Adulto mayor invidente es ejemplo de lucha

A pesar de ser invidente   y de su avanzada edad, Rafael López López, de 83 años,   vende periódicos en las calles  de Coatepeque, Quetzaltenango, pues sus  hijos lo abandonaron desde hace varios años.

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Un vecino de Coatepeque, Quetzaltenango, le compra un periódico a Rafael López, quien a pesar de ser invidente se dedica a esa actividad. (Foto Prensa Libre: Édgar Girón)
Un vecino de Coatepeque, Quetzaltenango, le compra un periódico a Rafael López, quien a pesar de ser invidente se dedica a esa actividad. (Foto Prensa Libre: Édgar Girón)

Don Rafita, como lo conocen los  vecinos, comienza  su jornada a las 3 horas y  debe caminar unos 200 metros desde su vivienda hacia una parada de autobús  con destino a la avenida Cementerio, entre  8a. y 9a. calles de la zona 1 de esa localidad, en  donde  se ubica su puesto de venta.
“Comencé a trabajar a los 8 años, en una finca de caña. A los 41 me fui a Puerto Barrios, donde laboré en bananeras, y luego en fincas cafetaleras y ganaderas”, relata don Rafita, quien  asegura que perdió la  vista conforme la  edad.
Cuenta  que enviudó hace seis años y que con su esposa procreó   tres hijos, quienes  lo abandonaron.

 Solidaridad

Los propietarios de una casa del lugar  le permiten utilizar una   habitación en  forma gratuita, refiere.
“Antes, cuando podía ver, vendía hasta cien periódicos al día, lo que me permitía ganar entre Q40 y Q50”, dice López,  e indica que ahora sus ingresos solo le permiten comprar alimentos para  el desayuno y el almuerzo.
“Recibo los periódicos a las 6 de la mañana. Un amigo me lee las noticias principales y luego las voceo”, afirma don Rafita, que clama por ayuda.