Aunque ambos medios reciben parte de sus fondos públicos a través de la Corporation for Public Broadcasting (CPB), su financiación depende en gran medida de donaciones privadas.
“Ninguna de las dos entidades presenta un retrato justo, preciso o imparcial de la actualidad a los ciudadanos contribuyentes”, dijo Trump.
La decisión forma parte de una política más amplia de reducción del gasto público y de confrontación del presidente republicano con la prensa. Trump mantiene desde hace años una relación tensa con los principales medios del país, a los que ha descrito como “enemigos del pueblo”, salvo contadas excepciones como la cadena conservadora Fox News.
Críticas desde la Casa Blanca
La administración de Trump asegura que NPR y PBS reciben “decenas de millones de dólares cada año” y que su contenido refleja un sesgo ideológico. Como ejemplo, cita que durante seis meses un programa de PBS utilizó el término extrema derecha 162 veces, frente a sólo seis menciones de extrema izquierda.
“NPR y PBS han alimentado el activismo y la propaganda de izquierda con dinero de los contribuyentes, lo cual es inapropiado y un mal uso de los fondos públicos”, afirmó la Casa Blanca.
También se argumenta que, en la era actual de medios digitales y plataformas múltiples, el modelo de financiación estatal ha quedado “obsoleto, innecesario y corrosivo para la independencia periodística”.
¿Qué impacto tendrá?
Aunque el decreto fue firmado, el Congreso ya aprobó el presupuesto de la CPB hasta 2027, lo que deja dudas sobre la aplicación inmediata de la medida.
Según cifras de las propias cadenas, más de 40 millones de personas escuchan NPR semanalmente y 36 millones ven PBS al mes. Katherine Maher, directora de NPR, informó en marzo que se esperaban US$120 millones del CPB en 2025, apenas el 5% del presupuesto de la emisora.
La medida coincide con el cierre de otras agencias de comunicación pública, como la USAGM, que supervisaba la Voz de América y Radio y TV Martí, entre otras.
Organizaciones como Reporteros sin Fronteras han advertido de un “alarmante deterioro de la libertad de prensa” en Estados Unidos.

