Balas, caos y burlas de policías: sobreviviente de Iguala relata horas de pánico

El ruido de las balas y el caos aún están en la memoria de Ángel Mundo, quien cuenta cómo hace 19 meses logró sobrevivir a una intensa balacera luego de haber abandonado el autobús en el que viajaba en Iguala  (Guerrero, México) para refugiarse en otra unidad.

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Ángel Mundo Francisco es uno de los sobrevivientes de caso Iguala. (Foto Prensa Libre: EFE)
Ángel Mundo Francisco es uno de los sobrevivientes de caso Iguala. (Foto Prensa Libre: EFE)

Minutos después, el vehículo en el que viajaba inicialmente fue detenido por policías y la veintena de estudiantes de la escuela para maestros de Ayotzinapa que había en su interior están desaparecidos.

En una entrevista, Mundo recuerda la noche del 26 de septiembre del 2014 con indignación, tristeza y la certeza absoluta de que la Policía Federal no hizo nada para protegerlos.

“En el transcurso (de los hechos) la Policía Federal andaba movida, muy movida”, asegura el joven, también representante del comité estudiantil de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.


Según Mundo, que viajó a Iguala la tarde del 26 de septiembre del 2014 en uno de los dos autobuses tomados por los estudiantes en Tixtla, sede de la escuela y cercana a Chilpancingo  (capital de Guerrero), los federales ya sabían de su traslado y les dieron “seguimiento con las patrullas”.

Al llegar su autobús hasta la caseta de peaje de Iguala, la Policía Federal obligó a descender a los pasajeros de otras unidades ante el temor de que los estudiantes tomaran dichos vehículos.

Ello finalmente no ocurrió por la presencia de los agentes, pero muestra que la Policía Federal estuvo en otro evento relacionado con la tragedia, señala.

Ya en Iguala, y luego de una serie de altercados en la terminal de autobuses, tres vehículos con jóvenes salieron rumbo al Periférico Norte, y en la calle Juan N. Álvarez fueron por primera vez atacados por policías municipales.

Primeros disparos

“Apenas íbamos a llegar al Zócalo (plaza central) y escuchamos los primeros disparos, pero un compa nos dijo que no nos asustáramos porque eran tiros en el aire”, rememora el joven.

Pero nada más lejos que eso, porque el último autobús de la comitiva empezó a recibir balazos, lo que provocó que muchos de los estudiantes bajaran del vehículo y empezaran a defenderse “solo con piedras y botellas. Era lo que encontrábamos”, asevera.

No obstante, “llegó un punto en que la balacera aumentó”  y fueron a buscar cobijo de nuevo a los vehículos. La puerta del suyo se cerró, y él corrió hasta el primer autobús.

Minutos después una patrulla municipal se les adelantó y tuvo lugar una segunda balacera. “Ahí es donde cae el compañero Aldo (Gutiérrez)”, menciona el joven al hablar de su amigo, de apenas 20 años, que hoy sigue en coma por un balazo en la cabeza.

Los disparos pararon de golpe; un policía apareció con una barra y forzó la puerta del tercer autobús y procedió a bajar a los estudiantes.


Esa noche desaparecieron 43 jóvenes y seis personas murieron, entre ellos tres estudiantes, un crimen perpetrado por policías corruptos y miembros del cartel Guerreros Unidos, quienes asesinaron y quemaron a los alumnos, o parte de ellos, en el basurero de Cocula, según una cuestionada versión oficial.

“Lo único que me preocupaba en ese momento era protegerme de las balas y defendernos. Los sentimientos se esfuman, o te defiendes o puede que te maten”, comenta Mundo, quien siente una gran indignación por lo ocurrido hace 19 meses.

Por ejemplo, explica que cuando esa noche los supervivientes fueron a la Fiscalía estatal para reagruparse, las autoridades ministeriales les lanzaron una pregunta que nunca olvidará: “Y ustedes (los estudiantes) por qué no dispararon también?”.

Agentes se burlan

Desde esa noche Mundo “no puede ver a los policías”  ni a las fuerzas de seguridad de cualquier otra corporación, como los militares.

Según le contaron otros compañeros, estos se “burlaron”  de varios estudiantes heridos por disparos cuando estaban siendo auxiliados en un hospital de la ciudad.

Todos estos datos aparecen recogidos en el segundo y último informe elaborado por el grupo de expertos designados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  (CIDH) para asistir en el caso, en virtud de un acuerdo firmado por esa institución con el Gobierno y familiares de las víctimas.

Luego de un año de investigaciones, los expertos publicaron este documento que ha levantado muchas ampollas en el Ejecutivo porque documenta la posible participación, o tolerancia ante los hechos, de las fuerzas federales y graves inconsistencias en la investigación.

Y es que los miles de fojas que tiene la averiguación previa no han logrado responder algo tan básico como lo que se pregunta este superviviente de una de las peores tragedias de México.

“Hasta la fecha sigo sin saber el porqué”, asevera.