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Campaña Tengo algo que dar cumple segunda jornada

Seis mil personas que participan desde ayer en la campaña Tengo Algo Que Dar, amanecieron hoy en viviendas rurales donde conviven con personas de escasos recursos.

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El presidente Otto Pérez Molina saluda a los vecinos al salir de la escuela de la aldea Vixben, Huitán,Quetzaltenango. (Foto Prensa Libre: Carlos Ventura)

El presidente Otto Pérez Molina saluda a los vecinos al salir de la escuela de la aldea Vixben, Huitán,Quetzaltenango. (Foto Prensa Libre: Carlos Ventura)

Desde las 5.30 horas de ayer los voluntarios subieron a los buses que los llevaron a sus destinos. Entre los participantes se encuentran mil 500 trabajadores públicos.

El presidente de la República Otto Pérez Molina visitó a la familia Bail en la aldea Vixben, Huitán, Quetzaltenango. El mandatario almorzó tortillas negras con papa cocida y chirmol y compartió con los siete miembros de la familia.

Pérez pernoctó en el Puesto de Salud de la aldea y este domingo se levantó a eso de las 7.30 horas y luego participó en un desayuno con Francisco Cuevas, Secretario de Comunicación Social, y Armando Paniagua, director del Fondo Nacional para la Paz, para luego ir nuevamente con la familia de Margarito Bail.

Roxana Baldetti, vicepresidenta, llegó a la aldea Las Flores, Sumpango, Sacatepéquez, donde compartió todo el día con la familia de Adela Camey Suruy, de 32 años y madre soltera de cinco hijos.

Baldetti durmió en la Escuela Rural Mixta, de la zona 3 de la aldea Las Flores y esta mañana tuvo que caminar tres kilómetros para llegar a la vivienda de Camey, ubicada en el lugar conocido como El Volante y allí colaboró con las tareas de la casa.

El director del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat), Pedro Duchez, viajó a la aldea Xeabajá en Chimaltenango,  junto con el ministro de Economía Sergio de la Torre.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), “cuatro de cada diez niños menores de cinco años presenta desnutrición crónica”.

Esta condición causa menos retención escolar, menor productividad, propensión a adquirir enfermedades y hasta pérdida del coeficiente intelectual que son efectos irreversibles durante toda la vida.

La desnutrición crónica afecta a ocho de cada diez de los niños y las niñas indígenas.

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