La advertencia de los riesgos “es una llamada de atención no solo al Gobierno, a los expertos, la comunidad civil, para quienes están participando siempre en ese esfuerzo, incluida la cooperación internacional e intereses empresariales”, explicó Pilar Álvarez, directora y representante multipaís de Unesco para Centroamérica y México.
Según Álvarez, salir de la lista de sitios patrimonio mundial es un proceso lento, pero “a lo que no hay que reducir importancia es al semáforo de alertas; y si hay luces amarillas, hay que prestar atención y, figurativamente hablando —los sitios en el país—, están en amarillo”.
Amenaza real
Ernesto Kernil, director de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, ratificó que hay amenaza real en Guatemala.
Afirmó que se deben implementar acciones para evitar que esas áreas sean de nuevo evaluadas y puedan perder su calificación por no cumplir con los cuidados a los que el país se ha comprometido.
“Hay una oportunidad de mejorar la legislación para que esos sitios reciban ese tratamiento extra y evitar que salgan de la lista. Sería una tristeza, pero más triste es que no cumplan y sigan manteniéndose”, añadió.
De acuerdo con Kernil, países como Guatemala han decidido de manera soberana incorporarse y han sometido los sitios como patrimonio mundial, y “en ejercicio de esa soberanía, deben ser congruentes y protegerlos”, para mantener la categoría.
Benedicto Lucas, secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), reconoció que hay amenazas, pero se han identificado en áreas de amortiguamiento, y no en zonas núcleo en el Parque Nacional Tikal.
“Dentro de la reserva de Tikal no hay una amenaza directa; afuera, sí, en la zona de amortiguamiento”, explicó.
En el caso del parque arqueológico Quiriguá, Los Amates, Izabal, Lucas indicó que el sitio es reconocido más por su valor arqueológico e histórico, y no por su biodiversidad. Sin embargo, también ha estado bajo amenazas, como lo señalan ecologistas.
Las otras áreas donde según el Conap existen “retos y desafíos” son las del Trifinio Montecristo Fraternidad, área que comparten Guatemala, Honduras y El Salvador; y la Sierra de las Minas, reconocidas por la Unesco y amenazadas por ocupaciones ilegales y la expansión de monocultivos que han deforestado el área.