Economía

Síndrome de ciudad enferma

Derivado del tema de los pasos a desnivel y del síndrome de edificio enfermo, varios lectores se han comunicado conmigo para expresarme sus comentarios respecto de los impactos que tienen las decisiones de un gobierno, ya sea nacional o local, en cuanto a desarrollar infraestructura, sin tomar en cuenta al ciudadano de a pie, ya que se estima que todo debe girar en torno al bienestar de los habitantes, no solo de la zona, sino al resto que hacen uso de estas obras, ya que aquí es justamente donde se dan los conflictos mayores cuando dichos proyectos más parece que obedecen a campañas publicitarias que a resolver verdaderos conflictos humanos.

En el caso de los pasos a desnivel se han estado construyendo sobre la superficie, deforestando, estrechando, invadiendo y alterando la estructura original de una ciudad, y son pocos los pasos subterráneos, como el del entronque Próceres–Liberación, que hizo una plaza de eventos y paseos muy agradable, pero quedó pendiente Reforma–Américas, que aún soporta un gran flujo vehicular superficial.

Desniveles, túneles, viaductos y otras estructuras se convierten en obras que atentan contra el ser humano y que no resuelven de fondo el problema vehicular, ya que solamente trasladan los atascos de aquí, unos cientos de metros más allá.

La idea de una ciudad en varios niveles tiene un antecedente histórico renacentista, la ciudad ideal de Leonardo da Vinci, en donde se superponen una red para carruajes y gente de pueblo con otra, superior, por donde solo transitarían los “gentilhombres” —por otro nivel, subterráneo, circularían las “inmundicias”—. Pero su desarrollo es básicamente moderno y es en esencia la búsqueda de una solución a las complejidades del tránsito que trae la introducción del automóvil en la ciudad.

Guatemala ya tiene muchos vehículos personales y, derivado de esto, los gobiernos se ven urgidos de encontrarle soluciones al intenso tránsito que generan. Alguien preguntó “cuánto más habrá que esperar para que el tránsito colapse”, y otro le contestó “ya colapsó, no puede estar peor”.

Todavía no tenemos más vehículos que personas, como sucede en San Marino, en el centro de Italia, donde se tienen mil 139 autos por cada mil personas.

Un estudio llamado Índice Magnatec Sto-Start analizó los niveles de tránsito de las diferentes ciudades y concluyó que Yakarta, la capital de Indonesia, es la ciudad con los peores embotellamientos del mundo entero.

Allí los conductores pasan el 27.22% del tiempo total de sus viajes anuales detenidos en el tráfico mientras no van a ninguna parte, o tal como sucedió con el atasco que se dio el 23 de mayo del 2014, cuando los automóviles que intentaban entrar en la brasileña ciudad de São Paulo formaron, sumando todas las carreteras atascadas, una congestión de 344 kilómetros de largo.

Se trata probablemente del atasco de tráfico más grande de la historia de la humanidad.

Eso es justamente lo que nos espera a continuación para estar peor en nuestras ciudades, como Chimaltenango, Quetzaltenango, Chichicastenango, Totonicapán, etcétera. En las horas pico, estas ciudades tienen saturadas las principales vías y arterias, con un desplazamiento demasiado lento. El siguiente paso será entrar a las estadísticas de cuánto tiempo pasamos detenidos estáticos, quietos, sin ir a ninguna parte.

Estos atascos son una gran pérdida económica para los ciudadanos, ya que se consumen miles de galones de combustible inútilmente, sin ningún beneficio y con un gran perjuicio para el nivel de vida de todos los guatemaltecos, aparte de que encarecen los productos, ya que muchos de estos costos se trasladarán al consumidor final.

Finalmente, al igual que un edificio enfermo que se definió como el conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en estos espacios cerrados que produce en los ocupantes, un conjunto de síntomas tales como sequedad e irritación de las vías respiratorias, piel y ojos, dolor de cabeza, fatiga mental, resfriados persistentes e hipersensibilidades inespecíficas, sin que sus causas estén perfectamente definidas; de similar manera llegaremos a tener el SÍNDROME DE LA CIUDAD ENFERMA que nos llegue a producir malestares de encierro, estrés, contaminación del aire, visual, auditiva, dolor de cabeza, somnolencia, letargo, dificultad de concentración, irritabilidad y mareos, como ya sucede en estas horas pico. La movilidad de las personas es importante, pero lamentablemente se ha soslayado su atención. Los gobiernos responsables no han podido o querido abordarlos de manera técnica, ambiental y humana, sino han optado por atacar los efectos, proponiendo paliativos y soluciones de forma temporal, salidas emergentes que al final terminan teniendo un costo mayor que lo que se esperaba redujeran.

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