Carolina Vásquez Araya

NOTAS DE Carolina Vásquez Araya

Un continente lleno de recursos, incapaz de gobernarse a sí mismo.
Recibí un mensaje por correo electrónico llamando mi atención sobre un tema que, por recurrente, ha dejado de llamar nuestra atención: la falta de oportunidades laborales para quienes han sobrepasado la barrera de los 45. Parece absurdo, pero los estudios superiores y las experiencias acumuladas durante los 20 años siguientes a la obtención de un título universitario pierden toda relevancia frente a un mercado cuya prioridad parece ser el ahorro en salarios, muy por encima de la excelencia en el desempeño. A eso, se debe sumar el hecho adicional de la fuerte competencia por parte de jóvenes recién graduados e inexpertos, dispuestos a aceptar condiciones paupérrimas en contratos de usura, lo predominante en el actual mercado laboral de la mayoría de países en desarrollo.
Una importante cuota del retraso político, social y económico de la mayoría de países latinoamericanos se debe a la marginación de las niñas y, por consiguiente, de mujeres adultas cuya historia de discriminación y falta de oportunidades para educarse marca su impronta en los sectores más pobres de nuestro continente. Esta es una realidad demostrada en innumerables estudios y gruesos informes de expertos; estudios e informes que solo llegan a manos de otros expertos y cuyo destino final es ser engavetados por los funcionarios de turno. De ese modo, sin mayores trámites y con el propósito de mantener el control de un sistema depredador e inhumano, los políticos encargados de los despachos oficiales deciden truncar el destino de esa cuota humana de talento, capacidades y perspectivas, ante la indiferencia colectiva.
Las niñas y mujeres indígenas y campesinas de Guatemala son el último eslabón.
En una abierta maniobra represiva y dentro del marco de la conmemoración de la independencia patria, el presidente de Guatemala sacó al ejército a las calles, concentró a las fuerzas policiales desde todos los puntos del país y los apostó alrededor del palacio de gobierno. Acto seguido, dio la orden de revisar a toda persona, niñez incluida. Una de las tradiciones en el país centroamericano son los actos conmemorativos de la firma del Acta de Independencia, llevados a cabo en la plaza central y seguidos de un Te Deum en la Catedral metropolitana al cual acuden autoridades, cuerpo diplomático y público en general. Este año, el cerco se cerró con vallas metálicas y agentes de las fuerzas del orden premunidos hasta los dientes con armas de grueso calibre.
Es la historia recurrente de quienes abusan del poder contra una ciudadanía cuyo pecado capital ha sido dejar el espacio público permitiendo a políticos, empresarios, jueces y militares corruptos apoderarse del control en todas las instancias, de un modo casi absoluto. La corrupción es letal y en países como los nuestros ha sido doblemente devastadora cuando desde el exterior y simulando “asistencia económica y/o militar” otros gobiernos deciden sobre el futuro de la nación y el destino de sus habitantes.
En América Latina se vive una crisis política peligrosa para las democracias.
Una vida dedicada al arte constituye una aventura arriesgada y difícil. El mercado del arte no depende de los artistas, sino de tendencias marcadas por los críticos, los curadores, los coleccionistas, los dueños de galerías importantes pero mucho menos de quienes crean y producen las obras. En este contexto, un creador surgido de un ambiente ajeno a los salones en donde se decide quién vale y quién no resulta no solo una apuesta difícil; también es recorrer caminos llenos de obstáculos.
Los delitos cometidos por miembros del clero han pasado durante siglos bajo la vara del secretismo más hermético. Por el simple hecho de pertenecer a una comunidad amparada por un halo de espiritualidad, virtud y autoridad moral —el arquetipo de toda institución de carácter religioso— los hechos vergonzosos de abuso sexual, político, social, laboral y económico han sido acallados con la complicidad de la sociedad, pero también tolerados por los sistemas de justicia, hasta cuyas cortes recién comienzan a aparecer los sindicados.
Hay muchas maneras de acabar con las posibilidades de progreso para un país.