“Sé que me pagarás, confío en tu palabra”

Cuando me di cuenta de que estaba pagando seis tarjetas de crédito y que no bajaba mi deuda, decidí consolidarla.

De hecho lo hice, al igual que muchos consumidores en Estados Unidos.

Fui a mi banco y pedí un préstamo de US$15 mil, pero el interés que me ofreció era mayor que el de mis tarjetas.

Busqué financiamiento en internet y descubrí un nicho creciente de la llamada economía colaborativa o compartida (“sharing economy”), préstamos entre particulares, un sistema donde varios inversionistas aportan dinero a un fondo que brinda créditos a personas como yo.

Primero acudí con la empresa Upstart, que me prestaba el dinero pero a intereses muy altos.

Luego me acerqué a Prosper, la segunda más grande del sector, y en cinco días ya tenía mi dinero.

Nunca visité una sucursal ni me entrevisté con un ejecutivo de créditos. La tasa de interés menor al 9% era mucho mejor que el 13% que quería mi banco.

Sin embargo, quería saber más: Quiénes son estos particulares y por qué pensaron que yo era un buen sujeto de crédito?

Búsqueda

La búsqueda me llevó a un sector que ya ha atraído a algunos de los nombres más importantes de Wall Street, como Blackrock y Goldman Sachs, pero que permanece bajo el radar de la mayoría de los reguladores federales.

Los préstamos entre particulares (”peer-to-peer lending”) no han experimentado todavía la prueba de una recesión y los analistas opinan que representan demasiado para los inversionistas. Los deudores, que en su mayoría no están familiarizados con este mercado, podrían toparse con tasas de interés aún mayores que las de las tarjetas de crédito más caras. Decir que es un mercado de “particular a particular” es un tanto engañoso. Aunque sí hay particulares que prestan dinero, la mayoría de los recursos provienen de fondos de riesgo, aseguradoras o empresas de inversión, así como de asesores de personas acaudaladas.

Me tomó tres meses encontrar a uno de esos “particulares” que invirtieron en mi préstamo.

Prosper, al igual que el resto del sector, está viendo un crecimiento exponencial. La empresa con sede en San Francisco generó US$600 millones durante los tres primeros meses de este año, más del triple de lo que hizo el año anterior. Contrata hasta 10 ejecutivos de crédito y otros empleados cada semana, según su director general, Aaron Vermut.

Otra empresa del sector es Lending Club, que comenzó a cotizar en bolsa en diciembre y que reportó un alza del 100% de sus créditos frente a los de hace un año. Prosper y Lending Club pronostican que sus préstamos crezcan al doble o el triple en el futuro previsible.

Ambas solo apenas dos de las decenas de compañías que han ingresado a este mercado. Algunas, como Upstart, se especializan en préstamos para deudores jóvenes con un historial limitado de crédito. Otros, como OnDeck, que salió a bolsa el año pasado, se enfoca en los préstamos a las pequeñas empresas.

¿Una ventaja?

Los préstamos entre particulares han podido cobrar menos que los bancos tradicionales en gran parte porque tienen menores gastos.

Prosper, Lending Club y otras no tienen sucursales y los inversores asumen el riesgo. A medida que más inversores otorgan dinero para estos préstamos, las tasas de interés han caído también. Por ejemplo, los créditos de Prosper costaron un promedio de 16,8% en 2013 y este año la tasa es de 13,3%.

Incluso con este crecimiento, los préstamos entre particulares son pequeños en comparación con los grandes bancos. JPMorgan, por ejemplo, ha destinado US$187 mil millones para créditos al consumidor.

El particular que invirtió en mi préstamo y que tomé tres meses en localizar es Don Davis. Le debo US$1 mil 500 a su empresa Prime Meridian Capital Management: el 10% de toda mi deuda.

“Creo en tu palabra que nos pagarás”, bromeó Davis en una entrevista.

Invertir en la gente ha sido el objetivo de estas compañías, aunque saben perfectamente que muchas personas podrían fallarles. Sin embargo, está de por medio uno de los valores casi perdidos en el mundo de las finanzas y los negocios: la confianza.