Carolina Vásquez Araya
NOTAS DE Carolina Vásquez Araya
Los números son contundentes; miles de niñas, niños y adolescentes son violados cada día en cualquier escenario: la intimidad de su hogar, el ámbito académico, la parroquia, el camino a la escuela, el contexto de una guerra. No importa en dónde, su integridad es amenazada con la sola presencia de un hombre dispuesto a agredirlos en cuanto la oportunidad le sea propicia. Parece una historia de terror pero sucede cada día en cualquier punto del globo, oculto por el miedo y la vergüenza.
Cuando las relaciones están teñidas de miedo, cuando el “otro” es tu peor enemigo.
El iracundo reclamo de una niña por los asesinatos de 17 adolescentes en su establecimiento escolar ha sido el discurso más claro y rotundo contra la política clientelar de la Casa Blanca con respecto al control de armas. Fue Emma Gonzalez, estudiante del instituto de Parkland en donde Nikolas Cruz ingresó con un fusil semiautomático y comenzó a disparar a mansalva, dejando decenas de muertos y heridos, quien elevó la voz para preguntarle al presidente Trump cuánto recibe por proteger los intereses de la Asociación Nacional del Rifle.
<div> Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte ¡desdicha fuerte!
¿Qué hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?”</div>
Leo sus palabras y me vienen a la mente las devastadoras imágenes de tantos miles de niñas y niños silenciados y sometidos al poder de un padre abusador. No es un cuadro excepcional y esa, no cabe duda, es la parte más triste de la historia. Pero nadie quiere aceptarlo porque eso representa el quiebre definitivo de la unidad familiar. Una unidad solo presente como parte de una utopía, un deseo inconsciente de negar lo malo para aferrarse con uñas y dientes a una estabilidad tan falsa como perversa.
La estrategia no puede ser más transparente: restar a la educación y abonar al ejército. Es decir, preparar las condiciones para la perfecta dictadura. En medio queda el juicio ciudadano, el cual a los grupos en el poder les sirve como tapiz para limpiarse la suela de los zapatos. En realidad, la calidad educativa en Guatemala ha experimentado los embates del más feroz sistema político-económico del que se tenga registro. Los estudios de organismos internacionales y nacionales no pueden evitar poner en evidencia las deficiencias de este pilar fundamental para la calidad de vida y así aparecen los vergonzantes indicadores sobre baja escolaridad, abandono escolar, analfabetismo y pobres resultados en las pruebas del sector académico.
Mientras hay quienes caen en la tentación de hacer su lista de objetivos personales para el nuevo año, el listado de niñas, niños, adolescentes y mujeres desaparecidos durante 2017 continúa creciendo y los esfuerzos de búsqueda por parte de las autoridades resultan insuficientes para detener este gravísimo problema de seguridad. Pero no solo hay desapariciones, también asesinatos a mansalva a todo lo largo y ancho del territorio guatemalteco, como evidencia de un fallo sistémico del estamento político.