Los empleados de Deocsa estaban leyendo contadores en la comunidad pero fueron rodeados por los comunitarios quienes los amenazados con machetes y los obligaron a subirse a unos vehículos para ser llevado al salón de aldea La Blanquita, a unos dos kilómetros de donde fueron detenidos.
Los comunitarios querían que delegados de Deocsa se presentaran al lugar y que la empresa colocara dos seguros que había retirado de transformadores del área, o de lo contrario no liberarían a los empleados.
El jefe de la Policía Nacional Civil de Retalhuleu, Felipe Najarro, llegó a la comunidad acompañado de dos agentes y un delegado de la Procuraduría de Derechos Humanos, y tras varias horas de diálogo lograron que los comunitarios liberaran a los cuatro empleados de Deocsa, a cambio de los seguros que exigían.