Vida Empresarial
Una voz fresca y prometedora en la escena internacional
Isabel Pazos, actriz y productora guatemalteca en ascenso, a sus 27 años ha encontrado en la actuación una manera de conectar con el público, compartir emociones y abrir ventanas hacia otros mundos.
Para ella, actuar no es simplemente un oficio: es la oportunidad de darle a las personas un respiro, un momento de distracción de la rutina, una historia que los acompañe y los haga sentir parte de algo más grande.
“Lo que más quiero es contar historias que le den algo a la gente: un respiro, una sonrisa o un recuerdo que se quede con ellos”, dice Isabel. Con determinación, con metas claras y con un profundo amor por lo que hace, avanza paso a paso en su carrera internacional, llevando con orgullo la bandera de Guatemala y la esperanza de inspirar a los talentos que apenas comienzan su camino.

Desde niña, Isabel estuvo rodeada de expresiones artísticas. Pintaba, dibujaba, tocaba instrumentos y encontraba fascinación en cada película que veía. Sin embargo, hubo un momento que marcó un antes y un después en su vida: cuando vio la película The Imitation Game. El trabajo de Benedict Cumberbatch en el papel de Alan Turing le reveló la verdadera esencia de la actuación. No parecía alguien actuando, sino una persona simplemente existiendo frente a la cámara, con una autenticidad que la conmovió profundamente. Fue entonces cuando pensó por primera vez: “Yo quiero hacer eso”.
Su camino no fue inmediato. Después de graduarse del colegio en Guatemala, se mudó a Inglaterra con la intención de estudiar animación, una carrera que consideraba más estable y “normal”. Le apasionaba el arte visual y la narrativa, y se inscribió en una de las universidades más reconocidas del país. Sin embargo, durante un proyecto universitario, se dio cuenta de que su frustración venía de algo que no podía ignorar, lo que de verdad quería era ser actriz.
Aunque terminó sus estudios de animación, esa certeza la llevó a tomar la decisión de formarse también en actuación. Primero en Londres, con estudios de medio tiempo y, más tarde, en Estados Unidos, donde continuó profesionalizándose y enfrentando nuevos retos. La pandemia de COVID-19 complicó sus planes académicos, pero Isabel convirtió esa pausa en una oportunidad. Regresó a Guatemala, completó su carrera en animación en línea y se preparó con más firmeza para perseguir su sueño en la actuación.

Teatro y cine
En ambos mundos, Isabel ha vivido experiencias únicas. En el teatro, donde enfrentó su pánico escénico, aprendió a ser más expresiva, a controlar los nervios y a encontrar seguridad en sí misma. Recuerda con emoción su primera obra profesional, Fiddler on the Roof. Minutos antes de salir al escenario, mientras esperaba tras bambalinas rodeada de actores con más experiencia, comprendió que ese momento podría ser el verdadero inicio de su carrera profesional. Y así fue.
En el cine descubrió otra dimensión, la magia de contar historias a través de una cámara, donde cada detalle cuenta. Su papel en el cortometraje Dios Bendiga dejó una huella profunda. Basado en la historia real de la abuela de la directora, Isabel asumió la responsabilidad de representar un relato íntimo de migración y esperanza. Para ella fue un honor encarnar a un personaje tan cargado de verdad y emociones.

También ha vivido experiencias que han hecho crecer su confianza. Cuando fue parte de Juror #2, su primer set de Hollywood bajo la dirección de Clint Eastwood, sintió la presión de estar rodeada de figuras de renombre y de un equipo tan profesional. Al principio los nervios la invadieron, no quería cometer errores ni parecer fuera de lugar. Pronto se dio cuenta de que el ambiente, lejos de ser intimidante, era colaborativo y cálido, mucho más de lo que se había imaginado.
Las normas eran claras: no acercarse a los actores para pedir fotos ni interrumpirlos. Eso la hacía sentir aún más pequeña frente a la magnitud del proyecto. Pero descubrió que el ambiente era mucho más cálido de lo que pensabas. Clint Eastwood y los actores resultaron ser más sencillos de lo que esperaba. Saludaban, conversaban con naturalidad y trataban con amabilidad al equipo.
Esa cercanía transformó sus nervios en fuerza. En vez de sentir que estaba fuera de lugar, Isabel comenzó a disfrutar la experiencia y a reconocer que merecía estar ahí. Fue una lección que no olvidará. Incluso en los escenarios más grandes y profesionales, lo más valioso sigue siendo la calidez de las personas con las que compartes el trabajo.
Detrás de cámaras
La curiosidad de Isabel nunca se limitó solo a estar frente a la cámara. Desde temprano sintió la necesidad de fijarse en lo que ocurría detrás, de entender cómo se construye una historia en cada detalle. Por eso se animó a probar en la producción y en la asistencia de dirección, convencida de que conocer distintos roles dentro de la industria la haría crecer como artista.
Su primer gran reto llegó en el Savannah 48hr Film Festival, donde se lanzó a co-producir un proyecto contrarreloj. Muchos pensaron que sería demasiado para ella, pero Isabel sorprendió a todos —y a sí misma—. No solo logró cumplir con la responsabilidad, sino que descubrió que disfrutaba estar en ese lugar, tomando decisiones, resolviendo imprevistos y aprendiendo a liderar. Fue una experiencia que le enseñó que también puede brillar fuera del escenario, aportando desde otros espacios. En cada paso, Isabel fue superando sus propios miedos. “No se trata de no equivocarse, sino de no tener miedo de intentarlo”.
Reconocimientos y motivación
Uno de los momentos más especiales de su carrera llegó con su nominación a Best Supporting Actress en el Savannah 48hr Film Festival. Para ella, el reconocimiento fue inesperado y profundamente significativo. Como muchos artistas jóvenes, en ocasiones había dudado de su talento o sentido que no merecía lugar en una industria tan competitiva. La nominación fue un fuerte recordatorio de que su esfuerzo no pasaba desapercibido.
Aunque valora cada premio o reconocimiento, Isabel no los considera un fin. Para ella, lo importante es el proceso de entregarse a cada papel con autenticidad, trabajar con disciplina y sentirse orgullosa de su labor. Los premios, dice, son señales que alientan, pero no determinan su valor como artista.
Equilibrio de vida
Fuera de los sets y escenarios, Isabel procura mantener un equilibrio que la ayude a estar bien. Le encanta bailar, ir al gimnasio y perderse en un buen libro. Son actividades que la mantienen activa, saludable y que también le dan disciplina, concentración y la claridad que necesita para su trabajo.
Hablar varios idiomas se ha convertido en otra de sus herramientas valiosas: le ayuda a la hora de memorizar diálogos y le abre puertas para conectarse con más personas y proyectos.
Pero, claro, también reconoce que no siempre es fácil hacer un balance de la vida personal con la profesional. Aun así, ha aprendido a regalarse tiempo para descansar y cuidarse, entendiendo que su bienestar es tan importante como un ensayo bien preparado o un rodaje exigente.
Isabel sueña en grande, pero con los pies en la tierra. Le ilusiona poder formar parte de producciones de gran escala en Hollywood, especialmente en los géneros que la apasionan, como la acción, la ciencia ficción y la comedia. También quiere explorar el mundo de los videojuegos a través del motion capture.
Más allá de sus metas personales, mantiene con ella un sueño aún más profundo: regresar a Guatemala para abrir espacios de formación artística. Le gustaría crear un colegio o un programa que permita a más jóvenes acercarse al cine y al teatro, y que les brinde las herramientas necesarias para dar el salto hacia la industria internacional.