“Nos mandaron sin ayuda”

Selvin Nicolás se ocultaba en la maleza del parque natural Garamba, República del Congo, a más de 11 mil kilómetros de su casa, aferrado a su ametralladora MAG. Era la madrugada del lunes 23 de enero del 2006 y el sol empezaba a salir. Llevaban 20 días tras el rastro de un grupo guerrillero.

Guatemala ha enviado contingentes militares para fuerzas de paz de la ONU en Haití, el Congo y Líbano. (Foto Prensa Libre: Archivo)
Guatemala ha enviado contingentes militares para fuerzas de paz de la ONU en Haití, el Congo y Líbano. (Foto Prensa Libre: Archivo)

Nicolás no dejaba de sorprenderse con los amaneceres en África cuando el zumbido de las balas le recordó a qué había llegado.

A su lado estaban los soldados Valerio Rax y Orlando Herrera, el radioperador. Nicolás trataba de hablar con Herrera para coordinar con el resto del grupo de 70 kaibiles, cuando una bala destrozó el radio de Herrera, le entró por un costado y le destrozó la clavícula al salir. Nicolás intentó arrastrarlo a un lugar seguro, mientras Rax los cubría, pero cayó abatido. Al mismo tiempo, Nicolás sintió un pinchazo en el estómago, y después, que el vientre se le desgarraba por dentro. No podía respirar. Vio el cadáver de Rax, que días antes había confesado que no quería morir en aquel país.

“Creo que nos mandaron a nosotros los kaibiles por lo que dicen de nosotros, que somos de hierro, que somos máquinas, pero no es así, algunos compañeros sólo fueron a morirse”, expresó Nicolás, quien debido a las lesiones no pudo continuar en el Ejército.

Si retrocedo, mátame…

Nicolás, Herrera y Rax eran parte de la cuarta sección de las fuerzas especiales del Ejército. Se conocían desde hacía siete años. Integraban el contingente militar de la ONU para la estabilización de la paz en la República Democrática del Congo que partió de Guatemala en octubre del 2005.

Al principio les dijeron que su misión era resguardar a poblaciones de civiles de ataques guerrilleros. Un mes después fueron reunidos por un comandante de la ONU en el campamento para decirles que tenían otra misión.

“Habló en francés, con traductor. Decía: ‘A este señor, y mostró una fotografía, lo queremos vivo o muerto. Esa será su misión'”, dijo Nicolás. Era Vincent Otti, segundo al mando del movimiento rebelde Ugandés Ejército de Resistencia del Señor.

Nicolás afirmó que uno de sus superiores le dijo que ellos también desconocían ese plan, pero que debían seguir órdenes. “‘Vamos a cumplir una misión arriesgada, es posible que alguien vaya a perder la vida’, eso nos dijeron”, refirió Nicolás, en su sencilla casa de Jutiapa, donde empezó una nueva vida, sin indemnización ni pensión alguna.

Después de la Navidad del 2005 partieron en avión. Luego, en helicóptero los llevaron a la sabana. “No aterrizaron, debimos lanzarnos desde ellos”, aseguró. Les dieron raciones para 15 días, el tiempo calculado para la misión.

“Caminábamos de cinco de la tarde a 9 de la noche. Descansábamos y seguíamos otra vez”, expuso Nicolás. Por radio recibían pistas de dónde podía estar el objetivo. Enviaban un escuadrón para explorar e informar. Así pasaron 20 días. Decidieron dividir el grupo para ampliar la búsqueda.

“Mientras cruzábamos un pantano, el agua nos llegaba al pecho, Rax se detuvo y le dijo al comandante: ‘Si quiere, métame un tiro, comandante, pero yo no camino más’. El comandante le dijo que no fuera araña y que siguiera caminando”, afirmó Nicolás.

El último día

El domingo en la mañana acamparon. Avisaron que llegarían helicópteros por ellos. A las 16 horas, el comandante avisó que habían localizado un campamento enemigo. Enviaron a los exploradores y a eso de las 22 horas volvieron para confirmar que allí estaba Otti. El otro equipo de 35 kaibiles estaba lejos, pero intentaría llegar.

“Entramos al área del campamento, había unos 200 elementos. Un guardia empezó a disparar y así comenzó la balacera, que duró dos interminables horas”, explicó Nicolás, quien, herido, resistió el combate junto a otros compañeros. Sin embargo, los helicópteros llegaron tres horas después.

“Allí entendí que nos mandaron de cacería sin ayuda ni apoyo de nadie. Estábamos solos en medio de esa nada. Fue como meterse a la boca de lobo. Ellos conocían el terreno y a nosotros no nos dieron chalecos ni cascos”, afirmó Nicolás, quien cuestiona por qué no los apoyaron a tiempo.

La ONU indemnizó a las familias de los soldados que murieron, pero en su caso, Nicolás no recibió nada. “Yo no pude seguir en el Ejército. Era de las fuerzas especiales, pero por mi herida ya no pude seguir. Tuve que irme ilegal a Estados Unidos, donde estuve cuatro años y medio. Ahora siembro café y al menos estoy vivo para contárselo a mis hijos”, dijo.

“Creo que nos mandaron a nosotros los kaibiles por lo que dicen de nosotros, que somos de hierro, que somos máquinas, pero no es así, algunos compañeros solo fueron a morirse y otros resultamos heridos”. Selvin Nicolás, exmilitar. que perteneció a Fuerza de Paz de la ONU.

Colaboración -Operación secreta-

Guatemala se integró al grupo de países que ayudan a la misión de paz en la República Democrática del Congo desde el  2005, cuando envió el primer contingente de militares que regresó  al país sin ninguna novedad. Hasta ahora han ido 10 contingentes.

Al segundo grupo de soldados se le asignó la  misión de búsqueda de un líder guerrillero, la cual terminó con la muerte de ocho soldados y cinco heridos.

Este hecho hizo despertar una polémica sobre las atribuciones de las fuerzas de paz de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en el Congo.  

La ONU explicó una semana después que la muerte de los kaibiles ocurrió cuando  fueron emboscados mientras resguardaban a una comunidad.

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, aceptaría después  que los militares guatemaltecos fueron designados para la búsqueda de un líder del movimiento rebelde ugandés Ejército de Resistencia del Señor.  Personal de la ONU declaró tiempo después a periódicos extranjeros que se trataba de una operación secreta, por lo que fue designado un grupo de fuerzas especiales formado solo por kaibiles.

DATO

10 GRUPOS de militares guatemaltecos han ido al Congo.