BBC NEWS MUNDO

Exclusivo de BBC Mundo: los macabros detalles de Colonia Dignidad que escondían los archivos recién desclasificados por Alemania

"Por un periodo de tiempo indeterminado fui sometido a tortura con electroshock durante la cual perdí varias veces el conocimiento. Las preguntas eran respecto a mi militancia […] y otros opositores al régimen de Pinochet.

Colonia Dignidad fue fundada en los años 60. (AFP)

Colonia Dignidad fue fundada en los años 60. (AFP)

“En un momento recuerdo volver en mí y escuchar cerca de mi oído la voz de un hombre amenazando con apretar el gatillo si yo no hablaba […] Sentí la boca del cañón del arma sobre mi sien izquierda y […] escuché el 'click' de un arma al ser gatillada sin un proyectil…”.

Testimonios como el de este hombre sometido a tormentos con los ojos vendados en Colonia Dignidad, el enclave fundado por nazis en Chile en 1961, forman parte de miles de documentos diplomáticos que acaban de ser desclasificados por la Cancillería de Alemania, a los que tuvo acceso BBC Mundo.

Sobre Colonia Dignidad se ha dicho y escrito mucho, pero estos archivos revelan numerosos detalles —varios de ellos hasta ahora desconocidos— y confirman otros sobre las operaciones en su interior y las atrocidades cometidas por sus líderes.

Arrojan nueva luz sobre su estrecha colaboración con la DINA (la policía secreta de Augusto Pinochet), a la que “entrenó para que fuera brutal” y supuestamente dio apoyo técnico en construcciones subterráneas y comunicaciones.

Y también sobre el origen de los “incalculables” recursos financieros del reducto; su “notorio” arsenal de pistolas, ametralladoras y granadas, y su grado de influencia en los círculos de poder en Chile y Alemania.

Colonia Dignidad es una mancha indigna en la historia chilena, una comuna agraria de alemanes fundada por un exmilitar nazi; una secta que durante décadas, mediante el encierro y el adoctrinamiento, creó “robots” humanos, un sitio donde se abusó sexualmente de decenas de menores y en cuyo hospital se administraron psicofármacos ilegales y se aplicaron electroshocks a miembros de la comunidad.

Finalmente, un centro clandestino de detención y torturas tras el golpe de Pinochet contra el presidente socialista Salvador Allende en 1973.

Todo eso era la Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad que creó y lideró cerca de la ciudad de Parral, a unos 350 kilómetros al sur de Santiago, un siniestro personaje ya fallecido: Paul Schäfer, alias “el profesor”, médico del Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero los archivos desclasificados también muestran que el reducto fue un episodio indigno en la política internacional.

Dejan en falta al gobierno de Alemania, ya que durante la segunda mitad de la década del 70 y principios de los 80, cuando se denunciaron los peores abusos de los derechos humanos en la Colonia, el gobierno que en aquel momento tenía sede en Bonn no hizo lo suficiente para frenar a Schäfer y proteger a sus ciudadanos.

El actual ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, ha reconocido que Colonia Dignidad es un “capítulo oscuro”en la diplomacia de su país.

“Campo de concentración”

Las decenas de miles documentos desclasificados se encuentran en unas 200 carpetas gruesas, cada una con varios centenares de páginas en alemán.

Estuvimos una semana revisando exhaustivamente esos papeles en el Archivo Político de Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania en la Kurstrasse de Berlín, cerca de la Isla de los Museos. Desde que esa dependencia abría sus puertas hasta que las cerraba.

(En el recuadro al final de este artículo explicamos cómo son los archivos y cuáles fueron las condiciones de acceso).

Nuestra investigación resultó tan esclarecedora como escalofriante.

De los documentos se desprende que Colonia Dignidad era “un Estado dentro de otro Estado“, una fortaleza inexpugnable, hermética, pero con más fuerza e influjo hacia afuera de lo que se creía, lo que le permitió operar con impunidad durante mucho tiempo.

Schäfer, quien llegó a Chile siendo fugitivo de la justicia alemana por cargos de pederastia, creó un reducto secreto rodeado por una valla con alambres de púa, que además poseía una torre de vigilancia y reflectores, y era custodiado por perros.

Los casi 300 ciudadanos alemanes y 20 niños huérfanos chilenos que vivían allí —según los archivos desclasificados— tenían “todo” lo que necesitaban: una escuela, un hospital con 60 camas, panadería, carnicería, talleres, establos, áreas de cultivo, un generador eléctrico y hasta un departamento jurídico propio.

Uno de los alemanes que huyó de Colonia Dignidad asegura que “los miembros […] deben trabajar de mañana a noche, sin fines de semana libres”.

En los documentos se especifica que el enclave poseía sus propias reglas: Dios, esfuerzo, disciplina, y que las almas “rebeldes” o “difíciles” eran sometidas a tratamientos con psicofármacos y electroshock.

En una de las oficinas colgaba un cartel que intentaba justificar este espanto: “Silencio es fortaleza”.

“Los medicamentos se procuran ilegalmente en nombre de pacientes chilenos”, se advierte en un informe reservado de la Cancillería alemana.

Asimismo, los ingresos económicos de los miembros de la comunidad eran retenidos por los líderes, al igual que sus cédulas de identidad y pasaportes, para evitar que huyeran y se fueran a otro país.

Uno de los documentos hechos públicos cita a un alemán que logró escapar confirmando que ninguno de los habitantes de la comunidad tenía documentos válidos: “Todo es eliminado […] y guardado en la oficina de la Colonia bajo llave”.

“La mayor parte de ellos no tienen contacto con el dinero chileno y no se han vinculado con el exterior por décadas”, añade otro fugado.

En una comunicación con la Cancillería en Bonn, la embajada alemana en Santiago alerta sobre el maltrato a los miembros de Colonia Dignidad, sobre el encierro y el aislamiento contra su voluntad, y sobre la preocupante situación de los menores en el enclave.

“Sería importante cambiar las condiciones de vida que tienen reminiscencias de los campos de concentración […] y que al señor Schäfer no se le permita que los niños duerman con él”.

De acuerdo con los archivos desclasificados, la embajada en Santiago estaba al tanto desde el comienzo de las denuncias de vejaciones y pederastia en el lugar.

Sin embargo, cuando sus funcionarios trataban de entrar al enclave, Schäfer y otros directivos —en especial su mano derecha, el médico Hartmut Hopp— repelían las visitas y, cuando las consentían, negaban todas las denuncias y pintaban un cuadro de vida pacífica, armoniosa y sana.

En uno de los documentos diplomáticos, uno de los habitantes que huyó del enclave recuerda que durante un almuerzo Schäfer presumió, mientras alzaba una mano con el puño cerrado: “A la embajada la tengo así entre mis manos“.

Búnkeres y túneles

Pero si las acusaciones de abusos a adultos y menores rondaron a Colonia Dignidad desde su creación, ése era sólo el inicio de su historia perturbadora: luego vendría el periodo de cooperación con la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el organismo encargado de la represión política durante el régimen de Pinochet.

Según surge de los documentos liberados por el gobierno alemán, en esa época se pone de relieve el verdadero grado de poder e influencia —poco esclarecido hasta ahora— que llegó a tener el reducto de alemanes mientras participaba activamente en la tortura y desaparición de disidentes.

“Tengo conocimiento que desde 1973 Manuel Contreras [jefe de la DINA], incluso con su mujer, a menudo era un invitado en el fundo [Colonia Dignidad]”, asegura, de acuerdo con los archivos, una mujer que consiguió escapar del enclave.

“En aquel momento yo estaba en la cocina y pude cocinar para él”.

Otro fugado alemán ratifica que la Colonia “ha trabajado […] estrechamente con el gobierno. Pinochet ha volado en helicóptero al complejo; la Sra. Pinochet ha participado en la inauguración de la escuela”.

En otro documento desclasificado se recoge la versión de un exagente de la DINA que dice haber participado en interrogatorios y torturas de personas en Colonia Dignidad.

Es más: afirma que el reducto “es un campo de entrenamiento, dirigido por alemanes, del Servicio Secreto Nacional, en el que permanecen internados numerosos presos políticos [habla de 112 en ese momento], siendo la estación de radio allí instalada la Central de Recepción de la Red de Información del extranjero que posee la DINA”.

El testimonio de un exsoldado chileno que estuvo allí, el cual figura en una presentación ante la justicia alemana, confirma que “ellos entrenaban a gente de la DINA para que fueran brutales” y destaca los conocimientos de los miembros del reducto en materia de comunicaciones.

Añade que los alemanes incluso le proveían al ejército transmisores portátiles de gran potencia cuando los necesitaban.

Un escrito confidencial de la Cancillería de Alemania apunta a que el régimen de Pinochet también aprovechó los conocimientos del enclave alemán en materia de búnkeres y túneles.

“Se habla de que los habitantes de la Colonia son recogidos con helicópteros del gobierno […] para ayudar en instalaciones subterráneas en la nueva residencia del presidente [Pinochet], ya que en la Colonia tienen gran experiencia en tales construcciones”.

Cabe preguntarse si la poderosa estación de radio de la Colonia fue usada en el marco de la llamada Operación Cóndor, el plan de coordinación de acciones y ayuda mutua de los regímenes militares sudamericanos.

Los documentos desclasificados no dan una respuesta. Pero sí ofrecen algunos pormenores, incluso logísticos, de cómo Schäfer y sus hombres colaboraron con la DINA en la desaparición de personas.

En ellos, un miembro de Colonia Dignidad que desertó incluso sostiene que a partir de 1973 vehículos del enclave alemán ingresaban habitualmente a la unidad de la DINA en la cercana ciudad de Parral para recoger detenidos y llevárselos a la comunidad agraria.

A los prisioneros les decían que los llevarían a “un lugar bello” donde se volverían “más dignos”, según una serie de denuncias penales presentadas contra Schäfer ante la justicia de Alemania por violaciones de los derechos humanos contra dirigentes y militantes políticos (todas ellas referidas en los documentos diplomáticos).

En una de estas querellas se cita a un excolaborador de la DINA que, junto con su superior, llevó a un detenido a Colonia Dignidad a mediados de los 70.

“Luego de que el prisionero fuera retirado por los alemanes —dice el texto—, [el excolaborador] conoció a un hombre que su superior llamaba 'profesor'. Para el testigo quedó claro, por lo que el 'profesor' decía y cómo lo decía, que ese hombre había matado a detenidos que habían llevado ahí. El 'profesor' usó la palabra 'liquidar' [fertig en alemán]”.

Asimismo, un informe reservado de la Cancillería alemana sugiere que Colonia Dignidad se apropió de bienes de víctimas.

Cita la versión de que “en un enorme aparcadero subterráneo [en el reducto] hay una hilera de vehículos chilenos de personas que en el transcurso de los años desaparecieron”.

“Al mando” de una masacre

Sin embargo, los archivos desclasificados van más allá y ofrecen detalles aún más estremecedores de la participación directa de la directiva de Colonia Dignidad en la masacre de Cerro Gallo, en 1975, en el marco de la llamada Operación Colombo.

Allí, escuadrones militares chilenos fusilaron a decenas de prisioneros, a quienes una vez muertos hicieron pasar por guerrilleros que intentaban ingresar al país desde Argentina cruzando los Andes.

En una de las demandas penales presentadas contra Schäfer en Alemania, en este caso por el asesinato de un dirigente de izquierda de Chile, se dice que la víctima murió en esa matanza “a manos de unidades del ejército bajo el mando de líderes de Colonia Dignidad” que “vestían viejos uniformes alemanes“.

Además asegura que el propio Schäfer supervisó el operativo sobrevolando la zona en helicóptero.

El testimonio de un exsoldado chileno que participó en el operativo de Cerro Gallo —reproducido en un documento presentado ante la fiscalía de Bonn y recogido por la diplomacia alemana— presenta más indicios de la complicidad de la Colonia en la masacre.

“Fuimos allí a perseguir a unos extremistas y los alemanes nos ayudaron […] Conocían una montaña, el Cerro Gallo, donde decían que habían visto a extremistas. Pero no usamos nuestros vehículos. Sólo los de ellos […] Ellos iban uniformados como militares con vestimenta alemana […] Los vehículos eran Unimog [Mercedes Benz]”.

“Dormimos en la Colonia. Como nos dijeron que había numerosos extremistas [en el cerro], habían venido refuerzos militares de Chillán, Talca, Curicó y un grupo de infantería de Santiago. Éramos unos 70 […] Vi que había un helicóptero y pequeños aviones en la Colonia […] Esa Colonia es una fortaleza“.

En el predio había “al menos una pista de despegue y aterrizaje de 2 km, adecuada para […] grandes aviones”, se alude en los documentos desclasificados.

El exmilitar cuenta que la noche que pernoctaron en Colonia Dignidad, previa a la masacre de Cerro Gallo, le llamó particularmente la atención la frenética actividad nocturna en el lugar.

“Se escuchaba mucho movimiento de máquinas, de diversas máquinas, y había una frecuencia de radio tan potente que no podíamos comunicarnos […] De día había poco movimiento, se veía sólo a mujeres, pero de noche únicamente a hombres”.

Y sobre el momento de la matanza cuenta: “Allí estaban ambos jefes, mi capitán y el líder de ellos [Schäfer]. Los alemanes conocían el cerro, sin ellos no hubiéramos logrado nada. Ellos eran los primeros, todo lo sabían […] Algunos de ellos andaban de civil, tipo la policía secreta”.

Un “notorio” arsenal

Ese mismo documento da algunas precisiones sobre otra de las preguntas clave en torno de Colonia Dignidad: ¿cuán importante era su arsenal?

El exsoldado comenta: “Tenían mejores armas que nosotros. Algunas ametralladoras gigantes. Cuando iban de civil llevaban abrigos de lana y nadie podía ver lo que había debajo”.

Varios informes reservados de la Cancillería alemana se hacen eco de la afirmación de que en Colonia Dignidad “existe un notorio arsenal“.

También sostienen que en 1986, cuando las denuncias arreciaban, un juez quiso “investigar las pistolas de 7,5 mm de 21 miembros” del enclave, pero no tuvo éxito.

En uno de los textos diplomáticos se cita a un miembro arrepentido de Colonia Dignidad afirmando que en el reducto además “se fabricaban armas, entre ellas granadas de mano“.

También figuran varias cartas de parlamentarios de Alemania que, preocupados por la situación, le piden a la Cancillería en Bonn explicaciones sobre fuertes sospechas de una colaboración alemana con el reducto en Chile en materia de armamento.

“¿Qué facilidades técnicas importó Colonia Dignidad de la República Federal Alemana para la fabricación de armas, y hubo planes sobre la compra de materiales estratégicos como uranio y titanio desde Chile a través de Colonia Dignidad?”, se exige en una de las misivas.

En otra, un legislador llama la atención sobre la versión de que el renombrado traficante de armas alemán Gerhard Mertins, un nazi vinculado a Schäfer, creó en Alemania un “círculo de amigos” de la Colonia.

E inquiere: “¿Sería admisible que, según las regulaciones de exportación de armas de la República Federal Alemana, se enviaran armas a 'colonos alemanes' en Chile sin permiso de exportación?”.

El mismo arrepentido de Colonia Dignidad citado en un documento diplomático da pistas sobre ese tipo de operaciones ilegales: “Por orden de P. Schäfer compré armas en el mercado negro en 1970/71, especialmente pistolas, 2 MG [ametralladoras] y algunas pistolas-ametralladoras. Las canalicé bajo la cubierta de envíos caritativos a Chile”.

Por otra parte, un informe de la embajada al gobierno de Bonn reproduce declaraciones de testigos clave que apuntan a que un representante de Colonia Dignidad en Alemania tenía vínculos con Christoph Willeke, un oficial del ejército chileno que fue condenado en 2010 por el asesinato de Carlos Prats —comandante en jefe del Ejército y ministro durante el gobierno de Allende— en Buenos Aires en 1974.

En el documento, uno de ellos dice que Willeke ayudó a organizar el transporte de valijas sospechosas hacia Colonia Dignidad en vuelos de la aerolínea LAN desde Fráncfort.

El testigo, que hacía de correo, declara: “Bueno, yo no puedo garantizar lo que llevaban esas maletas adentro, yo no sabía qué había en su interior, pero lo que se me decía era que contenían implementos de hospital […] yo las hacía pasar como maletas de pasajeros“.

“Amplios medios financieros”

La cantidad de fondos con los que contaba Colonia Dignidad es otra de las grandes interrogantes en busca de respuestas específicas.

Entre los archivos desclasificados por el gobierno germano figura el testimonio de uno de los varios alemanes fugados del enclave que es especialmente revelador acerca de los “cuantiosos” recursos económicos de la organización de Schäfer.

Allí se alude a la fuente diciendo: “Su carácter social y su trabajo social son fachadas de la empresa. En realidad se trata de una muy potente firma comercial que suministra productos a 2 supermercados y en cuya operación probablemente haya también minas de oro y extracción de titanio”.

Y continúa: “Ha sido notablemente fácil el despacho de aduana de contenedores descargados en CD [Colonia Dignidad]. Esto puede deducirse de una buena cooperación con el gobierno [chileno]”.
Por otra parte, sostiene, el reducto “mantenía cuentas en dólares en Alemania”.

En cuanto a las operaciones mineras del enclave, hay un informe de la embajada alemana en Santiago a la Cancillería en Bonn, tras una visita diplomática a Colonia Dignidad a fines de los años 80, que da más detalles de ellas.

“Hasta hace pocos años CD extraía en el área de Temuco (Nuevo Imperial) también oro. Allí se encontraron cantidades significativas en la cuenca seca del río. Esa fuente, sin embargo, se ha agotado”.

El mismo reporte habla de la existencia en Colonia Dignidad de una planta trituradora de piedra que vende su producto a una empresa de transporte público en Santiago, sin especificar de cuál se trata.

Respecto del manejo del dinero en sí, el testimonio de un miembro de la cúpula de Colonia Dignidad que desertó detalla que “todo el efectivo de la Sociedad era guardado en la habitación de Schäfer” y que “nadie sabía cuánto dinero manejaba” el jefe del reducto.

Los documentos también ventilan las sospechas de legisladores alemanes de que Schäfer adquirió la parcela en la que instaló su comunidad “con la venta de inmuebles de las fuerzas armadas de Alemania“.

Incluso mencionan posibles vínculos de Colonia Dignidad con la poderosa industria de Alemania, pero el gobierno de Bonn dice no tener conocimiento de ello.

Sin embargo, los archivos sí muestran que hubo un lazo comercial entre funcionarios de la sede diplomática alemana en Chile y Colonia Dignidad.

Uno de los integrantes que desertó del enclave denunció que la embajada “desde el primer contacto se convirtió en cliente. Así, por ejemplo, cada lunes recibía suministros de la colonia alemana”.

Más tarde, en otro documento, el embajador le escribe a la Cancillería en Bonn: “Encontré que sin mi conocimiento un funcionario de los servicios intermedios llevaba productos a su vivienda privada y los distribuía”.

“Inmediatamente después de enterarme de esta práctica les di estrictas indicaciones a todos los empleados de que tomaran distancia de todo trato comercial con representantes de Colonia Dignidad”.

Ahora bien: ¿dónde acabó el dinero de Schäfer y su círculo íntimo?

Aún no hay respuestas concluyentes al respecto, pero sí sospechas —no verificadas— de que los fondos podrían estar ocultos en un paraíso fiscal en el Caribe.

La coraza de Colonia Dignidad

De los documentos desclasificados se desprende que, a pesar de haber tenido conocimiento de informes y denuncias sobre lo que pasaba en Colonia Dignidad desde el principio, la República Federal Alemana “miró al costado” y falló a la hora de detener los abusos en esa comuna.

Así lo reconoció recientemente el ministro de Relaciones Exteriores germano, Frank-Walter Steinmeier.

El gobierno de Alemania “debió haber ejercido presión diplomática sobre la cúpula de la Colonia“, se lamentó Steinmeier.

“La embajada perdió la orientación en su afán por mantener buenas relaciones con el país anfitrión”.

Y cuando a fines de los 80 Bonn se decidió a actuar, ya era demasiado tarde. El régimen de Pinochet estaba en su ocaso, en coincidencia con la caída del Muro de Berlín, símbolo de la Guerra Fría.

De los archivos se deduce una serie de factores por los cuales Colonia Dignidad se mantuvo impune durante tanto tiempo: no sólo su estrecha relación con el régimen de Pinochet, sino también sus vínculos con círculos políticos de Alemania, además de su formidable aparato jurídico.

Un documento diplomático cita a un arrepentido de la cúpula de la Colonia afirmando que el enclave se amparó en “un diestro sistema de contactos con las autoridades competentes y los más altos puestos en el gobierno [chileno]”.

Y agrega que el enclave tuvo “contactos con personalidades de la vida pública en la República Federal Alemana”.

Aparentemente Colonia Dignidad contaba con un lobby en el partido gobernante en Alemania, la Unión Demócrata Cristina (CDU), y su influyente brazo en el estado sureño de Baviera, la Unión Social Cristiana (CSU).

De hecho Franz-Josef Strauss, presidente de la CSU y jefe de gobierno bávaro, visitó el enclave en Chile, donde hasta mediados de los 90 colgaba un retrato firmado por él.

Y uno de sus correligionarios, Wolfgang Vogelgesang, fue interpelado por el Parlamento alemán tras ser sindicado como uno de los integrantes del “círculo de amigos” de Colonia Dignidad fundado por el traficantes de armas Gerhard Mertins.

Los archivos dejan más preguntas sobre la conducta del gobierno de Alemania.

Entre ellas llama la atención esta: ¿por qué el gobierno mantuvo por un tiempo en confidencialidad algunas declaraciones de arrepentidos de Colonia Dignidad a pesar de insistentes pedidos de parlamentarios en Bonn?

Un legislador llegó a escribirle a la Cancillería: “No logro entender cómo informes 'a autoridades alemanas' pueden ser a priori secretos, de modo que el control legislativo sobre decisiones políticas o diplomáticas no es posible“.

Otra pregunta —más fundamental— que también le formula un parlamentario al Ejecutivo en Bonn es por qué la República Federal Alemana no solicitó a Chile la extradición de Schäfer, quien era buscado en ese país por acusaciones de pederastia.

Desde hace tiempo hay sospechas de que los servicios secretos alemanes cooperaron con el enclave chileno, pero estas denuncias no han podido ser comprobadas de manera fehaciente.

Y difícilmente sean constatadas hasta que se revelen los documentos catalogados como ultrasecretos, cosa que no se sabe cuándo sucederá.

Contraataque jurídico

Lo que sí queda claro en los archivos desclasificados es que durante muchos años Colonia Dignidad logró instalar con éxito un cerco jurídico que la protegía gracias a sus buenos contactos y su propio departamento legal.

En los escritos se advierte que Alemania tendía a derivar las denuncias a las autoridades chilenas y que la consecuencia ello era la dilación.

Un documento de la Cancillería en Bonn se queja de que “en el gobierno chileno han sido demorados los procesos que tenían una mirada o un tratamiento crítico de los problemas en CD [Colonia Dignidad]”.

Cuando en la segunda mitad de los 80 ya se habían acumulado demasiadas denuncias contra el reducto y los embajadores de Alemania se habían puesto más críticos e inquisidores, los directivos de la Colonia hicieron todo lo posible para bloquear las visitas de delegaciones diplomáticas, frenándolas en seco ante el famoso arco de entrada del predio.

Y no sólo eso; empezaron a entablar demandas contra todos aquellos que mostraban a Colonia Dignidad bajo una luz desfavorable, incluyendo a Amnistía Internacional, varios medios de comunicación alemanes e incluso dos cónsules de la embajada.

En este último caso Schäfer consiguió que la justicia chilena les retirara la inmunidad a los diplomáticos para que enfrentaran juicios por calumnias y extralimitarse en sus funciones consulares, algo que después fue revertido por la presión de Europa y Naciones Unidas.

El “profesor” negaba su participación personal y la de Colonia Dignidad en violaciones de los derechos humanos.

Es una locura, una tontera“, insistía.

Pero con el retorno de la democracia a Chile, sus días estaban contados.

El nuevo presidente, Patricio Aylwin, se comprometió a investigar a Colonia Dignidad y más tarde se creó una Comisión de la Verdad.

Schäfer huyó a Argentina en 1997, donde lo arrestaron en 2005.

Un año después, luego de que lo extraditaran a Chile, fue condenado a un total de 33 años de prisión por abuso sexual de menores, torturas, asesinato y posesión ilegal de armas.

Murió del corazón en una cárcel de Santiago en 2010. Tenía 88 años.

  • Muere exnazi y fundador de Colonia Dignidad

Su mano derecha, el médico Hartmut Hopp, fue sentenciado en 2011 por la justicia chilena a cinco años de cárcel por ayudar a Schäfer a violar menores.

Hopp, quien actualmente tiene 72 años, escapó a Alemania antes de comenzar a cumplir su pena.

Hoy, después de serios cuestionamientos sobre su cómoda vida en el pueblo de Krefeld, cerca de la ciudad de Colonia, un tribunal analiza una solicitud de la fiscalía de esa localidad para que el médico enfrente la condena que recibió en Chile en una prisión alemana.

Entretanto, la infame Colonia Dignidad fue rebautizada como Villa Baviera tras perder su personería jurídica en 1991 y luego fue reformada.

Sin embargo, su legado sigue presente, ya que los familiares de los desaparecidos continúan exigiendo que se investigue a fondo lo ocurrido allí.

“Queremos saber”

La semana pasada, la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos Colonia Dignidad presentó una querella “contra los responsables de crímenes de exterminio” en el enclave.

“Nuestro objetivo es buscar verdad y justicia”, le dijo a BBC Mundo Margarita Romero, presidenta de la entidad.

Queremos saber cuántos desaparecidos hubo en Colonia Dignidad [se cree que fueron más de un centenar], cuáles eran sus nombres y cuál fue su destino final. Además, queremos que se sigan buscando más fosas comunes en el predio; sabemos de 8 o 9, pero podría haber más”.

Romero explicó que la acción legal “también tiene como fin que Chile y Alemania se comprometan a formar una comisión bilateral de esclarecimiento, justicia y reparaciones”, además de establecer las responsabilidades de cada uno de los Estados en los hechos.

La presentación de la querella coincidió con la visita a Santiago del presidente alemán, Joachim Gauck, quien reconoció que los diplomáticos de su país debieron actuar ante las atrocidades cometidas en Colonia Dignidad, aunque aclaró que Alemania no tuvo responsabilidad en ellas.

Un factor inesperado influyó en la decisión de desclasificar los archivos en Berlín.

Fue la película “Colonia Dignidad“, protagonizada por Emma Watson y Daniel Brühl y dirigida por Florian Gallenberger. Este cineasta estuvo investigando el tema durante cinco años y visitó varias veces el enclave.

  • Mira aquí el tráiler del filme
  • Emma Watson protagoniza película sobre Colonia Dignidad

La influencia del filme fue reconocida por el propio ministro de Relaciones Exteriores Frank-Walter Steinmeier, quien comentó que eso demuestra cómo la cultura puede “actuar como un impulso para la política”.

Una de las portavoces de Steinmeier, Maike Feytag-Pitrocha, le dijo a BBC Mundo que la desclasificación “busca echar luz sobre lo que ocurrió en Colonia Dignidad y aprender lecciones para el futuro“.

La Colonia ya no existe como tal, pero la verdadera historia de su infamia, a más de cuatro décadas del golpe militar en Chile, apenas comienza a entenderse.

LOS ARCHIVOS: ACCESO CON CONDICIONES

La mayoría de los documentos diplomáticos sobre Colonia Dignidad que fueron desclasificados por el gobierno alemán no están etiquetados por temas, sino más bien organizados por números, cronológicamente.

El gobierno alemán decidió desclasificar antes de tiempo los archivos diplomáticos sobre Colonia Dignidad: a los 20 años en lugar los 30 que suelen permanecer protegidos.

Eso ha permitido que investigadores y la prensa accedan a documentos fechados entre 1986 y 1996 (hasta el momento sólo se podían ver hasta 1985).

Los archivos liberados incluyen comunicaciones entre la embajada de Alemania en Santiago y la Cancillería de ese país; informes y correspondencia de diplomáticos y parlamentarios; declaraciones de testigos chilenos y alemanes ante la justicia en Bonn, y testimonios de miembros que huyeron de la Colonia.

“Son documentos producidos por diferentes unidades de trabajo y por la embajada en Chile, las cuales decidieron en su momento que los documentos contenían información delicada y debía ser clasificada”, le explicó a BBC Mundo Julius Calamitus, portavoz del Archivo Político.

Claro que nuestro acceso tuvo condiciones: no se podían sacar copias ni fotografiar los folios.

Además, en este artículo sólo ha sido posible citar documentos producidos por la diplomacia alemana y no, por ejemplo, los del gobierno chileno que también están incluidos en los archivos desclasificados.

Y al reproducir lo que dicen no está permitido dar los nombres de las personas mencionadas, ni de los remitentes ni destinatarios de los mensajes.

Así lo establece la ley alemana.

ESCRITO POR:

ARCHIVADO EN: