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Cómo los tamizajes neonatales pueden combatir las enfermedades poco comunes

Para los pacientes y sus familias las enfermedades poco frecuentes son un reto que se enfrenta con amor y paciencia.

Daniel Santos fue diagnosticado con esquizoencefalia de labio abierto, una enfermedad poco frecuente entre la población guatemalteca. (Foto Prensa Libre: María Reneé Barrientos)

Daniel Santos fue diagnosticado con esquizoencefalia de labio abierto, una enfermedad poco frecuente entre la población guatemalteca. (Foto Prensa Libre: María Reneé Barrientos)

¿Ha escuchado la palabra progeria? Lo más seguro es que no, pero quizá  recuerde la película El curioso caso de Benjamin Button, protagonizada por Brad Pitt en el 2008, que narra la historia de un hombre que nace con la apariencia de alguien de 80 años y que poco a poco rejuvenece.

A diferencia de lo que sucede en el filme, la progeria es una enfermedad que provoca el envejecimiento prematuro y no hay marcha atrás. El estado de quien la padece se agrava hasta causar su muerte. Esta condición es descrita como un padecimiento poco frecuente y en esa lista hay más de ocho mil afecciones a las que la ciencia  ha dado nombre, y  muchas más que no han sido identificadas.

El  genetista Julio Rafael Cabrera indica que las enfermedades poco frecuentes afectan a un reducido número de personas. Puede ocurrir un caso cada dos mil nacimientos, aunque el diagnóstico no suele ser inmediato.

Se estima que en el mundo hay cerca de 300 millones de personas con una de estas afecciones. ¿Cuántas viven en Guatemala? El número se desconoce, pues el sistema de salud guatemalteco no tiene un registro de estos casos, que se pierden entre aquellos más comunes.

Lo que en España se identifica como una enfermedad poco frecuente, en Guatemala no lo es. Cabrera menciona el caso de la espina bífida, cuya prevalencia en Europa es baja. Sin embargo, en el país a diario se diagnostican niños con esta condición, por lo que la presencia de estas afecciones cambia conforme la región.

La genética importa

Siete de cada 10 de estos padecimientos son de origen genético, y entre estos un 70 por ciento se manifiesta durante el nacimiento o en la etapa de la niñez. La estadística mundial dice que tres de cada 10 niños con este diagnóstico mueren antes de los 5 años.

El genetista señala las deficiencias que hay en el país para diagnosticar estas enfermedades, que se deberían identificar desde los primeros ultrasonidos que se hacen a la madre durante el embarazo, y ahí detectar cualquier anomalía o enfermedad genética en el bebé para que desde ese momento den inicio los estudios, pero  esto no sucede y los casos se identifican de manera tardía.

“Hay mucha deficiencia en el resultado de los diagnósticos del prenatal, de los ultrasonidos por parte de los obstetras”, dice, pero también sucede porque dentro del sistema de salud pública no se cuenta con las herramientas para practicar exámenes genéticos.

“No se tiene un laboratorio especial de biología molecular —evaluación genética— para hacer las pruebas porque son muy caras, y como son enfermedades raras,  no se les pone atención. Lo hacemos con  otras que son muy frecuentes, como las infecciosas”, reflexiona.

Por lo anterior, el diagnostico de este tipo de afecciones en el país es clínico, además de  que el estudio genético no está disponible para todos, pues el precio ronda  los Q10 mil. Solo a través de colaboraciones con empresas  se logra practicar las pruebas a algunos niños con determinados padecimientos, aunque en enfermedades que son estudiadas con el fin de desarrollar un medicamento para tratarlas.

Cabrera refiere que estas afecciones pueden ser de origen genético y desarrollarse con mayor incidencia entre madres muy jóvenes o en las mayores.  Lo que ocurre son cambios patológicos en la información de los genes y nuevas mutaciones que le suceden al bebé que se está formando. “En muchos casos no hay antecedente familiar, no hay historia, y aparece  un niño —con la enfermedad— por primera vez en la familia y dicen: ¡pero si esto es una enfermedad genética! Creen que genético es hereditario y no es así. Genético son cambios en los genes”, explica.

 El caso de Daniel

Cualquier ruido fuerte puede provocar que Daniel convulsione. Por 45 segundos sus músculos se tensan y sus extremidades se retuercen sin control. La primera vez que  se dio esta situación fue cuando cursaba el cuarto grado, frente a sus compañeros de escuela. Han pasado cinco años sin que puedan controlar esos movimientos involuntarios de su cuerpo al escuchar sonidos estridentes y repentinos.

Daniel debe usar a diario unos protectores para los oídos, esto ayuda a que no escuche sonidos fuertes que pueden provocarle una convulsión. (Foto Prensa Libre: María Reneé Barrientos)

La enfermedad que padece tiene nombre: es esquizoencefalia. La revista Ecuatoriana de Neurología la describe como “una malformación cerebral congénita caracterizada por hendiduras en la corteza cerebral”. Es considerado un padecimiento poco común y la prevalencia es baja. Puede afectar a 1.5 por cada 100 mil nacidos vivos, dato basado en un estudio elaborado en Estados Unidos, como señala un artículo científico publicado en la revista Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey en el 2020.

Hay dos variantes: la tipo I o labio cerrado, y la tipo II denominada de labio abierto. Esta última es la que afecta a Daniel, según el diagnóstico del neurólogo tratante.

Por su condición y para evitar que los ruidos le provoquen una convulsión, el médico y sus padres idearon colocarle un par de orejeras como las que  se usan en las prácticas de tiro, que amortiguan los sonidos y lo acompañan la mayor parte del día.

Raúl, su padre, menciona que cada cierto tiempo Daniel tiene cuadros severos o “crisis”, y en este punto puede tener no solo una convulsión  sino que varias, una tras otra.

“Como madre es difícil ver a un hijo en una situación así y no poder hacer nada”, se lamenta Marina, pues ante esos episodios uno solo  puede evitar que se lastime. Pese a ello, los raspones y moretones muestran lo cruel de la enfermedad, como la vez en que al convulsionar su boca golpeó con el filo de una pila y perdió varias piezas dentales.

En la primera revisión médica a la que fue sometido, la expectativa de los facultativos era que tendría serias dificultades de aprendizaje. Pese a ese pronóstico, acaba de finalizar el tercero básico. Al adolescente de 16 años le gusta la computación y tiene habilidad para dibujar. Su deseo es estudiar Diseño gráfico o  Mecánica automotriz.

Una de las pasiones de Daniel es dibujar, y entre sus sueños está ser diseñador gráfico. (Foto Prensa Libre: María Reneé Barrientos).

 La odisea

Para establecer cuál era el padecimiento de su hijo, los padres de Daniel visitaron varios médicos. La Federación Argentina de Enfermedades poco Frecuentes precisa que pueden pasar entre cinco y 10 años para obtener un diagnóstico, lo que también implica consultar un promedio de ocho especialistas. Se estima que más del 40 por ciento de las personas no reciben una opinión médica certera de su afección. En Guatemala la situación es más compleja.

Como destaca Cabrera, en el país el diagnóstico de los padecimientos poco frecuentes es clínico, ya que las pruebas de detección se condicionan a una pequeña fracción de la inmensa variedad de patologías.

El tamizaje neonatal, que debería practicarse a cada recién nacido, podría dar una luz de la presencia de estas enfermedades. Si bien no se efectúa a todos los neonatos, el abanico de padecimientos que identifica es limitado, solo cinco, cuando el estándar es de 80.

De esa cuenta, el calvario para quien tiene una enfermedad poco frecuente comienza en el diagnóstico y continúa con el tratamiento. Por el escaso número de personas que encajan en este perfil las empresas farmacéuticas no producen los medicamentos a gran escala ni para todas las patologías, lo que hace que su precio sea elevado.

El genetista menciona que hay enfermedades que pueden llegar a consumir hasta Q50 mil a la semana en tratamiento, y para un padre de familia  pagar esa suma es “imposible”.

Daniel se medica a diario, una pastilla cada 12 horas que le ayuda a mitigar las convulsiones, y por las noches toma otro fármaco que lo relaja y le permite dormir.

No ha sido fácil, pero los padres de Daniel, Raúl Santos y Marina Barrios, son los pilares que el adolescente necesita para seguir adelante. (Foto Prensa Libre: María Reneé Barrientos)

Para Raúl costear el tratamiento de su hijo es difícil por su condición económica, y a este desembolso mensual se suman los gastos de exámenes y consultas médicas con especialistas, y el desgaste físico y mental que conlleva cuidar a una persona con una enfermedad poco común. Solo su fe en Dios sostiene a la familia, afirma.

Por ahora, el control de Daniel lo llevan en el Hospital Roosevelt, pero la próxima cita está programada para agosto y eso retrasa conocer la evolución de la enfermedad.

Una ley que ayude

Julio Cabrera ve la necesidad de que la atención a las enfermedades poco frecuentes se legisle. En el Congreso hay una iniciativa de ley que  avanzó a tercera lectura en el 2017, pero según Jaime Urías, de la Asociación para Todos, hace falta voluntad política para que sea aprobada.

En la normativa 4672 se plantea que la atención a pacientes con estas anomalías sea integral, partiendo de que el diagnóstico es “un derecho” para toda persona y que el Estado de Guatemala debe garantizarlo, como también la asistencia especializada, con tratamiento gratuito para este grupo de la población, además de que abre la puerta a la investigación de estos padecimientos y la elaboración de un registro de personas con diagnósticos de tal naturaleza.

La asociación surgió luego de que  Urías y su esposa María Ofelia González recibieran la noticia de que su hija tenía una enfermedad poco frecuente. Sin tener la certeza de lo que enfrentarían se acercaron a médicos, comenzaron a investigar sobre el padecimiento y encontraron el tratamiento más adecuado. De esto han transcurrido 19 años, y en ese periplo conocieron a otras familias en una situación similar, a las que  han dado apoyo y las guían para que puedan obtener un diagnóstico y encuentren una atención integral para la afección.

“Sí tenemos un hijo enfermo  nuestro derecho e saber qué tiene, y el sistema de salud debe de estar preparado para proveer las pruebas genéticas y dar el tratamiento”, remarca González. En este aspecto, considera que las autoridades se han “tapado los ojos” ante estos padecimientos por la “carga” que pueden representar para los servicios de salud.

La Asociación para Todos ha brindado asistencia a decenas de familias, y hasta la fecha ha identificado 140 enfermedades poco frecuentes, una de ellas la esquizoencefalia de labio abierto que padece Daniel.

ESCRITO POR:

Ana Lucía Ola

Periodista de Prensa Libre especializada en temas comunitarios, con énfasis en Salud y Educación, con 17 años de experiencia. Reconocida con el Premio de Prensa Libre en categoría Reportaje, en 2019. Premio de la UPANA por Informar a la población guatemalteca sobre la realidad en nutrición y desnutrición en el país, en 2019. Diplomado El periodismo en la era digital como agente y líder de la transformación digital impartido por el Tecnológico de Monterrey.