En Quiché rememoran el característico sonido del adufe, instrumento musical de percusión, de invención árabe, en forma de marco de madera y cubierto con piel curtida de oveja. “La falta de cuidado del adufe hizo que desapareciera este noble instrumento que caracterizaba desde principios del siglo XX los recorridos de las posadas. El último adufe que recuerdo haber visto y escuchado fue en 1958”, dice el vecino Juan Irene Santos.
Quedan en el olvido
Antaño, los niños de Chimaltenango acostumbraban colocar un zapato en la entrada de la casa en Nochebuena, para que los visitantes dejaran regalos. Esa tradición casi está en el olvido, al igual que las loas que se presentaban frente al atrio de la iglesia. “Antes uno salía de la misa y podía pasar a presenciar las alabanzas para conmemorar el nacimiento de Jesús”, afirma el historiador Luis Álvarez.
En Quetzaltenango, las añoranzas son por el ponche, que poco a poco ha sido sustituido por las bebidas carbonatadas en Navidad, así como el tradicional pache, que también comienza a ceder paso al pavo.
El historiador Augusto Ajcá señala que el arribo de tradiciones extranjeras, principalmente anglosajonas, ha causado impactos casi irreparables.-O. Figueroa, A. Martínez, J. Rosales y O. Cardona
Quedan en el tiempo
Con el paso de los años se han perdido costumbres.
En Quiché, las posadas finalizaban con un baile amenizado por marimba.
El Xela comienza a ganar terreno el pavo horneado, en vez del pache.
En Chimaltenango, los infantes creían que al dejar sus zapatos en la puerta principal la gente o el Niño Dios les llevaban obsequios.
El influjo de costumbres extranjeras, principalmente anglosajonas, ha llevado al olvido las propias.