Los aparatos de televisión, populares en las últimas décadas, fueron, al principio, cosas extrañas o extravantes en los hogares guatemaltecos.
La mayor parte, cientos de hogares, tenían aparatos de radio, debido al auge de esa tecnología antes y después de la Segunda Guerra Mundial.
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¿Quién no recuerda las franjas infantiles, que llegaron a competir con los programas de radio?
Sin embargo, tal y como lo “profetizaran” científicos de la talla de Herberth Marshall McLuhan, la radio no desplazaría a la televisión, por la sencilla razón de que un medio es contextualmente diferente del otro.
Esto llevó a pensar en la radio como un medio frío (que requiere más atención) y en la televisión como un medio cálido, es decir, que requiere menos esfuerzo de parte del receptor.
Independientemente del impacto o la penetración, la televisión, en sus diferentes versiones, sigue siendo un “complemento” en el hogar.
Vista al principio como una herramienta “de perdición” o “pecado”, ha llegado a competir con el cine como medio masivo de comunicación, y su evolución pasó de los tubos catódicos a la era digital, y del uso de las baterías o pilas comunes a la electricidad.
