Guatemala

Desterrados viven calvario en México

Unas 90 familias guatemaltecas que fueron desalojadas del Parque Nacional Sierra del Lacandón, La Libertad, Petén, se encuentran refugiadas y en situación precaria en Nuevo Progreso, Tenosique, Tabasco, México, denunciaron ayer al menos dos diarios mexicanos.

Unas 200 personas, entre ellas varios niños, se refugian en México, luego de haber sido desalojadas de la comunidad Nueva Esperanza, en La Libertad, Petén.

Unas 200 personas, entre ellas varios niños, se refugian en México, luego de haber sido desalojadas de la comunidad Nueva Esperanza, en La Libertad, Petén.

“Este pueblo, conformado por alrededor de 90 familias, que prácticamente fue expulsado de su país, huyó hacia este punto, ubicado entre una zona serrana y selvática de la frontera de México y Guatemala”, cita el diario El Universal.

El Excélsior especifica: “De acuerdo con los propios desplazados, cerca de 200 campesinos, del municipio La Libertad, en Petén, fueron agredidos por el Ejército Nacional de Guatemala, señalados por su gobierno de ser traficantes o de colaborar con ellos”.

Esa situación es vista por diferentes sectores como algo similar a lo ocurrido durante el conflicto armado interno, cuando miles de familias guatemaltecas debieron huir hacia Chiapas, México, para evitar ser masacradas.

En ese momento eran señaladas por el Ejército de ser colaboradoras de la guerrilla, mientras que en la actualidad se les tilda de ayudar al narcotráfico.

El 25 de agosto último, en conferencia de prensa, el ministro de Gobernación, Carlos Menocal, declaró que los campesinos fueron expulsados “porque se considera que estaban aportando o colaborando con el narcotráfico”.

Supervivencia

“Nosotros no somos delincuentes”, afirmaron a El Universal José Manuel Valdez, Miguel Ángel Pérez Ramírez y José Gutiérrez Zacarías López, quienes se encuentran en situaciones infrahumanas en una zona fronteriza entre ambos países.

Los connacionales, entre los que se encuentran hombres, mujeres y niños, ya llevan una semana “en resistencia”, en un área selvática de Nuevo Progreso, después de que fueran desalojados de la comunidad Nueva Esperanza, área del Parque Nacional Sierra del Lacandón, y sus viviendas quemadas, el 23 de agosto último.

Según lo reportado por los periódicos mexicanos, los guatemaltecos salieron con muy pocas pertenencias cuando se dio el desalojo, y ahora sobreviven bajo ramas de árboles y casas improvisadas de nailon, en un área donde se registra constante lluvia.

El desalojo se llevó a cabo durante un operativo “que responde a este sentido de seguir buscando estructuras criminales y seguir desmantelando”, expresó Menocal.

Gobierno los acusa

La versión del funcionario es secundada por el gobernador de Petén, Rubel Mauricio Álvarez, quien expresó: “Muchos de ellos —los campesinos— son enviados por narcofinqueros” al área de donde fueron desalojados, porque es un “punto estratégico para la seguridad nacional”.

Álvarez agregó que han identificado al menos 25 comunidades más que “están relacionadas con el crimen organizado y el narcotráfico”, las cuales se encuentran en un área que tratan de recuperar.

Se repite el patrón

Ramón Cadena, presidente de la Comisión Internacional de Juristas; Clara Arenas, directora de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales; Sergio Morales, procurador de Derechos Humanos; y Rafael González, del Comité de Unidad Campesina, coincidieron en que se repite el patrón desarrollado durante el conflicto armado.

“Este tipo de situaciones provoca un desplazamiento forzado y, lamentablemente, estamos volviendo a vivir situaciones no tan dramáticas como tierra arrasada, pero sí con grandes en efectos como los del conflicto armado”, insistió Cadenas.

El jurista supone que los desalojos obedecen a la instalación del megaproyecto turístico Cuatro Balam, así como de cuatro hidroeléctricas en los márgenes del río Usumacinta, que atraviesa la región.

Arenas expresó su preocupación porque el desalojo obligue a guatemaltecos a pasar la frontera para salvar sus vidas.

“Se crean historias que los vinculan con el narcotráfico y cosas ilegales, pero habría que conocer qué dicen ellos, pues necesitan un lugar dónde producir, y los desalojos los ponen en graves problemas, lo cual es una violación del derecho a la vida”, comentó.

Morales dijo que no hay protocolo que impida que los campesinos solo sean expulsados sin darles una respuesta y forma de vivir. “Los campesinos se sienten desorientados y salen corriendo a cualquier lugar, y si ese lugar es México, no hay barrera que detenga a alguien con miedo”, insistió.

Según González, la situación que se da en Petén es un reflejo del problema agrario que viven campesinos en todo el país.

“Eso refleja la inhumanidad del Gobierno, pues aunque diga que —los campesinos— salieron por su cuenta y sin violencia, dejarlos sin un techo ni tierra para producir implica una violación a los derechos humanos y a la alimentación”, criticó.

No se violaron derechos

El Gobierno se pronunció en un comunicado en el que rechaza la violación a los derechos de las familias desalojadas, a las que, según este, les ofrecieron trasladarlas a sus lugares de origen, pero se negaron.

El documento agrega que la acción se efectuó para recuperar áreas en poder del narcotráfico o que favorecían las actividades ilícitas del mismo.

Menocal aseguró que no hay información de que familias completas se movilicen hacia México, y menos como durante el conflicto armado interno.

“Hemos cruzado información con las inteligencias mexicanas, y de hecho hubo una reunión de fuerzas militares hace dos semanas. Ninguna de las autoridades nos ha reportado un movimiento migratorio masivo de refugiados al estilo del conflicto armado interno o estampida”, aseveró.

ESCRITO POR:

Geovanni Contreras

Periodista de Prensa Libre especializado en Política y Poderes, con 21 años de experiencia. Galardonado en el 2017 por su trayectoria por la Embajada de México y la Hemeroteca Nacional Clemente Marroquín Rojas.