¿Cuánto vale mi idea de negocio? Fácil, ¡Nada!

Su idea no vale nada… Ahora mismo no es más que una serie de impulsos eléctricos en su cabeza. Lo que realmente tiene un valor es la ejecución de tu idea de negocio con éxito… lo que todavía está por demostrar.

Cuanto antes entienda esto, antes podrá dejar atrás sus planteamientos preconcebidos sobre lo que es emprender y el valor de las ideas… para ponerse a trabajar. Hágase ya a la idea de que la distancia que separa su idea de un negocio de éxito es abismal… y el camino está plagado de dificultades.

Y, sin embargo, conozco decenas de grandes visionarios que se lamentan amargamente mientras recuerdan que la empresa X, ahora con una cotización millonaria en bolsa, les robó la idea que se les había ocurrido (curiosamente, separados por más de 10.000 km y sin contacto alguno).

En un año, es habitual que escuche la misma idea de negocio más de tres veces… y que cada emprendedor la haya planteado de formas radicalmente diferentes, enfocadas a segmentos opuestos y con modelos de negocio divergentes… y sin embargo, la idea era la misma y ha generado tres negocios rentables… ¿por que?

Pues porque tener una idea es fácil, todo el mundo las tiene… y la suya probablemente no sea ni siquiera original.

Lo que es realmente la hace diferente es cómo diseñas el servicio, lo complicado es llevarla a la práctica, lo que requiere importantes dosis de determinación y persistencia, sazonadas con compromiso, dedicación y confianza en ti mismo.

Asuma la idea que la resilencia, la resistencia a la frustración, deberá convertirse en tu compañera… ya que va a sufrir no pocos fracasos.

Lo importante es que cuando falle y se dé las preceptivas bofetadas que todo emprendedor sufre, se levante rápido… y sobre todo, que sean bofetadas baratas y tempranas (emprendimiento ágil).

Entonces, ¿mi idea tiene valor?

 

Vamos a verlo en el caso más sencillo para no meternos en aspectos metafísicos sobre lo que es “valor”: hablemos del valor monetario, del dinero… y para ello nada mejor que plantear dos escenarios autoexplicativos en los que hablar con un inversor:

  • Invierte en mi idea: En el rarísimo caso que encuentre a alguien lo suficientemente ¿motivado? como para invertir en su idea… ¿qué le va a decir cuando le pregunte cuánto vale? ¿10.000 dólares? ¿100.000 dólares? ¿1.000.000 dólares? Y no lo dude, la siguiente pregunta que le hará es ¿Por qué? Y una vez haya desmontado sus pretensiones basadas en castillos en el aire, le ofrecerá una participación exigua a cambio de un porcentaje importante de su empresa (¿he dicho empresa? Quería decir idea)
  • Invierte en mi empresa: “Tengo una empresa constituida hace poco, en la que ya hemos creado el producto X o el servicio Y, que han comprado y validado cinco clientes y que tiene unas perspectivas de crecimiento de x%. Estas perspectivas se basan en las previsiones contrastadas con estos X clientes, y que serán ejecutadas por este equipo”. En este escenario, la discusión será con base en cuasi-realidades, cuantificables y valorables de forma más o menos objetiva…

¿Cuál escenario tiene la idea de mayor valor?

 

Por ejemplo. Conviértase en un maestro del bootstraping, y a menos que sea absolutamente imprescindible no recurra a capital externo (más allá de las 3F: Friends, Fools & Family).

Monte su empresa, ya sean negocios en Internet o panaderías, cree un producto mínimo viable de su producto o servicio y luego valide su modelo de negocio a través de las ventas… y solo entonces podrá discutir con conocimiento de causa sobre el futuro de su empresa y su valor.

De todas formas, no se obsesione demasiado con la inversión hasta que llegue el momento… su obsesión debe ser materializar esa idea, llevarla al mercado y diseñar el modelo de negocio más óptimo.

Como decía el otro día Marek Fodor: Por cada curso sobre cómo levantar financiación deberían

existir 10 sobre cómo ejecutar su proyecto.

Es decir, la clave de la ejecución no es un excelente plan de negocio, sino un equipo capaz, flexible e inspirado por un fin en el que creen… y no lo dude, la resolución de su producto será probada muchas veces.

¿Y si me roban la idea? ¿A alguien le importa?

 

No acabo de entender muy bien por qué ese terror a que alguien le robe la idea. Si hay una buena forma de hacer un primer testeo rápido y barato de ideas y negocios es contándosela a todo el mundo que pueda… (obviamente, sin revelar la fórmula secreta).

¿Usted cree que alguien va a robarle la idea? Y si se la roban… ¿usted cree que alguien la va a ejecutar como usted, que lleva meses dándole vueltas, viendo sus pros y contras, escenario de evolución de la misma, o cómo llegar a los clientes…etc.?

Y, sobre todo, si su idea es tan fácil de copiar que contando su mecánica cualquiera puede hacerla… ¿no le parece que tiene problemas mucho más gordos?

Como dijo Julen Iturbe en el Iniciador de Alicante:

Si usted tiene una manzana y se la roban, no come; si tienes una idea y se la roban, habrá dos personas que dispondrán de ella… pero solo una sabrá realmente ejecutarla

En resumen, si quiere hacerse asquerosamente rico con su idea, no solo debe tener claro su valor, sino entender quién va a estar dispuesto a pagar por él, cómo va a hacer llegar al mercado su propuesta, como diseñar una estructura de costes ajustada e innovadora, cómo reaccionar cuando su competencia ataque su nicho… en una palabra, debe diseñar un modelo de negocio innovador… y después de todo esto, todavía tendrá que pagar las facturas, pensar en el futuro de su empresa, atender a sus empleados… y tener una vida.

¿Lo he desanimado? ¡Excelente! Le acabo de hacer un favor evitándole una de las épocas más infelices de su vida, emprender no es para usted (lo cual no es en absoluto malo… mucho daño han hecho esos eslóganes de “Todo el mundo debe emprender”.

¿Lo he animado? ¿Con cada objeción ha pensado cómo va a salvarla y ha llegado al final del artículo con ganas de más? ¡Genial! La realidad es que emprender es uno de los mayores desafíos a la capacidad del ser humano, y usted está preparado para enfrentarse a él… y caerse… y volver a levantarse.

Artículo publicado originalmente en el blog de Javier Meguías

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