De acuerdo con el sitio Gun Violence Archive, en los nueve meses del presente año han ocurrido en ese país 41 mil 923 incidente armados en donde han perdido la vida 10 mil 767 personas.
Además, 22 mil 384 personas han resultado heridas y 489 niños de 0 a 11 años también han perecido en esos incidentes.
El sitio también ha verificado que del total de incidentes, 290 han sido matanzas. La mayor de ellas ocurrida el 12 de junio, cuando un hombre armado con un fusil mató a 49 personas en un club gay de Orlando (Florida) antes de ser abatido por la Policía.
De hecho, el de Orlando el mayor tiroteo múltiple en la historia de los Estados Unidos.
Cada año miles de estadounidenses fallecen por el uso de armas ya sea suicidios, violencia doméstica y balaceras entre pandillas.
En enero pasado, el presidente Barack Obama, para sustentar la tesis de que es necesario implementar mayores controles de armas, comentaba que cientos de miles de estadounidenses han perdido hermanos, hermanas o han enterrado a sus propios hijos. “Somos el único país del primer mundo que permite esta clase de violencia masiva con tanta frecuencia”, afirmó en esa oportunidad en el acto donde presentó una serie de medidas ejecutivas para tratar de ejercer un mayor control
Otros datos
El sitio Gun Violence Archive registra otros datos que reflejan cómo la violencia ha golpeado a los Estados Unidos.
Un ejemplo es que dos mil 289 adolescentes entre 12 y 17 años han muerto y quedado heridos en incidentes armados, 236 oficiales de la Policía que han estado en los hechos han recibido disparos o han muerto. Además, mil 376 sospechosos han sido abatidos.
De los datos que revela el sitio también se deprende que mil 301 muertes se han producido en defensa propia, mil 747 personas perecieron en incidentes armados al irrumpir en propiedad privada y mil 563 perdieron la vida por disparos accidentales.
Control de armas
Las medidas que presentó Obama en enero para ejercer un mayor control sobre la tenencia y control de armas incluyen entre otras disposiciones, el que todos los vendedores deben tener licencia y llevar a cabo control de antecedentes.
Sin embargo, las medidas parecen no ser suficientes para garantizar la disminución de los homicidios.
Un control más estricto para la compra y tenencia de las armas debe ser aprobado por el Congreso, pero muchos legisladores y la Asociación Nacional del Rifle apelan a la Segunda Enmienda a la Constitución, que garantiza el derecho de poseer un arma de fuego a cualquier ciudadano, y rechazan cualquier cambio.
Se calcula que en EE. UU. circulan entre 270 a 310 millones de armas de fuego. Un estudio del 2013 del Pew Research Center reveló que en el 37% de los hogares había un adulto en posesión de un arma de fuego.
El 74 de los poseedores de un arma son hombres y el 82 son hombres blancos.
Miedo generalizado
La amenaza terrorista ha disparado las alarmas en Estados Unidos después que se ha revelado que varios de los autores de balaceras han mostrado su simpatía con grupos terroristas. Psicólogos coinciden en que el exponerse a esa información prácticamente a diario causa estragos en la salud mental.
El doctor Merritt Schreiber, profesor de psicología de la universidad UC Irvine, en una entrevista con la agencia AFP explicó que “está científicamente comprobado que pasar demasiado tiempo mirando este tipo de incidentes por televisión aumenta la ansiedad, tanto en los adultos como en los niños”.
Esto se traduce en una hipervigilancia y un estado de alerta permanente que llega a veces a la paranoia, como el miedo a sentarse en un restaurante de espaldas a la puerta.
Estos ciclos de violencia que se repiten “perpetúan el miedo y pueden crear divisiones entre nosotros, y los otros”, explicó a la misma agencia Eric Bergemann, psicólogo de Los Ángeles.
“Cuando se escucha hablar constantemente en los medios de cosas que no podemos controlar la gente elige una batalla contra el grupo X, Y o Z para tener la impresión de que hace algo, como cuando dice combatamos a los musulmanes”, destacó.
Bergemann cuenta que sus pacientes le dicen: “Deseo hacer esto, pero tengo miedo de ir a un lugar público, a un sitio que podría ser un buen lugar para perpetrar un atentado”.
En las oficinas, los empleados están informados de los procedimientos a seguir en caso de que llegue un atacante. “Hay tres opciones: huir, esconderse o combatir”, se lee en las instrucciones de un edificio en Los Ángeles.
Además, muchas escuelas organizan “simulacros de tiroteos”, en el curso de los cuales los niños aprenden a esconderse en caso de que aparezca un intruso armado.
“Los niños de California hacen simulacros en caso de terremotos y ahora crecen con la idea de que estas masacres son normales. Eso les priva del sentimiento de seguridad”, destaca Catie Mogil, psicóloga infantil que enseña en la universidad UCLA.
Para ella, estos pequeños podrían convertirse en una generación de adultos hiperangustiados, como los hijos de los militares.
Los síntomas que sufren son similares a los padecidos por militares que, durante años y a veces a lo largo de todas sus vidas, son víctimas de reminiscencias de las atrocidades del combate y otros problemas psicológicos.