturaleza humana, más inclinada al abuso de poder, a la codicia y a la búsqueda de satisfacción individual. Este cuadro, el cual se repite una y otra vez en países como los nuestros, ha causado una debilidad endémica a lo largo de la historia, en parte por la injerencia de potencias industriales cuyas acciones directas e indirectas nos han transformado –en mayor o menor grado- en repúblicas bananeras, pero también por la impotencia ciudadana.
Hoy se cierra el año. Esta noche se realiza el ejercicio de una contabilidad obligada de avances y retrocesos, de promesas incumplidas, así como de sueños aplastados por decisiones ajenas y pasividades propias. En este lapso de días, semanas y meses transcurridos desde el último recuento anual han desfilado acontecimientos que por repetidos han dejado de llamar la atención y se han sumado a una agenda noticiosa impermeable a las emociones. En ella se suceden las tragedias y se acumulan las frustraciones, pero nada de eso cambia la perspectiva ni modifica las actitudes egocéntricas de una humanidad cada vez más centrada en sus pequeños objetivos personales.