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2001: Augusto Monterroso recibe Premio Príncipe de Asturias de Las Letras

En Oviedo, España, el escritor guatemalteco Augusto Monterroso fue galardonado con el  Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2000.

augusto monterroso

Retrato del escritor Augusto Monterroso. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Tras recibir de manos de Felipe de Borbón el premio y en representación del resto de galardonados, Monterroso señaló que “las inexorables leyes del mercado de las grandes editoriales, de algunos críticos y de algunos lectores han contribuido a relegar a este género”, en referencia al cuento.

El cuentista situó esta especialidad  literaria como “alejada de los reflectores y el bullicio”, pero subrayó que su linaje está lejos de ser modesto, “aunque hay quienes piensan que el cuento es  un género intrascendente, y entonces lo escriben a manera de descanso entre su verdadera labor creativa”.

Alta distinción 

El cuentista, nacido en 1921, recibió la distinción como un nuevo reconocimiento a la cultura centroamericana, un espacio que, a su juicio, ha sido “siempre vencido”, tanto por los desastres naturales como por la situación económica y política derivada de la influencia de  compañías multinacionales.

Monterroso recalcó que es su “deber” recordar que los ancestros mayas fueron “refinados astrónomos y matemáticos” que inventaron el concepto del   cero antes que “otras grandes civilizaciones”, y que indagaron en la Cosmología, en lo que hoy se conoce con el nombre de Popol Vuh.

Admitió que, como muchos escritores centroamericanos, aspira a merecer, a la vez que a mantener y acrecentar con “dignidad y decoro”, las herencias de las culturas indígena, latina y española.

Brillante trayectoria

El cuentista Augusto Monterroso nació en Honduras, en 1921, y se nacionalizó guatemalteco. En su libro Los Buscadores de Oro declaró: “Soy y me siento guatemalteco”. Por amenazas políticas salió al exilio en México, donde residió el resto de su vida. Murió en 2003. 

Entre sus publicaciones destacan Obras completas y otros cuentos (1959), La oveja negra y demás fábulas (1969), así como la novela Lo demás es silencio (1978), La palabra mágica (1983), La letra e (1987) y Viaje al centro de la fábula (1989).  La vaca (1999)  “es un ensayo que parece cuento”, explicó él mismo.

Discurso memorable

En la prensa de estos días se ha dicho que en mí se premiaba no solo a un escritor centroamericano, sino también un género literario, el cuento, un género que ha venido siendo relegado por las grandes editoriales, por algunos críticos, y aun por los mismos lectores. Pues bien, no tiene nada de extraño que así suceda.

Las leyes del mercado son inexorables, y no somos los escritores de cuentos ni los poetas —hermanos en este negativo destino— quienes vamos a cambiarlas. Pero como decía el Eclesiastés refiriéndose a la Tierra, generación va y generación viene: mas el cuento siempre permanece.

Como quiera que sea, es cierto que prácticamente toda mi obra ha consistido en el acercamiento a dos especialidades hoy alejadas de los reflectores y el bullicio, si bien nada modestas en cuanto a su prosapia: el cuento y el ensayo personal...  Bueno, el campo de la literatura es tan amplio que en él caben hasta las cosas más pequeñas.

No he pretendido nunca erigirme en defensor del cuento común, o del cuento brevísimo, ni mucho menos en detractor de las novelas, cortas o largas...  El cuento se defiende solo. Quisiera considerar también este premio un reconocimiento a la literatura centroamericana, de la que, como guatemalteco, formo parte”.

Escribir la historia

Esta nota forma parte de la serie conmemorativa de nuestras bodas de diamante es un recorrido por noticias que marcaron la historia de Guatemala, con textos e imágenes originales de cada época, como un testimonio fehaciente de nuestra misión de servicio.

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