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En 2040, la metrópoli habrá agotado el 50% de sus reservas de agua subterránea
La dependencia del agua subterránea pone en riesgo el abastecimiento de la metrópoli, según estudio.
Las fuentes de agua superficiales no se dan abasto para el consumo de la metrópoli, por lo que el abastecimiento principal son las fuentes subterráneas. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
El área metropolitana se abastece principalmente de agua subterránea y el acelerado ritmo de consumo compromete la disponibilidad para los próximos años. Un estudio del Instituto Biósfera estima que para el 2040 se habrá agotado el 50% del recurso y para el 2060 podría llegar al 75%. Las actuales condiciones climáticas, como la sequía, agravan el problema.
La dependencia de los acuíferos está relacionada con el deterioro de las fuentes superficiales existentes en ríos o lagos.
La práctica de abrir pozos para solucionar una necesidad del momento se convierte en “sed para el mañana”, explica Juan Carlos Rosito, presidente del Instituto, pues los acuíferos tienen un límite.
La reflexión surge a partir del Análisis del agua subterránea en la región metropolitana de Guatemala: evidencia de una crisis silenciosa presentado en conferencia de prensa.
Con base en información existente y nuevos hallazgos sobre el estado de los acuíferos, el estudio establece que en 1975 había disponibilidad de 31 mil 500 millones de metros cúbicos de agua subterránea, lo que equivale a 134 veces el lago de Amatitlán, que tiene 235 millones de metros cúbicos. En medio siglo se consumieron 44.7 lagos.
Es decir, para el 2025 había 10 mil 500 millones de metros cúbicos menos de agua bajo la superficie. El consumo promedio anual fue de 200 millones de metros cúbicos.
Rosito explica que la extracción del agua subterránea sobrepasa la capacidad de recarga hídrica de las fuentes subterráneas, la cual ocurre al infiltrarse el agua de lluvia en el suelo. Mientras que en 1975 se infiltraba el 20% de la lluvia anual, para el 2025 disminuyó al 12%, lo que desequilibra el sistema.
“Actualmente se recargan 100 millones de metros cúbicos al año y se extraen 500 millones de metros cúbicos, eso no es sostenible. De no haber cambios importantes, a partir del 2040 al 2050 habrá un colapso generalizado”, agrega.
La baja recarga hídrica está asociada con la expansión de la mancha urbana, el consumo fragmentado, la disminución de las lluvias en el año por el fenómeno de El Niño y el aumento de las temperaturas de 2 grados centígrados desde 1970.
“Hemos consumido en promedio más de cinco veces lo que se recarga. El sistema de acuíferos tiene límites y si nos excedemos en el consumo, lo vamos a acabar”.
Juan Carlos Rosito, presidente del Instituto Biósfera
Al año en la metrópoli se consume el equivalente a dos lagos de Amatitlán. Este año, el 2026, debido a la sequía extrema, no habrá recarga hídrica que permita paliar dicho consumo. Esto acelera el vaciamiento del sistema de acuíferos de la región metropolitana, refiere.
Agrega que El Niño no es el principal causante del agotamiento de las reservas de agua, pero visibiliza un problema que debe abordarse de manera urgente. La conservación de bosques, la regulación hidrológica, la reutilización del agua y la capacitación para la protección contra incendios forestales son acciones que pueden ayudar, pero lo esencial es administrar mejor el recurso y evitar la sobreextracción.
Contaminación y escasez
Entre los sitios donde la crisis de agua es mayor en el área metropolitana se mencionan San Pedro Sacatepéquez, San Juan Sacatepéquez, Fraijanes, Santa Catarina Pinula, San Raymundo, Mixco y las partes central y norte de Guatemala.
El estudio concluye, entre otros, el "alto riesgo de contaminación de los sistemas acuíferos", detectado a partir de estudios sobre calidad del agua.
El agotamiento de las fuentes subterráneas también provocará, según el estudio, “un aumento progresivo e incremental de los casos de inviabilidad técnica o financiera de pozos actuales y futuros”.

