Fútbol Nacional

Cuatro duras realidades que no permiten que el futbol guatemalteco avance

La sombra de la corrupción, el nulo trabajo de formación de jugadores, la falta de infraestructura y una Liga que deposita su confianza en el futbolista extranjero más que en el guatemalteco...

Estos son algunos factores que encajan en una cadena que tiene atado al futbol nacional e impide su avance; por el contrario, la sensación es de un retroceso en el deporte más popular del país.

El desmoralizador presente de la Selección Nacional,  si bien abre el debate sobre el estilo que Amarini Villatoro intenta implementar y su lista cuestionable de convocados, es el resultado de la defectuosa estructura del balompié guatemalteco.

La historia se repite desde hace varias generaciones y, evidentemente, no traerá alegrías hasta que los altos mandatarios de la Federación Nacional de Futbol y la Liga Nacional trabajen en conjunto con proyectos a largo plazo, que tengan como objetivo el crecimiento de este deporte.

JUEGAN EN CONTRA

Tanto la Fedefut como los clubes que  integran la Liga Nacional tienen la tarea de velar y trabajar en las categorías inferiores para producir jugadores guatemaltecos y exportarlos, una solución que se aplica en los países que han logrado  el desarrollo y masificación del futbol.

“Mejorar, promover el alto rendimiento, reglamentar, masificar, desarrollar, fiscalizar y supervisar constantemente el futbol en todo el territorio de Guatemala, sobre la deportividad y considerando su carácter integral, formativo y cultural, así como sus valores humanitarios, con énfasis en programas de desarrollo juveniles”, dice el artículo 3 inciso A en los Estatutos de la Federación, sobre los objetivos del ente rector del futbol nacional.

La prisa de luchar por el título cada seis meses en los torneos locales le impide a la Liga Nacional el verdadero progreso futbolístico. Los equipos invierten cada semestre en jugadores extranjeros —55 en el Apertura 2020—, lo cual disminuye  las oportunidades de los  locales.

FIFAGATE Y SUSPENSIÓN

Los casos de Héctor Trujillo y Brayan Jiménez escribieron un episodio terrorífico en el futbol de Guatemala. Según investigaciones, ambos  negociaron con la empresa Media World un nuevo acuerdo por los derechos de televisión para los partidos de la Selección Nacional rumbo a la Copa del Mundo y habrían recibido un pago bajo la mesa de US$200 mil.

Jiménez, expresidente de la Fedefut, fue detenido el 12 de enero del 2015 y el 1 de marzo de 2016 fue extraditado a Estados Unidos. Un día después se declaró inocente y pagó una fianza de US$1.5 millones para quedar en libertad condicional en ese país norteamericano.

Como consecuencia, la Fifa implementó un Comité Normalizador que estuvo dirigido por Adela de Torrebiarte. Sin embargo, el 28 de octubre del 2016  la federación mundial suspendió el futbol nacional después de que la Asamblea no aprobara la ampliación del referido comité.

La suspensión, que fue levantada el 31 de mayo del 2018, hizo retroceder a Guatemala y todavía le pasa factura en el ranquin de Fifa, puesto 130, cuando su posición promedio había sido 96.

EL PRESENTE

La poca paciencia de los dirigentes ante los resultados negativos ha acompañado a Guatemala desde que se formó la Selección y esto provoca cortes en los largos y efectivos procesos.

El 8 de marzo del 2019  Villatoro fue presentado de manera oficial como el nuevo técnico de la Bicolor. Llegó después de lograr el bicampeonato con el C. D. Guastatoya y demostrar su conocimiento sobre el futbol nacional.

Sin embargo, un año y ocho meses después se cuestiona su continuidad a causa del mal desempeño de la Selección en un año interrumpido por la pandemia. Gerardo Paiz, presidente de la Fedefut, aseguró que cuando se cumpla el contrato del entrenador —en diciembre del 2020— se tomarán el tiempo para reunirse y analizar si debe seguir al frente de este proceso. Los últimos resultados serán argumentos de peso.

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