Comunitario

Tradiciones navideñas se desvanecen

Más de un suspiro de nostalgia se escucha en la provincia cuando se recuerdan las tradiciones navideñas que han cedido al paso de los años, como las carrozas que circulaban por las calles de Barberena, Santa Rosa, las loas en Chimaltenango, el uso del adufe -pandero antiguo- en las posadas en Quiché y el cada vez más escaso ponche en Quetzaltenango.

Las carrozas ya no recorren las calles de Barberena, Santa Rosa, que eran vistas por centenares de vecinos.

Las carrozas ya no recorren las calles de Barberena, Santa Rosa, que eran vistas por centenares de vecinos.

Manuel Taracena aún recuerda cuando era uno de los organizadores del desfile de carrozas en Barberena. “En la calle real había una lluvia de regalos y eran cientos de personas las que abarrotaban el lugar para ver  preciosidades de carrozas, mientras un jurado elegía  la ganadora”, relata. Solo 10 años duró la tradición, que decayó por falta de apoyo de  autoridades y  comerciantes.

En Quiché  rememoran el característico sonido del adufe, instrumento musical de percusión, de invención árabe, en forma de marco de madera y cubierto con piel curtida de oveja. “La falta de cuidado del adufe hizo que desapareciera este noble instrumento que caracterizaba desde principios del siglo XX los recorridos de las posadas. El último adufe que recuerdo haber visto y escuchado fue en 1958”, dice el vecino Juan Irene Santos.

Quedan en el olvido

Antaño, los niños de Chimaltenango acostumbraban  colocar un zapato  en la entrada de la casa en  Nochebuena, para que los visitantes dejaran regalos. Esa tradición casi está en el olvido, al igual que las loas que se presentaban  frente al atrio de la iglesia. “Antes uno salía de la misa y podía pasar a presenciar las alabanzas para conmemorar el nacimiento de Jesús”, afirma el historiador Luis Álvarez.

En Quetzaltenango, las añoranzas son por el ponche,  que poco a poco ha sido sustituido por las bebidas carbonatadas en Navidad, así como el tradicional pache, que también comienza a ceder paso al pavo.

El historiador Augusto Ajcá señala que el arribo de tradiciones extranjeras, principalmente anglosajonas, ha causado impactos casi irreparables.-O. Figueroa, A. Martínez, J. Rosales y O. Cardona 

Quedan en el tiempo

Con el paso de los años se han perdido costumbres.

En Quiché,  las posadas finalizaban con un baile amenizado por marimba.

El Xela comienza a ganar terreno el pavo horneado, en vez del pache.

En Chimaltenango, los infantes  creían que al dejar sus zapatos en la puerta principal la gente o el Niño Dios les llevaban obsequios.

El influjo  de costumbres extranjeras, principalmente anglosajonas, ha llevado al olvido las propias.

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