“No había posibilidades de sobrevivir”

La operación de rescate de las víctimas de Acatenango no fue tarea fácil para la patrulla del Cuerpo Voluntarios de Bomberos (CVB), las condiciones en la cima del coloso eran mortales, recuerda uno de los socorristas.

Patrulla de rescate de Bomberos Voluntarios en la búsqueda de los desaparecidos en el volcán Acatenango. (Foto Prensa Libre: William González)
Patrulla de rescate de Bomberos Voluntarios en la búsqueda de los desaparecidos en el volcán Acatenango. (Foto Prensa Libre: William González)

Las tareas de la patrulla comenzaron desde las 13 horas del domingo y el grupo, aunque sin equipo especial para bajas temperaturas, acomodó sus escasos recursos para cumplir con la misión, el rescate de las víctimas.

“Arriba había tanto viento que íbamos cuatro amarrados con lazos. Por ratos gateabamos o nos arrastrábamos”, recuerda Henry Noj, socorrista de 45 años que integró la patrulla de rescate.

Durante dos días, Noj junto al grupo de socorristas rastrearon todo el perímetro de Acatenango en busca de las víctimas, cada hora que pasaba se agotaban las esperanzas de encontrar a alguien con vida, recuerda.

“Ni siquiera nosotros podríamos resistir tanto tiempo a las condiciones en las que íbamos”, dice Noj mientras explica las técnicas de sobrevivencia utilizadas por los socorristas, a casi 4 mil metros de altura.

Según el informe forense, tres de las víctimas murieron por hipotermia, una por un edema pulmonar y dos más por fuertes golpes en el cráneo. El bombero recuerda que los cadáveres estaban cubiertos de escarcha cuando fueron localizados.

“En el segundo día encontramos los cuerpos de una de las mujeres y del médico. La joven estaba en una hondonada, a unos 25 metros de donde estaba el médico. Él estaba sentado en  unas piedras en un área árida, ambos con escarcha en todo el cuerpo”, relata Noj.

El socorrista resaltó que el médico Axel Rubén Carranza llevaba un traje especial para el frío y trató de “apoyarse en él pero no aguantó”.


Los dos días de rescate fueron extremos y la patrulla necesitó amarrarse para no perderse o, en el peor de los casos, caer en algún precipicio.

“Cuando estábamos arriba, el viento volteó a uno de mis compañeros, pero al ir amarrados servimos de ancla y evitamos que cayera a una hondonada. Por momentos sentí que se me acalambraron los pies, pero lo menos que podía hacer era detenerme, porque me congelaría si no hacía movimiento”, dice Noj mientras explica que una de las técnicas que recomiendan los bomberos para sobrevivir es “abrir agujeros en la tierra para refugiarse y alcanzar madera para hacer una fogata.

La patrulla finalizó el trabajo y se dio por concluida la búsqueda el lunes. Una camilla, un overol, un radio comunicador y un casco con linterna es el equipo que porta cada integrante de la patrulla que en otras emergencias también facilita personal para búsqueda en estructuras colapsadas y marítimas.