Guatemala

De albañil a ejecutivo de Pollo Campero

Luce con gusto sus dientes de oro, pero jamás ha perdido la humildad. Luis Armando Jocol tiene 31 años y es el primero en su familia que logra obtener un título universitario, a pesar de que su padre le decía que era ridícula la idea de estudiar, porque de todas formas iba a terminar trabajando como albañil, oficio en el cual se desempeñó cuando era adolescente.

Sin embargo, después de que ganó la Olimpiada Nacional de Ciencias y gracias a sus excelentes notas, se hizo acreedor de la primer beca universitaria que dio la Fundación Juan Bautista Gutiérrez.

Hoy es parte del equipo de desarrollo de productos nuevos de la empresa Pollo Campero; recientemente viajó a China para hacer estudios para una muy probable franquicia, y en Indonesia apoyó logísticamente la apertura de nuevos restaurantes.

Ahora mismo trabaja en la tropicalización de un concepto español para la región centroamericana. Se trata de los restaurantes Pans & Company, que vende emparedados tipo gurmé, cuyo concepto ya empezó a funcionar en la región, con tres locales en Guatemala y uno en El Salvador.

Logró cambiar su destino

Jocol fue un joven con el estilo de vida típico de la provincia, donde los padres acostumbran apoyar los estudios de sus hijos sólo hasta la primaria o básicos.

Sin embargo, desde que finalizó sus estudios básicos trató de romper con el destino que su padre había dispuesto para él: laborar como albañil en una empresa en La Esperanza, Quetzaltenango.

Cuando Jocol quiso seguir en diversificado, la respuesta de su padre fue: “No seas ridículo, mirá aquí conmigo trabajan maestros de obra, contadores y bachilleres; mejor trabajá, construí tu casa y casate, no tiene caso estudiar”.

A pesar de eso, Jocol no se conformó, dejó de estudiar dos años, durante los cuales fue obrero de la construcción, pero ahorró su sueldo y a escondidas fue a pagar la colegiatura de un año y medio para estudiar la carrera de bachiller industrial y perito en dibujo en construcción.

Cuando su progenitor se dio cuenta, Jocol ya estaba inscrito y tuvo que acostumbrarse a la idea de que su hijo iba a seguir estudiando. Fue hasta que llegó a la competencia nacional de la Olimpiada de Ciencias que el padre de este joven se percató de que sí valía la pena la preparación académica.

Este guatemalteco reconoce que, además de su deseo de salir adelante, también lo apoyó su profesor Rafael Mazariegos, quien aparte de ayudarlo con la teoría, lo impulsó hacia el éxito, pues le daba ánimos y lo ayudó a llegar a las Olimpiadas Científicas, donde fue condecorado en su primera y última participación en la categoría de química.

Un nuevo reto: choque de culturas

Después de haberse graduado de diversificado, Jocol enfrentó un nuevo reto: el choque de culturas, ya que aunque su meta era llegar al Centro Universitario de Occidente de la Universidad de San Carlos, se trasladó a la capital para ingresar en la Universidad del Valle.

Allí, mientras sus compañeros hablaban de viajes a Europa durante sus vacaciones, él añoraba con regresar a La Esperanza, subir de nuevo a los árboles para comerse una fruta, ver a sus padres y visitar a sus amigos de la infancia.

A esto se suma que en esa universidad dan por seguro que los alumnos ya saben hablar inglés y hacer programas informáticos, pero Jocol no sabía nada de eso; sin embargo, eso tampoco lo detuvo, buscó cursos adicionales y se preparó.

Ahora imparte talleres en esa universidad sobre cómo alentar la parte emprendedora de los estudiantes. Además, desarrolla nuevos productos y conceptos para Pollo Campero, abrió una cadena de librerías en su tierra, desde la que apoya la cultura y educación de sus paisanos.

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