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El oscuro origen de la fortuna de la familia del general Francisco Franco (y por qué es tan polémica en España)

No quiso dar un paso atrás y estuvo al frente de sus negocios hasta poco antes de morir.

Carmen Franco, la única hija del general Franco, falleció a los 91 años el pasado diciembre. AFP

Carmen Franco, la única hija del general Franco, falleció a los 91 años el pasado diciembre. AFP

Igual que su padre con la jefatura del Estado español, Carmen Franco, la única hija del general Francisco Franco, mantuvo las riendas de su fortuna hasta el final.

Falleció el pasado diciembre en su casa del acomodado barrio de Salamanca, en Madrid, a los 91 años.

Su vida, igual que la fortuna que deja, fue excepcional.

Su padre, el hombre que se puso al frente de la insurrección militar que inició la guerra civil española (1936-1939) y gobernó con mano firme España durante casi cuatro décadas, es todavía hoy una figura que provoca división.

De niña, a Carmencita, como la llamaban entonces, la colocaban delante de las cámaras para lanzar proclamas brazo en alto al estilo fascista junto a sus padres.

Gran patrimonio

Su funeral, celebrado el pasado 11 de enero, lo presidieron dos cardenales, incluido el vicepresidente de la Conferencia Episcopal española, y contó con 1.200 asistentes que la despidieron mientras sonaban los acordes del himno nacional.

Carmen Franco fue enterrada en la cripta familiar de la Catedral de la Almudena de Madrid, donde solo a unos pocos elegidos se les concede un nicho y donde contrajeron matrimonio los actuales reyes de España.

Sus restos reposan junto a los de Cristóbal Martínez-Bordiú, el médico aristócrata con el que tuvo siete hijos.

Sus vástagos esperan ahora el reparto de una herencia difícil de cuantificar y polémica por su dudoso origen.

Según le cuenta a BBC Mundo la veterana periodista española Nieves Herrero, autora de una biografía novelada del personaje, “es imposible saber el patrimonio que dejó porque invirtió mucho a lo largo de su vida”.

Estimaciones publicadas en la prensa española lo sitúan entre los 500 y 600 millones de euros, unos US$620 millones.

Según las mismas fuentes, Carmen Franco poseía, entre otros, inmuebles y estacionamientos, así como fincas rústicas en diferentes puntos del país.

Propiedades y empresas

El periodista Mariano Sánchez Soler, autor del libro “Los Franco S. A.”, estimó el patrimonio de la familia cuando murió el general en 1975 en “más o menos” 20.000 millones de pesetas, unos US$333 millones al cambio de la época.

Entre los activos de la familia Franco contó decenas de propiedades.

Algunas eran enormes fincas, como la de Valdefuentes, casi 10 millones de metros cuadrados ubicados en la localidad madrileña de Arroyomolinos, o el conocido como palacio del Canto del Pico, levantado en un solar de 820.000 m2 en el también madrileño municipio de Torrelodones.

En los terrenos de Valdefuentes estaba prohibido edificar, pero una recalificación en 2003 permitió la construcción allí de miles de viviendas, un polígono industrial y un enorme centro comercial.

Los Franco también tenían propiedades en Guadalajara, Marbella, la lujosa urbanización de La Moraleja e incluso en Miami, Estados Unidos.

Más de cuatro décadas después, cuando es el testamento de ella el que toca leer, Carmen Franco figura en los registros con cargos directivos en varias sociedades, la mayoría inmobiliarias y domiciliadas en la residencia familiar en la que terminó su vida.

El legado de doña Carmen a sus herederos -cuyos detalles están rodeados de secretismo- levanta ampollas en un país en el que la sombra del franquismo sigue presente en el debate político.

El inicio

Para rastrear su origen hay que remontarse a los años de la guerra civil (1936-39), cuando en una España inundada de sangre, metralla y odio se produce el triunfo de un joven general gallego llamado Francisco Franco.

Miles de españoles del bando derrotado sufren la represión que siguió a la contienda fratricida. Muchos se exilian en América Latina y otros lugares.

En esa época los españoles pasan las penurias de la posguerra, en la que el país sufre un severo racionamiento de alimentos y otros artículos de primera necesidad.

“De Franco no se conoce patrimonio personal antes de la guerra, pero se había casado con una de las mujeres más ricas de Asturias”, explica en conversación con BBC Mundo el historiador español Ángel Viñas.

La esposa de Franco, Carmen Polo, heredó de su padre un gran patrimonio en esa región del norte de España que, presumiblemente, debió de revertir a su única hija, recién fallecida.

“Cuando Franco se hace millonario es en la guerra”, señala Viñas, autor del libro “La otra cara del Caudillo”.

Y, según sostiene, no será limpiamente.

“Suscripciones patrióticas”

Viñas dice que Franco vendió al Estado un ingente cargamento de café entregado como donación a la maltrecha España de la posguerra por el gobernante brasileño Getúlio Vargas, una operación de la que el “Generalísimo” habría obtenido pingües beneficios.

También asegura que Franco recibía un generoso sueldo de la Compañía Telefónica.

Pero la fuente principal de sus ingresos, según Viñas, venía de las llamadas “suscripciones patrióticas”, cuestaciones que se habían generalizado en la España sublevada para mantener el esfuerzo bélico contra el gobierno de la República.

Las autoridades del bando insurrecto abrían colectas en los territorios que iban cayendo en su poder.

El investigador Carlos Babío asegura en conversación con BBC Mundo que estas no eran voluntarias. “El que no pagaba sabía que al día siguiente podía aparecer con una bala en una cuneta”.

Viñas, por su parte, dice que a las tres semanas de ser nombrado jefe del Estado, Franco empezó a detraer fondos de las diversas suscripciones hacia unas cuentas que había abierto en el Banco de España en Salamanca.

“Todo es falso”

“El maremoto que se ha formado en torno a la herencia de mi madre se debe al intento de demostrar que mi abuelo se enriqueció en el cargo”, asegura en conversación con BBC Mundo Francisco Franco Martínez-Bordiú, el mayor de los hijos varones de Carmen Franco y considerado el administrador de los negocios familiares.

Lo desmiente categóricamente y señala que las informaciones sobre su patrimonio y el de su familia que se publican en los medios españoles “son absolutamente falsas y faltas de rigor”.

Subraya, además, que los descendientes del ex jefe del Estado son más de medio centenar, por lo que no es tanto lo que recibirá cada heredero.

Francis, como se le conoce en las revistas, cuenta que tiene “empresas de todo tipo” y participa en la gestión de “muchas”, pero prefiere no dar detalles de los beneficios de sus sociedades. Alega su derecho a la privacidad y que esa es una información accesible en los registros.

Para él, que se alteró el orden de los apellidos para mantener el de Franco, las investigaciones de Viñas no merecen crédito alguno y la honradez de su abuelo está fuera de toda duda.

Tampoco cree a Viñas Gonzalo Fernández de la Mora, presidente ejecutivo de la Fundación Francisco Franco, de la que Carmen Franco fue presidenta de honor hasta su muerte y que se dedica a reivindicar la figura de su padre.

Fernández de la Mora -quien define a Franco como el “jefe de Estado más importante que ha tenido España desde Carlos V”, el primer gran monarca de la época del Imperio español- asegura que la participación en las suscripciones populares “era una cuestión de vida o muerte”, pero por motivos diferentes a los que esgrime Babío.

“Si hubiera ganado el Frente Popular (la alianza de izquierdas que luchaba contra los franquistas) a todos los de derechas los hubieran matado”.

La batalla por Meirás

Sin duda, el más emblemático de los bienes de la herencia de Carmen Franco es el pazo de Meirás, en Sada, La Coruña.

Se trata de una típica casa solariega construida en el siglo XIX que se entregó a Franco en 1938 en el marco de una iniciativa promovida por Pedro Barrié de la Maza, conde de Fenosa, y otros notables locales.

Entonces se presentó oficialmente como un regalo al general Franco sufragado por las donaciones voluntarias de los vecinos de la zona.

Babío, autor de un libro sobre la cesión del pazo, es uno de los que la cuestiona: “Aquello fue un botín de guerra al uso”.

Denuncia que “se desviaron cantidades ingentes de dinero público” para la adquisición y el mantenimiento a lo largo de los años de la propiedad.

Babío asegura que lo sucedido fue un ejemplo de la “cada vez mayor corrupción del sistema franquista” y que Barrié de la Maza conseguiría “amasar un imperio gracias a los favores del régimen”.

Fernández de la Mora niega las irregularidades: “Los millonarios que promovieron aquello habían puesto el dinero antes de que comenzara la cuestación”.

La batalla en torno a Meirás llega hasta la actualidad.

Grupos locales promueven una iniciativa para que se le expropie a la familia Franco y se convierta en un bien público.

Durante años, escenario de los veraneos del general, el Ayuntamiento de Sada declaró el verano pasado “persona non grata” a cualquier miembro de su familia.

No muy lejos de allí, en el casco antiguo de La Coruña, se alza el palacete de Cornide, cuya adquisición Babío y otros también denuncian como irregular.

Estrellas del corazón

Tras la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975, sus descendientes se convirtieron en uno de los temas preferidos de la prensa rosa de la España democrática.

En las últimas cuatro décadas, la más habitual en las portadas de las revistas ha sido Carmen Martínez-Bordiú, la nieta mayor de Franco, que estuvo casada con Alfonso de Borbón, primo del rey Juan Carlos I de España.

“Ninguno de nosotros ha querido participar nunca en política; solo somos gente de la calle”, asegura su hermano Francis Franco.

Este último ha sido noticia recientemente porque un tribunal lo condenó a dos años y medio de prisión por escapar de un control policial y acabar embistiendo a un auto de la Guardia Civil en 2012.

A Jaime, el pequeño de los varones, lo condenaron a un año en 2009 por golpear a su novia en un hotel, pero no llegó a entrar en la cárcel.

La crónica social especula estos días sobre cómo resolverán los descendientes del general un reparto que se presume problemático.

Carmen Franco Polo deja también joyas, obras de arte y títulos nobiliarios.

Entre ellos está el de duquesa de Franco, que le concedió Juan Carlos I y que ha sido utilizado como argumento por quienes sostienen que el Estado español no ha roto los vínculos con su pasado franquista.

“Ella era mucho más reservada que algunos de sus hijos y no le gustaba la exposición ante los medios”, dice la periodista Nieves Herrero.

Herrero explica que “ahora están todos callados,a la espera de ver cuál ha sido la última voluntad de su madre y hay hermetismo en torno a la herencia”.

Cuando la periodista le preguntó por la figura de su padre, Carmen Franco contestó: “Cuando me dicen que fue un dictador no lo niego, pero tampoco me gusta, porque me lo suelen decir como un insulto”.

“Sin embargo, a mí no me suena tan mal”.

En su funeral, el cardenal Antonio Cañizares destacó que Franco Polo fue una mujer “que pasó de puntillas por la vida, siempre evitando los conflictos”.

Aún no está claro si con el reparto de su herencia lo habrá conseguido.

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Un pasado siempre en discusión
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La huella del Franquismo sigue siendo un asunto espinoso en España y con frecuencia salpica la arena política.

Asociaciones en pro de la memoria histórica denuncian que las autoridades ignoran a los miles de desaparecidos que todavía descansan en fosas sin excavar.

Protestan porque en la Transición a la democracia se aprobó una amnistía que permitió la “impunidad” y denuncian el incumplimiento de la conocida como Ley de Memoria Histórica, que prometía la ayuda de las instituciones para la exhumación de las víctimas de violaciones de derechos humanos durante la Guerra Civil y el Franquismo.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fuerza principal de la oposición, planteó recientemente una reforma de la ley que garantice que se cumplen los objetivos que la inspiraron, entre ellos la retirada de los símbolos franquistas del espacio público.

Pero para otro amplio sector de la sociedad, iniciativas de este tipo suponen reabrir innecesariamente las heridas del pasado y ponen en cuestión el pacto nacional que permitió consolidar un régimen de libertades.

Sus detractores señalan, además, que no fue el bando franquista el único que cometió atrocidades durante la guerra.

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