Con la misma fe que en años anteriores, padres de familia llegaron ayer con sus hijos vestidos con trajes típicos y el rostro pintado, a venerar a la ?Virgen Mestiza?.
Millares de personas hicieron cola durante horas para pasar frente al cuadro de la Virgen de Guadalupe, en el altar mayor del santuario, ubicado en la 1a. avenida y 8a. calle, zona 1.
A la salida del anda, como es costumbre, todos se aglomeraron con la ilusión de ver de cerca la imagen de la Virgen, con lo cual pusieron en peligro a los niños.
El recorrido
A las 13 horas, la imagen de la Virgen de Guadalupe salió del templo para recorrer las calles del Centro Histórico, hasta llegar a inmediaciones del Cerrito del Carmen, y retornó al templo a las 22 horas.
En cada lado del anda, que tenía el mensaje ?Si ella es el faro, ¿por qué temes a la tempestad??, se podía observar a 20 cargadores, entre hombres y mujeres.
Marimba y moros
La procesión fue precedida por una marimba y un grupo de ?moros? danzantes, quienes esparcieron humo de incienso.
La tradición señala que la aparición de la Virgen al indígena Juan Diego en el cerro del Tepeyac, México, ocurrió en 1531.
Desde el tiempo de la Colonia se le rinde culto a la Virgen guadalupana en el país, como lo refieren algunos retablos de las iglesias.
A su paso por la Catedral, el Arzobispo Metropolitano, monseñor Quezada Toruño, dio la bendición al anda y los feligreses que la acompañaban.
El jerarca católico expresó: ?Es necesario que esta tradición tan bonita y con tanta devoción se mantenga siempre en Guatemala, porque es parte de nuestra identidad? .
Asimismo, monseñor Quezada enfatizó que este tipo de tradiciones ayudan al pueblo guatemalteco en épocas de crisis, como la que el país afronta en la actualidad.
Diversión
En los alrededores del templo las ventas se extendieron por varias cuadras.
Allí, los feligreses, luego de visitar a la Virgen de Guadalupe, encuentran diversión, y familias enteras posan para ?la foto de ley?.
Entre la algarabía de las personas que compraban juguetes, ropa y comida, pasaron casi inadvertidos los cánticos que se escuchaban desde interior del templo.
Mientras tanto, las bocinas de los automóviles no dejaron de sonar, porque el cierre de algunas arterias, ocupadas por las ventas, incrementaron el caos vehicular en el Centro Histórico, como todos los años.
Testimonio: Costumbre y fervor
La tradición de vestir a los niños con trajes típicos es una manera de unir a las familias, expresó Beatriz Rodríguez, quien lleva todos los años a sus pequeños a visitar a la guadalupana.
Doña Beatriz cuenta que a ella sus padres la vistieron para esta fiesta religiosa durante siete años, y ahora ella continúa esta tradición con sus dos hijos.
?Vestir con trajes típicos a mis hijos no es sólo por tradición o costumbre, sino devoción a la Santísima Madre, a quien considero nuestra protectora?, puntualizó.