Los partidarios del depuesto Mursi fueron las primeras víctimas de esta implacable represión instalada por Al Sisi que ha dejado más de mil 400 muertos y cerca de 15 mil detenciones. Ahora el objetivo de las fuerzas del orden y de la justicia son los jóvenes progresistas.
Tres años después de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak, también militar, como todos los presidentes egipcios desde la caída de la monarquía en 1952, los activistas de los Derechos Humanos acusan a las autoridades de haber instaurado desde julio de 2013 un régimen todavía más autoritario que el de Mubarak.
El resultado del mariscal retirado devuelve al país “a una configuración que no se esperaba volver a ver después de las revoluciones árabes de 2011“, afirmó Karim Bitar, director de investigación del Instituto de relaciones internacionales y estratégicas.
“Poca gente podía imaginar tras la caída de Mubarak, que tres años más tarde sería elegido con un 96% un nuevo mariscal con gafas de sol, sin haber hecho campaña o haber presentado un programa electoral“, prosigue este especialista en la región.
Lo que cuestiona el resultado es el abstencionismo y el hecho de que las autoridades añadieran un tercer día de votaciones para levantar la participación.
Tras este movimiento, considerado como una puerta abierta al fraude por los detractores de Al Sisi, un miembro de la comisión electoral anunció al diario oficial Al Ahram, que habían acudido a las urnas “aproximadamente” 25 millones de votantes de los 54 millones que hay inscritos y que esta cifra era susceptible de aumentar y alcanzar el 50%.
El investigador del Saban Center estadounidense, Shaid Hamid escribió que “no hay ningún medio para comprobar las cifras que da el gobierno, no hay ningún recuento paralelo ni suficientes observadores internacionales“.
Al Sisi había pedido tener al menos “millones” de votos, intentando superar el 52% de participación de 2012 cuando ganó el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi.