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Un reencuentro con la rueda de Chicago

En lo alto convergen adrenalina, gritos y una vista inusual. En este juego mecánico, los de la primera ronda salen ganando.

La Feria concluirá el 21 de agosto. Hoy, cierra a las 22 horas y mañana a la medianoche. (Fotos Prensa Libre: José Luis Escobar).

La Feria concluirá el 21 de agosto. Hoy, cierra a las 22 horas y mañana a la medianoche. (Fotos Prensa Libre: José Luis Escobar).

¿Cuándo fue la última vez que compró un boleto para la rueda de Chicago? Estos juegos mecánicos son como faros, guían a los interesados no a tierra sino a la diversión y a las delicias gastronómicas de las ferias y, desde este fin de semana, concretamente en la capital, a la Feria de Jocotenango.
 
La festividad atrae desde niños a ancianos, como lo confirma Daniel Guadalupe Fuentes Pérez, quien por los últimos 53 años de los 72 de vida, ha visto bajar de su rueda a público de todas edades, algunos riendo y otros asustados o incluso llorando. Por suerte esos últimos, dice, son pocos.
 
Hablé con don Daniel después de un recorrido en su rueda. No, no fui de los que bajó llorando, un poco asustado nada más. “¡Qué suerte la suya!” me dijo el encargado de recibir los boletos y mientras aseguraba mi barandilla del asiento agregó “porque los de la primera ronda siempre salen ganando. Pasan más rato en lo que se va llenando la rueda”.
 
Había olvidado la adrenalina que conlleva subirse al que quizá sea el rey de los juegos mecánicos de las ferias, o mejor dicho, la reina. La última vez fue hace más de 20 años. En la cima me reencontré con la infancia al contemplar las panorámicas del Hipódromo del Norte y, a medida que la velocidad se incrementaba, recordé también las noticias de algunos accidentes que han ocurrido en años recientes en este tipo de distracciones.
 
Los propietarios como el señor Fuentes, así como los de otros juegos, procuran que todo funcione a la perfección, revisándolos a diario para prevenir desastres. Con esas palabras como garantía, disfruté del paseo.
 

Otra, otra

No me fue mal. Al menos no terminé como el jovencito  que devolvió el desayuno. A la par iba su novia.  Los niños que iban a pocos asientos del mío se dedicaron a reír y a gritar a todo pulmón.  Estaban en sintonía con el grupo de amigas adolescentes, mis otras vecinas. El resto de “pasajeros” eran padres de familia con sus chicuelos y varios jóvenes enamorados que aprovechan el vaivén de los asientos para abrazarse.
 
 “Subamos otra vez, ala, sí”, escuché una vez bajé. Era un niño de unos  ocho años brincando e interrumpiéndole el paso a su mamá. El gesto de la señora fue evidente. Un no sería su respuesta, misma que interrumpí para conocer los detalles de su experiencia. Pero el temor de hablar con un desconocido que le indicó tenía intenciones de publicar su historia, la hicieron desistir. Intenté abordar a otras madres cercanas a la rueda, en distracciones como “el gusanito” y el carrusel pero se sobrepuso su timidez.
 
Al dejar la feria tuve mejor suerte con Zulma Flores, quien visitó el lugar de las 10 a las 13 horas junto con sus hijos Maicol y Rebeka. No se animaron a subir a la rueda pero sí disfrutaron del trampolín y de las golosinas. “Si hay posibilidad, queremos venir a dar otra vuelta”, dijo la madre.
 

Seguridad

Doña Zulma pidió le enviara una fotografía de las que le tomé con sus niños.  Me hubiera dado su smartphone para que le quedara un recuerdo de la visita, pero contó que no quiso llevar el celular pues hace un par de años la asaltaron al dejar la feria y lo perdió.
 
Este año, para minimizar ese tipo de atracos, la Municipalidad de Guatemala indica que hay 60 policías municipales, 60 de la Policía Municipal de Tránsito, 50 de la Policía Nacional Civil y que se cuenta con apoyo del Ejército.

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