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Elecciones en Estados Unidos: la estrategia de Donald Trump para borrar sus “errores” y pasar al contraataque

A veces parece que hay una telenovela política llena de giros y tramas secundarias que se llama Donald Trump.

Las encuestas muestran que Donald Trump está por debajo de Hillary Clinton en al menos 5% de las preferencias. REUTERS

Las encuestas muestran que Donald Trump está por debajo de Hillary Clinton en al menos 5% de las preferencias. REUTERS

En el último capítulo, hay despidos y contrataciones, palabras que luego son retiradas o explicadas, y un político sin remordimientos intentando disculparse. Casi puede ser inspirador verlo: el intento de recomposición de Donald Trump.

Hasta hace muy poco era el candidato a rienda suelta y sin límites. Ese fue el símbolo de su autenticidad. Había allanado su camino a la nominación presidencial con no ser un político.

Pero ahora sacudido por las encuestas en su contra y tras una serie de “errores”, aparece un giro hacia una figura más presidencial. O eso es lo que se dice.

En primer lugar la llamada “disculpa”.

De la nada, Donald Trump sorprendió recientemente a un grupo de seguidores.

“A veces en el calor del debate… uno no elige las palabras adecuadas o dice algo equivocado. Yo lo he hecho y créanlo o no, lo lamento y lamento en especial cuando puede haber causado dolor”, dijo.

La declaración sorprendió a todos.

Lo que quiso decir era difícil de decir y eso era lo importante. Era la disculpa de un político. No había una lista de personas con las que se disculpara por causarles dolor. Solo un pesar flotando por ahí.

En segundo lugar, está el terreno de juego de los votantes afroestadounidenses.

Hasta ahora no han sido un objetivo de la campaña de Trump. Solo el 2% de ellos dice que va a votar por él, por lo que está pidiendo a cada votante afroestadounidense que lo apoye.

¿Por qué? Dice que sus comunidades están mal y que los demócratas cosechan sus votos pero no hacen nada por mitigar su situación de pobreza y la violencia.

“¿Qué más tienen que perder?”, les dijo. Algunos se crisparon por la generalización que hizo de que sus comunidades son fallidas.

Pero aquí está la pregunta: ¿este llamado es a los afroamericanos?

Lo hizo de frente a un auditorio casi totalmente blanco. ¿Trump realmente está esperando ganar más votos de los afrodescendientes o está tratando de hacerse más aceptable para los votantes blancos?

En tercer lugar está la inmigración.

Trump ha construido su campaña entorno a su promesa de expulsar a los 11 millones de inmigrantes indocumentados y hacer un muro en la frontera con México. En sus mítines, los gritos de “construye el muro” todavía resuenan.

Pero aquí también puede haber un ablandamiento. La promesa de que podría hacer un escuadrón de detenciones podría no llegar a ser luego de quedijo que “la deportación no es ni posible ni humana”.

Luego, con gorra blanca cubriéndole el rostro hasta sus ojos, Trump se convierte en imagen de las inundaciones en Luisiana.

Carga algunos víveres en un camión y tiene suerte con el momento: está con las víctimas de las inundaciones mientras que el presidente Barack Obama está jugando golf.

Es una oportunidad para la foto, pero es lo que los candidatos presidenciales normalmente hacen.

Desde la barrera, su nuevo equipo aplaude.

Ellos declaran que Trump ha disfrutado “la mejor semana de su campaña”.

El presidente del Partido Republicano, Reince Priebus, dice: “Creo que ha sido el mensaje. Ha demostrado madurez como candidato. Creo que está entrando en una etapa. Creo que le gusta el nuevo estilo”.

Sus principales asesores, algunos de los cuales han estado en funciones menos de una semana, no ocultan su estrategia.

El truco consiste en permitir que Donald Trump sea auténtico, que sea él mismo, pero al mismo tiempo un político de sustancia.

Y eso significa que se pega a los guiones y a la lectura del teleprómpter.

La clave del plan es detener la campaña entorno al tono, personalidad y carácter de Donald Trump. Si continuara así, lo que seguiría es que Hillary Clinton gana.

Su partido, del que es el líder de facto, está observando con cierto escepticismo este intento de hacer más presidencial a Trump.

Los más altos cargos de su partido están al borde de abandonarlo. Una nueva serie de pifias u otra recaída en las encuestas y habrá algunos que exigirán que los fondos pasen de la campa de Trump a los candidatos republicanos al Senado y al Congreso.

Es la estrategia defensiva republicana.

Hay factores del lado de Trump. Su mensaje básico es que los obreros estadounidenses y la clase media han quedado atrás de la globalización.

También su mensaje de que el sistema político está amañado contra la gente común lo llevó a ganar votos en las primarias, y puede darle más votos de nuevo.

Su voto duro ha resistido bien en medio de todas las controversias.

Luego están las incógnitas que pueden influir en cualquier campaña: los incidentes, los eventos internacionales.

Su oponente Hillary Clinton tiene un equipo mucho más grande, de 700 personas, y gasta más que la campaña Trump.

Habla a detalle de la creación de puestos de trabajo y la reparación de la infraestructura del país; sin embargo, hay poca emoción entorno a su campaña.

Es como si hubiera fatiga en Clinton.

Y luego está la oportunidad de los debates. El primero de ellos es el 26 de septiembre, que bien puede ser el más visto en la historia de Estados Unidos.

Podría darle la vuelta a la situación de uno u otro candidato.

Por el momento, Trump está quedando atrás por lo menos 5% en la encuesta de encuestas. Ningún candidato en los últimos tiempos se ha recuperado estando así de lejos.

¿Puede Donald Trump venderse a sí mismo como el candidato que está aprendiendo y es maduro?

F. Scott Fitzgerald escribió que “no hay segundos actos en las vidas estadounidenses”.

Muchas personas creen que Trump ya se ha definido a sí mismo, que un intento de hacerse más presidencial suena hueco y más pronto que tarde el intento de disciplinarse caerá.

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