Se espera abundante lluvia y huracanes para los próximos meses

A la fecha no se reportan pérdidas por sequía, mientras el Insivumeh pronostica que la segunda parte de la temporada húmeda lloverá “arriba de lo normal” en todo el país.

Un productor de hierbabuena en su sembradío en Jocotán, Chiquimula, un municipio tradicionalmente golpeado por las sequías, pero que este año ha visto abundancia de lluvias. (Foto Prensa Libre: EFE)
Un productor de hierbabuena en su sembradío en Jocotán, Chiquimula, un municipio tradicionalmente golpeado por las sequías, pero que este año ha visto abundancia de lluvias. (Foto Prensa Libre: EFE)

La perspectiva climática para la segunda parte del inverno deja tranquilos a los agricultores del país puesto que el pronóstico de abundante lluvia les garantiza que no habrá pérdidas por sequía, no obstante, la preocupación se traslada a otros campos puesto que el exceso de agua también suele acarrear daños a la infraestructura del país y pone en riesgo la vida.

Un informe elaborado recientemente por el Instituto Nacional de Sismología Vulcanología Meteorología e Hidrología (Insivumeh) advierte de que en todo el país lloverá “por arriba de lo normal” y que se formarán alrededor de 18 fenómenos atmosféricos, entre tormentas y huracanes, que tienen posibilidades de impactar el territorio nacional.

La lluvia se concentrará especialmente en la boca costa, el suroccidente, el área de la Franja Transversal del Norte, el Caribe y buena parte de Petén, donde se espera que llueva entre mil y mil 800 milímetros entre agosto, septiembre y octubre.

Aunque en el resto del país, las precipitaciones llegarán entre 400 y mil milímetros dependiendo de área geográfica, también se consideran números arriba de lo usuales.

Prácticamente, en ninguna parte del país, ni siquiera en el Corredor Seco se espera déficit de lluvias.

Sin pérdidas por sequía

Los agricultores confirman que este año ha llovido lo suficiente para que no se pierdan las siembras por sequía; sin embargo, están conscientes de que deben ser precavidos porque cuando llueve con demasiada intensidad, sobre todo en periodos cortos, también poder verse dañados los cultivos.

Roni Palacios quien pertenece a una organización que tiene incidencia en el Corredor Seco, área afectada por sequías prolongadas en años recientes, aseveró que “la intensidad de las lluvias también hace perder cosechas”, pero que “gracias a Dios” en la primera parte del año no hubo escasez ni exceso por lo cual no ha habido pérdidas de cutivos.

En Petén, donde el problema suele se las inundaciones por el desborde de ríos, los campesinos esperan que el trimestre del invierno que recién empieza sea benevolente. Un ingreso tardío del invierno propició que los agricultores sembraran hasta en junio por lo cual en algunas regiones a las siembras aún les falta agua, por lo cual ven positivo un incremento de las precipitaciones.

Por su parte, Gustavo Rivas, representante de la Asociación Nacional de Granos Básicos, comentó que un invierno por arriba de lo normal no es problema cuando la cantidad de agua cae de forma espaciada durante los meses.

“Por ejemplo, si llueven 600 milímetros en un mes no está mal, lo malo es cuando esos 600 milímetros nos caen solo en una semana”, subrayó, el directivo de la asociación, aunque no dudó en calificar “en primera instancia” positivo un incremento de las lluvias.

Roberto Manuel Nájera, agricultor que vive en San Luis Jilotepeque, Jalapa, área del Corredor Seco, también ve con buenos ojos el aumento de lluvias en el país, puesto que vienen de varios años de intensas sequías en las que se han perdido abundantes cosechas.

En ese municipio los suelos permiten dos cosechas, una que se siembra en mayo y se recoge en agosto y la otra que se siembra en este mes y se obtiene a finales de año.

En la primera ya se “logró” el 80%, asegura Nájera, lo que les garantiza contar con suficientes alimentos para el resto del año, y si la lluvia se mantiene también habrá alimentación para los años secos del próximo año lo cual “es una buena noticia en medio de esta pandemia”.

Este agricultor que a la vez preside la organización Custodios del Bosque que se dedica a la defensa de los recursos naturales en Jalapa, lamenta que hoy en día no haya apoyo para diseñar técnicas de cosecha de lluvias durante años húmedos, como el actual, puesto que eso ayudaría a las familias a enfrentar temporadas de sequías en el futuro.

Como parte de la organización, añade, hace unos años contaron con el apoyo de una oenegé nacional con la cual dotaron de cosechadores de agua a algunas familias del municipio que ahora no tienen problemas con las sequías, pero no hallaron apoyo para ampliarlo a más familias.

“Se necesitaban Q500 por familia, pero lamentablemente es dinero que no tienen las familias”, puntualizó Nájera.

Temor a tragedias

Pero la preocupación principal por el exceso de lluvias se extiende al plano social puesto que en los años en los que ha llovido arriba de lo normal, los guatemaltecos han visto como algunos días seguidos de lluvia terminan en tragedias o catástrofes, no se diga, cuando el país es impactado por una tormenta o depresión tropical.

En ese sentido, el Insivumeh advierte que a partir de la segunda quincena de agosto las lluvias se incrementarán progresivamente hasta alcanzar el máximo de precipitaciones en septiembre lo cual causará la saturación de humedad de los suelos lo que “podrían generar deslaves, inundaciones, deslizamientos de tierra, lahares en la cadena volcánica y daños en la red vial”.

La intensidad del invierno continuará en octubre por lo menos hasta la tercera o cuarta semana en el área central y el oriente, mientras que en las regiones más húmedas podría durar hasta la primera de noviembre.

Durante este tiempo, debido a la saturación de los suelos, también podrían generarse problemas en la infraestructura del país.

Ciclones y la Niña

Los problemas por el exceso de lluvia podrían agravarse debido a que la temporada ciclónica también se prevé “más activa de lo normal” en el Atlántico donde se pronostica la formación de unos 18 ciclones, de los cuales nueve llegarían a huracanes y de estos, tres podrían convertirse en destructivos.

Desde luego, no todos estos fenómenos climáticos afectarán a Guatemala, sin embargo, existe un 41% de posibilidad de que al menos una tormenta tropical pase a menos de 80 kilómetros de las costas de Guatemala, una zona en la cual pondría al país en emergencia.

El Insivumeh también advirtió de que el país se encuentra en una fase de transición hacia el fenómeno de la Niña, por lo cual, de concretarse traerá más agua.

Desde mayo el clima en Guatemala ha estado “neutro”, es decir no se ha visto afectado, ni por el fenómeno del Niño —escasez de lluvia— ni de la Niña —exceso—, “pero todo apunta a que entre agosto y septiembre pudiéramos pasar a un fenómeno de la Niña”, aseveró el meteorólogo del Insivumeh, Cesar George.

Sin embargo, aunque no lleguemos hasta ahí, existen circunstancias favorables para que llueva mucho.

“La condición ahorita es muy peligrosa, el Atlántico y el Caribe está muy caliente, por lo tanto, la temporada de huracanes va a ser muy activa, y el enfriamiento del Pacífico es un detonante para que haya buena lluvia”, resaltó George.

Vigilancia

La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) mantiene activo el Protocolo por Temporada de Lluvias y de Huracanes 2020.

A esta preocupación se añade la de la pandemia del covid-19 por lo cual ya cuentan con un protocolo para evitar contagios en albergues, si es que estos se llegaran a necesitar.

El portavoz de la institución David de León informó que se calcula que 490 asentamientos actualmente están en condiciones de riesgo en todo el país, la mayoría en el departamento de Guatemala. El número varía, añadió, porque la migración hacia las ciudades es constante y ante la falta de viviendas las familias terminan por instalarse en barrancos y otras áreas no adecuadas para vivir.

Para minimizar los riegos constantemente se capacita a las personas de estos asentamientos para que no olviden que viven en riesgo y eviten poner en peligro su vida, a través de la puesta en marcha de los planes de respuesta cuando sea necesario implementarlos, que incluye avisar a la Conred cualquier peligro.