La historia detrás de ícono antigüeño

Uno de los monumentos más representativos de Antigua Guatemala, Sacatepéquez, es el Arco de Santa Catalina, ya que aparte de embellecer el panorama de la ciudad colonial, encierra un legado histórico que atrae a miles de turistas de todo el mundo.

La calle  del Arco, Antigua Guatemala, es uno de los lugares que prefieren turistas.
La calle del Arco, Antigua Guatemala, es uno de los lugares que prefieren turistas.

Por su esplendor, es casi un lugar de paso obligatorio para los visitantes nacionales y extranjeros que buscan disfrutar de los paisajes de la ciudad que a partir de 1543 albergó a la capital guatemalteca.

En este 2015 se cumplen 321 años desde que se concluyó la construcción del arco, que en el principio era utilizado como paso para las monjas de claustro del Convento de Santa Catalina Virgen y Mártir.

Debido a que la Iglesia no permite que las religiosas enclaustradas sean vistas por particulares, se pidió a las autoridades de la época cerrar el paso peatonal en la 5a. avenida norte, entre 1a. y 2a. calles, para que las monjas pudieran transitar sin incumplir la norma, pero debido a que los vecinos manifestaron su rechazo ante la solicitud se construyó el arco, según Julio Castellanos, historiador de Antigua Guatemala.

“Antes de comenzar la construcción del arco, en julio de 1693, la población estaba en desacuerdo con la obra, debido a que obstaculizaría el paso peatonal. Por esa razón el gobierno de esa época acordó que la edificación, que fue terminada en 1694; debía tener el ancho de la calle para no interrumpir la locomoción de los pobladores”, manifestó Castellanos.

En aquel entonces, el convento albergaba a 105 monjas que permanecían enclaustradas. La orden religiosa tenía 250 criadas, las cuales se encargaban de tareas como el aseo del recinto y la atención hacia las monjas.

Actualmente el sector es conocido como la Calle del Arco, pero en la época colonial se llamaba la Calle de los Mercaderes, porque había más de 50 comercios en el sector.

Cambios

A consecuencia del terremoto de Santa Marta, ocurrido el 29 de julio de 1773 y una serie de sismos, la estructura del arco resultó con daños. Los trabajos para repararlo se desarrollaron con lentitud hasta 1776, cuando fueron abandonados debido al traslado de la capital hacia el Valle de la Ermita.

“Los daños en la estructura fueron parciales. En 1850, el arquitecto María José y Montúfar restauró el arco, al igual que la iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes y el parque de la Unión”, explicó el historiador.

Luego de una restauración del arco, entre 1940 y 1950, se decidió instalar un reloj de cuerda de origen francés marca Lamy Amp Lacroix.

El reloj fue colocado entre unas columnas salomónicas adornadas con hojas de parra. El encargado de darle mantenimiento al mecanismo en esa época fue Lorenzo Godoy, según autoridades.

Luego de la muerte de Godoy, fue su hijo Ezequiel quien cumplió esa tarea. En la actualidad, quien da mantenimiento al reloj, que funciona a la perfección es Rodrigo Gaytán.

Simbolismo

El color —amarillo— de las paredes del arco no es producto de la casualidad, pues tiene significado religioso, indicó Castellanos.

El color con el cual fue pintado el arco se deriva de la creencia religiosa de la época colonial. “Sobresale el amarillo, que hace mención al Santísimo Sacramento del Altar”, aseguró el historiador.

En la actualidad, la estructura es administrada por la Municipalidad de Antigua Guatemala, y donde funcionaba el convento ahora hay un hotel.

La Calle del Arco es el lugar de reunión de pobladores y turistas, y en esta se celebra el fin de año y se recibe el Año Nuevo.

El Arco de Santa Catalina inspiró la construcción del Arco de Correos y Telégrafos de la capital, el cual representa la gloria, la fortaleza, la unidad y el equilibrio, según Castellanos.