El café guatemalteco vuelve a florecer

La caficultura guatemalteca está floreciendo de nuevo y crece de manera vigorosa a través de subastas electrónicas, diversificación de mercados y un creciente consumo interno de producto de calidad, luego de una severa crisis de precios en los primeros años de esta década a causa de la sobreproducción mundial.

En el 2009, el café generó más de 473 mil empleos —7 por ciento de la población económicamente activa (PEA)—.

En las últimas semanas, el precio del quintal de café oro alcanzaba los US$160, más de tres veces el precio que se había tenido a principios de la década.

En esa época, el desplome de los precios en el mercado internacional desató un efecto de pérdidas en cadena, y como resultado de ello, cientos de productores perdieron sus cultivos y miles de personas quedaron sin empleo.

A la marea de los precios también se había sumado la furia de la naturaleza, pues la llegada del huracán Mitch, en 1998, había afectado gravemente las plantaciones.

Sin embargo, en el 2002 vino la reacción del sector, que lanzó el denominado Plan de Competitividad de la Caficultura, según explica William Hempstead, director de la Asociación Nacional del Café (Anacafé).

Dicho plan, según las autoridades de Anacafé, constituye el horizonte del sector y abarca seis ejes estratégicos: desarrollo sostenible, la inteligencia de mercados, el adecuado mercadeo, la diversificación de ingresos, opciones de financiamiento y fortalecimiento institucional.

Todo empezó en la Colonia

Las raíces del grano son muy hondas en la historia nacional. Hempstead cuenta que las primeras plantas, provenientes probablemente de Cuba o de Puerto Rico, adornaron los patios de los jesuitas, durante la Colonia.

El aromático no se convirtió en un cultivo comercial sino hasta 1853, y alcanzó auge en 1870, cuando el valor de sus exportaciones sobrepasaron a las de la cochinilla —tinte hecho a base de insectos—.

El cultivo arrancó en plantaciones de la Costa Sur y la bocacosta de San Marcos y Retalhuleu. Posteriormente, se expandió a Alta y Baja Verapaz, especialmente a Cobán y San Pedro Carchá, así como a Amatitlán y algunos departamentos del Oriente del país.

Hacia 1870, se comenzó a cultivar en Antigua Guatemala, Sacatepéquez, el grano que ahora tiene fama mundial.

Según relata Hempstead, el cultivo por excelencia en ese municipio eran los nopales, en donde se desarrollaban las poblaciones de cochinilla, utilizada como materia prima de colorantes para telas. Sin embargo, con el descubrimiento de los tintes sintéticos, esta perdió valor comercial.

Desde ese momento, el café se convirtió en un pilar de la economía guatemalteca. Por ejemplo, en 1960, el grano representaba 60 por ciento de divisas en el perfil de las exportaciones guatemaltecas, y al final de la cosecha de ese año, se cotizó en US$46 el quintal de café oro.

En la actualidad, solo aporta el 9 por ciento de los ingresos de divisas, pues ha sido superado por otros sectores; sin embargo, existe la esperanza de abrir nuevos mercados para el aromático en Rusia o China.

Una prueba superada

La crisis de hace una década golpeó a muchos productores, como Enio Pérez, de Acatenango, Sacatepéquez, con 30 años de experiencia y cuarta generación de caficultores.

Pérez recuerda que el mayor problema fue que se carecía de estabilidad económica, lo que causó que se dejaran de fertilizar las plantaciones, lo cual afectó el rendimiento y la calidad.

En ese momento, las subastas electrónicas de café constituyeron un apoyo para que el grano de la finca La Soledad siguiera posicionado entre los compradores japoneses y estadounidenses.

El productor ha participado en tres subastas electrónicas. En dos de ellas el aromático fue adquirido por firmas japonesas, y en otra más por una compañía estadounidense, a buenos precios.

Lo más importante, según Pérez, fue que la producción de entre mil 300 a mil 500 quintales de café pergamino —equivalente a unos tres contenedores de 500 quintales cada uno— también se vio favorecida por la exposición internacional.

“Tratamos de buscar contacto directo, y las subastas fueron importantes para encontrar esos espacios”, explica Pérez.

En el caso de La Soledad, la crisis sirvió para aumentar la productividad y la eficiencia en todos los procesos.

En los últimos cuatro años, Pérez logró ampliar sus relaciones directas de venta, por lo que ahora trabaja sin intermediarios con un tostador.

Sin embargo, aunque es optimista, el productor reconoce que el panorama del café es complejo, pues sigue sujeto a los vaivenes del mercado y de los cambios en la producción mundial.

En su opinión, aunque aparentemente la crisis pasó, existen cientos de productores que todavía enfrentan problemas financieros.

Los precios

Esther Eskenasy, experta de mercado de Anacafé, explica que hoy el precio se ubica en alrededor de US$160 el quintal de café oro.

En el ámbito cafetero se habla ya de que en la cosecha 2010/2011, Brasil aumentará su producción y aportará 52 millones de quintales, mientras que Colombia proyecta una cosecha de 11 millones, sin mencionar que Vietnam también amenaza con aumentar la producción.

Eskenasy comenta que la crisis del 2000 fue resultado precisamente del crecimiento desmesurado de la producción de Brasil y de Vietnam.

La sobreoferta ocasionó una reducción de los precios a niveles que solo se habían observado en 1960, cuando el valor por quintal de café oro era de US$45 o US$46.

“Los precios que los productores conseguían en esa época no les alcanzaban ni para cubrir el valor del corte del grano, y menos para el abono de la plantación”, agrega.

Apuesta por la calidad

Para Hempstead, el as bajo la manga de Guatemala es la diferenciación de sus regiones, en donde el mercado ha apreciado la taza y está dispuesto a pagar un premio por la calidad.

La estrategia de diferenciación, basada en la región de producción, arrancó en 1989, de acuerdo con los microclimas.

Para Hans Mash, gerente general del café-bar El Cafetalito, la regionalización y la creciente calidad del aromático que se queda en Guatemala contribuye a incrementar el consumo interno.

Destino del café

A principios del siglo XX, Alemania e Inglaterra compraban mucho café a Guatemala, pero con la Segunda Guerra Mundial toda la producción se exportó a EE. UU.

En la actualidad, Guatemala exporta el 48 por ciento de su producción a Estados Unidos y 16 por ciento a Japón. El resto va a Alemania, Canadá, Países Bajos y nórdicos. Rusia y China son dos mercados con enorme potencial.