Quetzaltenango

Tacorazón, la taquería que vende burritos con sabor a solidaridad en Xela

Jesse Schauben emigró desde Boston y montó un restaurante en Xela para promover la economía justa y que agricultores locales se beneficien con sus productos.

Por Andrea Alday

Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)
Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)

La historia de Jesse Schauben  en Guatemala comienza en el 2006 cuando decidió tomar un curso universitario de dos semanas en el país, con la idea de escapar del fuerte invierno en Vermont, Estados Unidos, lugar donde estudiaba. En ese tiempo conoció un proyecto de desarrollo social y empoderamiento en Izabal. La única manera de llegar era en lancha, y en uno de los largos recorridos, “en cuestión de minutos cambió la trayectoria de mi vida para siempre”, relata Jesse, de 32 años.

Al año siguiente regresó a Guatemala para hacer cinco meses de trabajo de voluntariado con una empresa que daba capacitaciones a futuros chefs, meseros y administradores de restaurantes. En esta organización notó la unión de   dos aspectos que más le gustaban: la comida y el cambio social. Ocho años después, sin saberlo, su negocio se basaría en las mismas metas.

Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)
Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)

Luego de pasar varios años como director nacional de Pencil of Promise, organización que brinda educación de calidad, notó que el problema más grande para las comunidades rurales era la nutrición. Por lo que decidió darle vida a Tacorazón, “la primera cadena de comida rápida de alta responsabilidad social y ambiental en Guatemala”, explica. El restaurante,  conocido por sus burritos gigantes,  tacos y  margaritas cargadas, no es el típico lugar de comida rápida, explica.

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Jesse hizo acuerdos con 15 distintas granjas y huertos familiares para comprarles productos orgánicos libres de químicos. Con cada burrito vendido se impacta la vida de la familia agrícola a través del precio justo que se les paga y porque también pueden consumir lo que cosechan.

Burritos gigantes

En el menú de Tacorazón se ofrece  burrito pequeño y normal, pero lo que los hace especiales es que son de  media libra hasta cuatro libras. En el 2017, Tacorazón compró más de 50 mil libras de productos orgánicos locales.

Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)
Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)

Jesse se enamoró de Guatemala por su gente. Recuerda que creció en las afueras de Boston, Massachussets, y solo conocía a sus vecinos de la casa de la par. Sin embargo, en los ocho departamentos donde  ha vivido en Guatemala los lugareños siempre lo hacen sentir parte de una gran comunidad. Poco más de dos años desde que abrió las puertas del restaurante en el parque central de Xela,  ahora busca crecer y abrir una segunda sucursal, adicional al servicio de catering que ya ofrece.

Idealista

Jesse anhela un movimiento de economía justa en el país, donde se comience a apoyar a las empresas que buscan mejorar al país y sus habitantes. También resalta que es un “momento increíble” para ser emprendedor social en Guatemala, y que las nuevas generaciones  buscan y crean proyectos para llevar educación, salud y energía a la provincia.

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Los padres de Jesse siempre lo motivaron a viajar y explorar. Recuerda que cuando tenía cuatro años estuvo en una feria en un pueblo de México, y se perdió. Sus padres, quienes no hablaban español, lograron que los mariachis lo llamaran por el micrófono, pero como la “J” se pronuncia distinto en inglés, Jesse no sabía que le hablaban a él. “Hasta hoy, tengo familiares que me llaman por mi nombre latino, pero creo que es un bonito símbolo que una de mis primeras memorias sea haberme perdido en América Latina, y que décadas después sería donde me encontraría a mí mismo”.

Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)
Jesse Schauben y su restaurante Tacorazón en Xela, cuyos productos son orgánicos y cultivados por familias que se benefician del negocio. (Foto Prensa Libre: Fred Rivera)