Don Rafita, como lo conocen los vecinos, comienza su jornada a las 3 horas y debe caminar unos 200 metros desde su vivienda hacia una parada de autobús con destino a la avenida Cementerio, entre 8a. y 9a. calles de la zona 1 de esa localidad, en donde se ubica su puesto de venta.
“Comencé a trabajar a los 8 años, en una finca de caña. A los 41 me fui a Puerto Barrios, donde laboré en bananeras, y luego en fincas cafetaleras y ganaderas”, relata don Rafita, quien asegura que perdió la vista conforme la edad.
Cuenta que enviudó hace seis años y que con su esposa procreó tres hijos, quienes lo abandonaron.
Solidaridad
Los propietarios de una casa del lugar le permiten utilizar una habitación en forma gratuita, refiere.
“Antes, cuando podía ver, vendía hasta cien periódicos al día, lo que me permitía ganar entre Q40 y Q50”, dice López, e indica que ahora sus ingresos solo le permiten comprar alimentos para el desayuno y el almuerzo.
“Recibo los periódicos a las 6 de la mañana. Un amigo me lee las noticias principales y luego las voceo”, afirma don Rafita, que clama por ayuda.