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La llamada secreta que cambió los Juegos de 1984

Este reportaje de Lynn Zinser y publicado en The New York Times International Weekly del 27 de julio de 2008 en Prensa Libre muestra el esfuerzo para evitar un impacto mayor del boicot de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Inauguración de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles el 28 de julio de 1984. (Suzanne Vlamis/ AP)

Inauguración de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles el 28 de julio de 1984. (Suzanne Vlamis/ AP)

Peter Ueberroth recibio? un llamado que nunca olvidara? en plena noche del 12 de mayo de 1984, desde Beijing y a trave?s de una li?nea telefo?nica con interferencias.

Le transmitieron la noticia que en su opinio?n determinari?a si las Olimpi?adas que organizaba ese verano en Los Angeles tendri?an e?xito.

Ueberroth tambie?n consideraba que el futuro de las Olimpi?adas estaba en duda. Del otro lado de la li?nea estaba Charles Lee, el hombre que habi?a enviado para persuadir a los chinos de que por primera vez mandaran una delegacio?n a los juegos.

Ueberroth, el presidente del comite? organizador de Los Angeles, le pidio? a China que desafiara el boicot que encabezaba la Unio?n Sovie?tica y que se habi?a anunciado cuatro di?as antes. Los sovie?ticos sen?alaron que el boicot hari?a que cien pai?ses se mantuvieran al margen de las Olimpi?adas de 1984. Si teni?an e?xito, declaro? Ueberroth, “esta?bamos listos.”

La salvacio?n llego? cuando Lee llamo? y le dijo a Ueberroth: “Van a venir”. Ahora, no importa que? temas poli?ticos surjan -y en el caso de China hay muchos: derechos humanos, Ti?bet, su relacio?n con Suda?n-, los boicots a gran escala ya no forman parte de la discusio?n.

Las afirmaciones poli?ticas adoptan formas ma?s moderadas: que? jefes de Estado asistira?n o si los atletas hara?n declaraciones poli?ticas. El presidente Bush anuncio? que asistira? a la ceremonia de apertura. El primer ministro brita?nico Gordon Brown y la canciller alemana Angela Merkel declararon que no ira?n.

Ueberroth, que hoy tiene setenta an?os y preside el Comite? Oli?mpico de Estados Unidos, encabezara? la delegacio?n de su pai?s a China con profunda gratitud. Considera que China salvó las olimpiadas. “Sigo emocionándome cuando recuerdo el llamado anunciando que vendrían”, dijo hace poco. “Eso cambió las Olimpiadas.”

El clima político era de gran tensión en 1984. Los soviéticos reclutaban países para vengarse de la decisión de EE. UU. de mantenerse al margen de las Olimpiadas de Moscú de 1980, un boicot al que se sumaron otros 71 países. 

El 8 de mayo de 1984 los soviéticos anunciaron que su equipo no viajaría a Los Ángeles por temores sobre la seguridad de sus atletas. Aseguraron que cien países se habían comprometido a hacer lo mismo.

Ueberroth señaló que había visto la lista. China estaba en primer lugar. Su respuesta fue reunir un grupo de enviados que pudieran dialogar con los funcionarios de  los países indecisos y convencerlos de participar. Lee, un fiscal de Los Ángeles que no es chino pero habla mandarín, viajó a China. Ueberroth le pidió a una colaboradora, Agnes Mura, que encabezara un grupo para viajar a Rumania, donde ésta había nacido. El propio Ueberroth fue a Cuba.

“La gente piensa las Olimpiadas como una estructura empresarial”, manifestó Bob Ctvrtlik, que jugó en el equipo de voléibol estadounidense en las Olimpíadas de 1984 y en la actualidad es miembro del Comité Olímpico Internacional. “No lo son. Se basan en relaciones, en la confianza, en gente que puede superar las diferencias culturales y encontrar elementos en común.”

Ueberroth no pudo convencer a Fidel Castro, pero la visita de Lee fue un triunfo y Mura transmitió en mayo la noticia aún más sorpendente de que la pequeña Rumania desafiaría el boicot soviético.

Mura, que tenía entonces 35 años, había escapado de Rumania comunista a los 19. En ese momento se dedicaba a organizar grupos de intérpretes voluntarios para las Olimpíadas. Declaró que Ueberroth, que conocía su historia, le pidió que viajara a Rumania.

El viaje semisecreto a su país de origen le producía terror. Luego de unos días de conversaciones, los rumanos acordaron asistir a las Olimpiadas. 

Mura señaló que era consciente de la magnitud de lo que hacía Rumanía, que era un país de alrededor de 23 millones de habitantes. 

Pero la visita de Lee a China fue, en opinión de Ueberroth, la que equilibró las olimpiadas. Lee, que en la actualidad tiene sesenta y dos años y se jubiló como juez de la Corte Superior de Los Ángeles, visitó China en varias ocasiones en los años 70 y 80 y se sintió fascinado por un país que durante tanto tiempo había estado cerrado a los extranjeros.

“Había muy pocos occidentales y muy, pero muy pocos occidentales que hablaran chino, por lo cual me gustó mucho hablar con la gente”, dijo.

En el viaje que hizo en mayo de 1984, señaló Lee, los ministros de Deporte de China recibieron a su grupo en Beijing. Luego de las reuniones, los ministros le dijeron que China asistiría a las Olimpíadas. 

“En un primer momento, cuando dijeron que vendrían, pensaban que no había necesidad de ponerlo por escrito”, recordó Lee. “Seguí insistiendo y por fin me entregaron la carta, lo cual fue fantástico.” 

Sólo catorce países boicotearon las Olimpíadas de 1984. Mura, que ahora tiene una firma de formación de personal ejecutivo, afirmó que vería los Juegos de Beijing con una profunda comprensión de su importancia, porque permiten que China complete el círculo, como anfitriona, luego del papel que desempeñó en 1984. 

“Como viví en un país comunista, sé lo que es abrir las puertas”, declaró. “La población de Pekín va a experimentar una sensación de comunicación que empezó a sentir en el año 84”. 

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