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El sueño de 21 mil corazones

A 73 kilómetros de la Ciudad de Guatemala se ubica Guastatoya, la cabecera de El Progreso, una pequeña ciudad de unos 21 mil 700 habitantes —según el último censo del 2010—, que en este momento cultivan un mismo sueño: el amor por su equipo, que por primera vez en su historia ascendió a Liga Nacional y ahora jugará por el título.

Una ilusión que los hace más fuertes y que inyecta una nueva motivación a una localidad que sobrevive del comercio, principalmente del cultivo del café, frijol, maíz, caña de azúcar y frutas, entre otros productos, que dan vida a la tierra árida y seca.

De acuerdo al índice de desarrollo humano (0.692), Guastatoya apenas rebasa el 50 por ciento ideal en condiciones de sus habitantes en salud, educación e ingresos, a pesar de estar cerca de la ciudad capital.

Después del ansiado ascenso a la Liga Nacional, el equipo está a las puertas de jugar su primera final; un hecho histórico que hace vibrar a sus seguidores. El rival, que también va por su primera corona, es Antigua GFC.

Puro futbol

Al llegar a Guastatoya todo el mundo habla del equipo, que se mantuvo en la Primera División desde el 2006 y que después de varios intentos fallidos logró el tan ansiado ascenso, después de haber jugado el partido crucial contra Sacachispas, que se definió en penaltis —3-2 a favor de los de El Progreso—.

Ese 1 de junio ha quedado guardado en la memoria de los habitantes de la localidad, de 182 kilómetros cuadrados. Ese día la fiesta se vivió en el estadio Mateo Flores. El partido terminó 1-1 en el tiempo reglamentario, con gol del mexicano José Santiago —ya no está en el equipo, por problemas de indisciplina—; ya en la tanda de penaltis el héroe fue el experimentado portero José Juárez, oriundo de Zacapa, quien atajó dos penaltis —Selvin de León y Jorge Arana—; además, falló Luis Rodas, mientras que por los Pecho Amarillo anotaron el paraguayo Víctor Solalinde y los nacionales Fredy Orellana y Tomás Castillo.

La fiesta se trasladó por la carretera hasta llegar a Guastatoya, en donde celebraron hasta el amanecer. No había excusa, era el momento esperado por muchos años. Después del brindis, el llanto, los cohetillos y los aplausos, llegó la calma, momentánea, ya que el trabajo apenas comenzaba.

Una nueva era

La historia del equipo de Guastatoya tiene varias fases. En 1995 se inauguró el estadio David Cordón Hichos —lleva el nombre del alcalde en su momento—, un escenario que puede albergar a cinco mil personas y que a su lado cuenta con uno de los tesoros de la ciudad: “El oasis en el desierto”, como le llaman sus habitantes al balneario.

En su estadía en la Primera División el aforo del escenario fue suficiente; ahora, en la Liga Nacional, todo dependerá del apoyo de su afición. Su debut oficial de local fue contra la Universidad de San Carlos. La primera lección la recibieron en la primera jornada frente a Petapa (4-0), el mismo equipo que le quitó el título de la Primera en el Clausura 2014, pero que no le impidió su ascenso a la mayor.

La identidad del equipo

Otro momento importante sucedió en el 2008, con el cambio de jefe edil; también llegaban las ideas, buenas para algunas personas, malas para otros. Lo cierto es que la municipalidad decidió apoyar más al equipo e iniciar una escuela de futbol.

En ese momento la idea era crear un equipo con identidad, algo que seis años más tarde tiene sus frutos. Al Club Guastatoya le faltan muchas cosas por mejorar administrativamente, aunque las metas las tienen claras. En el 2008 la plantilla tenía un presupuesto mensual de Q280 mil, algo impensable para las personas; un año más tarde, según explicó el jefe edil, Saúl Beltetón, el principal patrocinador del equipo, se redujo a Q170 mil y para ello le dieron de baja a algunos futbolistas y confiaron en los jóvenes de El Progreso, se hicieron pruebas y así se fue integrando el plantel a cargo del uruguayo Ariel Sena, quien ha estado en dos períodos con el club —2008 un torneo, y retornó en el 2009 hasta la fecha—.

A cargo de las divisiones inferiores está Darío Corrales, de la Sub 15 y Sub 17, y otros entrenadores que se dedican a los niños desde los seis años, un sueño que esperan sea todo un éxito en el futuro. Para este torneo en la Liga Nacional, Beltetón esperaba que la plantilla no superara los Q300 mil mensuales, pues una de las prioridades era no sobrepasar el presupuesto ni endeudar al equipo, ya que el ingreso por taquilla era mínimo. En la temporada anterior no superaba los Q7 mil por encuentro.

Mientras otros clubes de la Liga Nacional alcanzan Q1 millón al mes para pagar a grandes figuras y otros que pelean a mitad de tabla superan los Q600 mil.

Como en casa

La bienvenida a la ciudad la da el estadio, al que llegan los jugadores para entrenarse. La mayoría lo hace en motoneta, pocos en automóvil y otros a pie; es algo natural en el interior del país, por la cercanía de los lugares.

La oficina del club se ubica en el edificio de la municipalidad, a un costado, la cual consta de apenas dos habitaciones. En la primera solo hay un escritorio con una computadora portátil, una librera y un cuadro del equipo —la foto oficial del plantel que logró el ascenso—. Del otro lado, la puerta está cerrada.

Las cosas como implementos del club deportivo se guardan en el estadio. El lugar está a cargo de José Falla —sobrino de uno de los directivos, Aníbal Falla, encargado de la parte económica—, quien trabaja con Harold Josué Beltetón, hijo del alcalde y presidente del club, quien tomó las riendas del mismo en el 2009 y que según su padre es el más optimista con el proyecto. Harold, como le gusta que le llamen, no tiene una ubicación permanente, ya que a veces está en Guastatoy y otras en la capital. Por su cargada agenda tiene tres oficinas, según explicó.

La mayoría de jugadores viven en la ciudad y el técnico uruguayo prefirió irse cerca del río. Su casa está a 2.2 kilómetros del parque central, y para llegar a la residencia hay que recorrer el camino de tierra y piedras, por el que transita Sena todos los días en su inseparable moto.

Afuera tiene un letrero que indica: “Entre Puentes JM”, donde los árboles hacen que el calor sofocante no se sienta tanto; además, cuenta con una piscina para refrescarse. Allí vive con su familia, cuya esposa es hondureña, ya que en el vecino país radicó durante 14 años, hasta que decidió venirse a Guatemala. Aquí ha dirigido también a Sanarate, en Primera División.

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