Opinión

Ganar la copa en la empresa

Yesid Barrera

Yesid Barrera

En una copa mundial de fútbol, la gran mayoría hablamos de ese deporte y las emociones han desbordado a los más allegados y apasionados por esa disciplina deportiva. Para el evento del 2018 deseo hacer una comparación entre lo que ocurre en un campo de 22 deportistas —11 contra 11— y lo que sucede en una organización.

En un plantel de fútbol se parte de un principio básico, “un equipo”, inclusive se les llama, equipo de fútbol, para dar a entender que sus integrantes son más que un grupo de deportistas que deben correr detrás de un balón y conseguir goles.

Hablar de equipo implica: coordinación, servicio entre unos y otros, meta compartida y cooperación, con el objetivo de derrotar en primera instancia el individualismo.

Algunos versados en la materia analizaron a selecciones que dependían de un jugador en especial: Egipto, con su estrella Mohamed Salah; Costa Rica, con su portero Keylor Navas; Polonia, con Robert Lewandosky; Corea del Sur, con Son Heung-Min; y Colombia, con James Rodríguez.

La pregunta es: ¿Cuántos de esos equipos avanzaron a las fases finales de la Copa del Mundo? Respuesta sencilla: Ninguno.

Segunda pregunta: ¿Qué pasó? El objetivo para el que se va al Mundial, para todos ellos no se consiguió, aunque muchos dirán que estuvieron cerca.

Traslademos esta realidad a las empresas en las que participamos y en las cuales esgrimimos variables muy similares a las de un equipo de futbol.

Tenemos varios departamentos o áreas de trabajo. Cada quien debe responder por un espacio dentro de la cancha y ocurre lo que vimos en algunos equipos, donde se pierde la pelota en una parte del campo, pero como no soy responsable de bajar a defender, me olvido de lo que es un equipo. (Ej: El problema de finanzas es de ellos, no mío).

Portar una camiseta con los mismos colores y un logo no me hace parte de un equipo, los equipos solo son reales enfrentados a la acción, cuando logran demostrar que el ejercicio en una copa mundial es la copa y no el Balón de Oro. Lo primero distingue al equipo, lo segundo es un ejercicio individual que se puede conseguir con apoyo de un equipo o algunas veces a costa del mismo. (luchando por KPIs individuales).

Cuando las individualidades son tan marcadas y los equipos se compran el poder de un destacado para convertirlo en el indispensable, se crea un desequilibrio permanente. Por ese imprescindible el equipo o la organización dejan su esencia y acuden como grupo a creer que hay un insustituible, que muchas veces le llaman líder, y que cuando no está presente elimina el formato de equipo, y en esa condición no es posible competir.

Si su organización quiere ganar esa copa, construya equipo, haga que todos aporten a la meta común y no que lo común sea la individualidad, no espere cuatro años más para ilusionarse con el tema.

* yesid@rybsideas.com